Dos crisis parecidas, una llevó al cepo (2011) y la otra al FMI (2018)
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Fue en aquel contexto en el que entraron en vigencia los cepos, una referencia extremadamente útil para saber lo que NO hay que hacer. En lugar de solucionarse el problema externo, hubo implosión de las exportaciones, que pasaron de 83,0 a 56,8 mil millones de dólares entre 2011 y 2015. Tampoco se detuvo la sangría de reservas, que terminaron 2015 en terreno negativo.
Con déficits gemelos de mucho mayor magnitud en 2018, la crisis de confianza que empezó a sufrir la Argentina dejó pocas alternativas. O un ajuste digitado por el mercado, o un ajuste sincronizado, con reducción más rápida del déficit fiscal, que conlleva la posibilidad de una baja significativa del riesgo país en próximos trimestres, lo que permitiría que la inversión privada pueda compensar el gasto público. Aspirar a tener beneficios derivados de los costos a incurrir.
El gobierno se adelantó al nuevo escenario cuando recortó la meta de déficit primario, de 3,2 % a 2,7 % del PIB para 2018, pero ahora tendrá hacer otro tanto para 2019. Además, nuevas restricciones fiscales pueden surgir por la forma diferente que tiene el FMI de contabilizar programas como los PPP. El Pacto Fiscal firmado en 2017 serviría para guiar los compromisos asumidos por las provincias en materia de gasto y déficit, pero la superposición de partidas con la Nación (dos presupuestos para un mismo fin) estará seguro bajo la lupa. Sin nuevas leyes, el sistema jubilatorio no podría sufrir demasiados cambios, pero el funcionamiento de los organismos vinculados podría ser optimizado.
La palabra ajuste suele utilizarse como sinónimo de recesión, pero ese diccionario es válido cuando el crecimiento descansa exclusivamente en el gasto público. Lo que tiene de novedoso esta crisis es que el sector privado ya había comenzado a dar señales de recuperación, tanto en la inversión como en las exportaciones, caso de la industria que abastece al mercado brasileño. Pues bien, la economía "en modo FMI" puede dinamizar ese movimiento incipiente.
Cabe esperar que el tipo de cambio real sea más atractivo para los exportadores, lo que podría impactar en las economías regionales, que presentan un cuadro heterogéneo, ya que 17 sectores cubiertos por el Monitor IERAL, 9 están aumentado sus ventas al exterior en 2018, pero 8 permanecen en terreno negativo.
Con un tipo de cambio más alto, el consumo seguirá siendo la variable menos dinámica, pero la inflación podría comenzar a desacelerarse luego de un pico de dos o tres meses: la emisión monetaria tendrá menores requerimientos de origen fiscal.
Respecto del empleo, si bien la obra pública perderá dinamismo, cabe esperar que se abarate el costo en dólares de la construcción privada, un fenómeno compensador que sería reforzado si la inflación desacelera y los créditos indexados vuelven a ser atractivos. En otro sector de gran significación, como es el del turismo, el movimiento sería análogo, ya que un dólar más alto significa más demanda local del servicio, por menos argentinos que salen al exterior y más extranjeros que encuentran conveniente viajar a la Argentina. La transición no habrá de ser sencilla ni exenta de dificultades, pero ya sabemos que la otra opción, la de los cepos, no llevó a ningún lado.
*Vicepresidente de la Fundación Mediterránea.




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