Duhalde hizo su propia campaña
En la cosecha retórica que realizó Eduardo Duhalde en Brasilia, ayer, hubo un fruto imposible de conquistar. Luiz Inácio Lula Da Silva no se pronunció en favor de Néstor Kirchner en la interna peronista. Ni siquiera habló de lo ventajoso que sería para el Mercosur que haya en la Argentina un gobierno "productivista". El sueño de José Pampuro y Juan Carlos Mazzón, empeñados en bañar en izquierdismo al candidato oficial, se frustró. En parte porque Carlos Ruckauf está en contra de la candidatura de Kirchner y fue poco convincente en la sugerencia. Pero lo determinante fue una instrucción de Itamaraty a su presidente: "No entrometerse en política interior de los vecinos". Lula se limitó a decir que "ojalá los argentinos elijan el mejor gobierno para ellos". Corrigió anteriores expresiones anti-Menem y dejó en claro que para él el futuro argentino no está tan claro como lo pinta Duhalde, quien ayer proclamó a Kirchner como el próximo presidente.
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Como si mimetizándose con Lula, lograra el objetivo de conseguir adhesiones para su candidato, Duhalde utilizó el encuentro para cuestionar las políticas neoliberales, aplicadas en la región durante la década del '90. «Hace un tiempo nos dijeron -dijo Duhalde- que si aplicábamos las políticas del Consenso de Washington nuestros países crecerían y se derramaría riqueza sobre los más desposeídos», expuso Duhalde.
Agregó: «La realidad fue otra: no fue riqueza sino pobreza lo que se derramó y ahora estamos como podemos. Pero hay una reacción de nuestros pueblos que dicen a aquellos países que han diseñado estas políticas globales que, sin justicia social, esto no funciona».
También dijo que el mandatario brasileño representa «el modelo de producción y justicia social que se está imponiendo en toda América latina». En ese contexto, Duhalde dijo durante una charla con periodistas: «Lula me preguntó quién será el próximo presidente de la Argentina y yo le dije: Kirchner», como si el gobernador santacruceño pudiera convertirse en el Lula argentino.
Tras estas palabras del mandatario brasileño, Duhalde saltó de su asiento y propuso un brindis general. Poco después dijo «yo ya me estoy yendo de la presidencia de la Argentina», casi dejando al descubierto que él mismo quisiera ser el Lula argentino, pero consciente de que ya no le es posible, y probablemente tampoco lo sea para su candidato.




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