13 de noviembre 2002 - 00:00

Duhalde ordenará hoy pagar a Banco Mundial

Ayer el gobierno logró un importante avance en las negociaciones con el FMI. Serían inminentes -probablemente mañana al mediodía-el anuncio del acuerdo sobre cinco puntos que son la base de la carta de intención y el envío de una misión negociadora al país para redactar los términos del nuevo entendimiento. Para evitar el default con el Banco Mundial, mañana la Argentina pagará con reservas los u$s 805 millones que vencen. No es grave: esto al mismo tiempo da luz verde al desembolso de un crédito que el mismo Banco Mundial tiene previsto para el plan Jefas y Jefes por u$s 600 millones. Hoy el ministro Roberto Lavagna se entrevistará con Anoop Singh (director del Hemisferio Occidental) para definir los últimos temas pendientes.

Eduardo Duhalde ayer confirmó a sus colaboradores que evitará el default con el Mundial. Hoy lo advierte a Lavagna.
Eduardo Duhalde ayer confirmó a sus colaboradores que evitará el default con el Mundial. Hoy lo advierte a Lavagna.
Eduardo Duhalde le dará a Roberto Lavagna la orden definitiva durante el día de hoy, por más que el ministro sabe que no hay opción: la Argentina cumplirá con la deuda por u$s 808 millones que tiene con el Banco Mundial y que vence mañana. Aún así, en el Ministerio de Economía se mantenía anoche la duda sobre la conducta a seguir.

El Presidente, con independencia de la opinión de su subordinado, resolvió que el país no entrará en default. ¿Qué podría modificar esta determinación que Duhalde adoptó hace una semana? Sólo un desaire estridente de los negociadores del Fondo Monetario Internacional que recibirán a Lavagna hoy en Washington. Pero eso no ocurrirá, entre otras cosas porque para Anne Krueger y Anoop Singh, los interlocutores del ministro, esta visita es de rutina. Más aún, para Krueger es casi innecesaria.

Duhalde tomó la decisión y se la hizo saber a varios integrantes del gobierno -entre otros al presidente del Banco Central, Aldo Pignanelli, ayer- sobre la base de varios criterios. Entre ellos, uno determinante: si la Argentina entra en cesación de pagos con el Banco Mundial esa entidad rechazará un pedido de u$s 600 millones que se destinarán a fortalecer el Plan Jefas y Jefes de Hogar. En el directorio de esa entidad la aprobación de ese préstamo ya tiene fecha para el próximo 19. Si el país no está con sus cuentas al día, debería presentarse un pedido de postergación en el tratamiento del caso y los desembolsos, en el mejor escenario, se producirían recién en enero.

Estas limitaciones decidieron a Duhalde: todo el mundo sabe que el programa de asistencia a los desocupados es la niña de los ojos del mandatario y de su esposa Chiche, quienes piensan en pasar a la historia como los autores de la política de asistencia social más ambiciosa que jamás se haya realizado, si se la mira desde el punto de vista cuantitativo. Además Duhalde tuvo ayer sobre su mesa un informe técnico contundente: ninguna táctica que no sea el pago completo de la deuda evitaría las sanciones; ni el cumplimiento parcial que pretendía Lavagna ni el depósito en el Banco de Basilea, a cuenta de un acuerdo con el Fondo, que había recomendado Mario Blejer.

• Imagen

Por detrás de estas consideraciones, el Presidente tuvo en cuenta otros factores de carácter político. El más obvio es que la noticia de un default con los organismos multilaterales de crédito arruinaría de manera definitiva las tratativas con el Fondo Monetario Internacional y, entonces, dañaría la imagen de normalización del país que Duhalde cultiva para su gestión. El acuerdo con el Fondo, que al comienzo era una opción discutible en el seno del gobierno, se fue convirtiendo con el tiempo, y hasta por fuerza de la inercia negociadora, en un objetivo estratégico de la administración.

Duhalde entendió esto último con más convicción que su ministro. Recién llegado desde Washington, el lunes de la semana anterior, Lavagna informó a su jefe que de las discusiones con Horst Köhler y Krueger no se desprendía que el acuerdo sería inminente. Por lo tanto, había que considerar -siempre según Lavagna- la alternativa de no pagar el vencimiento de este jueves y seguir negociando hasta que el éxito se mostrara más probable. «Las penalidades no son inmediatas. Con el Banco Mundial comenzarán a correr los plazos del default, que contemplan un anuncio oficial del incumplimiento dentro de 180 días. Para esa altura es casi seguro que el acuerdo con el Fondo estará firmado», le dijo el ministro a Duhalde. En el medio, se abrirían algunos grises, como el de un pago parcial en señal de buena voluntad, que las autoridades del Central califican de «payasada».

El Presidente, como suele hacer, escuchó otras campanas. Pignanelli, igual que Alfredo Atanasof y Eduardo Amadeo, le hicieron notar que la cesación de pagos sería una noticia demasiado gravosa, inclusive en la pelea interna con Carlos Menem. Duhalde releyó cuidadosamente la solicitada que publicó el ex presidente, en la que profetizaba que el default era casi inevitable. Pero la balanza se inclinó definitivamente cuando le informaron que el Plan Jefas y Jefes, sin naufragar, no tendría la dotación de recursos que el gobierno piensa asignarle para los que serían los últimos cinco meses de gestión. También aquí se acerca la economía a la interna contra Menem.

• Refundación

Hay otro criterio que pesó en la resolución adoptada por Duhalde: a diferencia de Lavagna, él cree que el acuerdo es casi inevitable. En cambio, el ministro de Economía sigue sin descartar del todo la tesis con la que sorprendió al secretario del Tesoro, Paul O'Neill. Según el titular del Palacio de Hacienda, la ruptura entre el Fondo y la Argentina forma parte de un plan deliberado de la Krueger. Según Lavagna, ella habría adoptado el caso argentino como el primero de una larga serie de «quiebras de países», fenómeno que obligaría a reformar la carta orgánica del Fondo, con lo que la delegada de Estados Unidos se convertiría en una especie de refundadora de la institución (además del impacto que la categoría de «países en quiebra» tendría en el mercado de bonos, que se interesaría más que nunca en emprender un «flight to quality» hacia los papeles norteamericanos). Lavagna expuso minuciosamente su sospecha frente a O'Neill, quien diagnosticó, según cuenta con humildad y gracia, el ministro: «Es un disparate».

Despejado de esas presunciones, Duhalde dispuso el pago convencido de que en un mes habrá acuerdo. Y siguió trabajando para ese objetivo. Sin ir más lejos, ayer negoció personalmente con los legisladores que no aprueben una ley que reponga plazos para las ejecuciones hipotecarias. Es uno de los trofeos que Lavagna llevó a Washington. Conquista innecesaria porque las autoridades del Fondo están al tanto de esa discusión minuto a minuto: Singh envió una misión jurídica que desde el lunes sigue la negociación con los bancos y que expondrá sus resultados mañana.

Las demás condiciones que deben satisfacerse para que alumbre el acuerdo son de resolución más lenta, entre ellas la recomposición de tarifas de servicios públicos, que será definida una vez que se realicen las audiencias públicas previstas por ley (ni Duhalde ni las empresas involucradas quieren todavía que el tema se resuelva por decreto). La modestia de los avances explica la pregunta que Krueger le formuló a Pignanelli, el martes, en México: «¿A qué viaja Lavagna a Washington? Yo le recomendé que esperara un poco antes de venir de nuevo» (como buena profesora universitaria, es decir, mujer que ha sobrevivido en una caldera de pasiones durante años, la doctora Krueger se divierte desde hace tiempo con la inquina que se dispensan el ministro y el titular del Central).

La respuesta a la pregunta de la directora del Fondo es bastante obvia. Lavagna debió viajar para poder decir a su regreso que consiguió algo, aunque más no sea un gesto, que lo hizo cambiar de posición. No será una carta de intención definitiva, ni siquiera un memorándum técnico; tal vez deba conformarse con un comunicado conjunto o, menos que eso, con una declaración oficial del Fondo donde se afirme que las negociaciones son auspiciosas. Una señal que atenúe la dimensión de su error: hace un par de meses Lavagna afirmó que sin un acuerdo definitivo no se pagarían los vencimientos de noviembre. Supuso que de ese modo urgiría a sus interlocutores a firmar con menos exigencias. Su presión se desdibujó como un gesto estéril. Es lo que Anne Krueger quiere hacer notar desde que conoció aquella amenaza.

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