Duro discurso del campo ante la multitud que se convocó en Rosario
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Una gran diferencia con respecto a hace dos meses es la mayor unidad entre las distintas entidades. A pesar de que el paro agropecuario se inició como una lucha conjunta contra una medida que consideraban abusiva (las retenciones móviles), no era secreto la poca sintonía que existía entre los productores de la FAA y la SRA.
Sin embargo, ayer un cartel reflejaba el sentimiento que reina hoy en día entre las diferentes entidades: «Gracias Presidenta por unirnos». Esto no sólo se tradujo en pancartas, sino también en el recibimiento que tuvo Miguens, quien terminó alineándose con las entidades más radicales al señalar que la paciencia del productor se estaba agotando y que «no hay margen para la mezquindad política. Nos deben a todos una respuesta».
El presidente de la Federación Agraria Argentina, Eduardo Buzzi, fue el designado para cerrar la convocatoria. Con un lenguaje simple pero directo tiró los dardos más explosivos contra el gobierno, respondiendo así al pedido del público, que lo recibió al grito de «y pegue, y pegue, y pegue Buzzi pegue». Además de acusar a los Kirchner de favorecer a la aceitera del senador Roberto Urquía y de afirmar que «este gobierno es un obstáculo para el desarrollo del país», Buzzi declaró una guerra sin cuartel contra el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner al afirmar que «ésta es una lucha con un solo camino posible: ganar o ganar».
La sensación final entre los productores era de asombro ante la concurrencia, que algunos comparaban con el acto llevado a cabo por el ex presidente Raúl Alfonsín en 1983. Incluso, los más radicalizados señalaban que esta vez no importaría lo que se opinaba en la Capital Federal, porque el interior demostró estar unido y exigía reanudar el paro agropecuario cuanto antes, sin importarle las consecuencias, hasta que «Cristina recapacite y vuelva atrás con las retenciones móviles».
Pocas horas después de finalizado uno de los mayores actos políticos desde la restauración de la democracia, los ruralistas abandonaron la ciudad de Rosario que, desde el jueves, tenía todas sus plazas hoteleras ocupadas.
* Enviado especial a Santa Fe




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