«Los controles de precios son contraproducentes porque retardan la respuesta de la oferta y promueven el desarrollo de mercados paralelos. Por su parte, los impuestos a las exportaciones -como las retenciones- afectan a los productores domésticos, agravando el alza de los precios internacionales y van en contra de nuevas inversiones.» Esta es la conclusión a la que llegó el Comité Latinoamericano de Asuntos Financieros (CLAAF), en su última declaración ayer.
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De esta forma, esta organización, constituida hace 8 años en Brasil por un grupo de economistas, admitió que políticas como las que está aplicando el gobierno argentino con gran convicción llevan a problemas económicos de largo plazo más que a la sustentabilidad en el crecimiento.
En su publicación, la CLAAF, en la que participan por la Argentina Pablo Guidotti, Roque Fernández y Guillermo Calvo, se dedica a analizar cómo la inflación internacional está afectando a las naciones de América latina, aunque ésta haya sido desencadenada por la crisis subprime en Estados Unidos y por la consecuente inyección de liquidez que llevaron a cabo los bancos centrales, o por la gran demanda de alimentos por parte de las economías asiáticas.
Hasta mediados de 2007 los países de América latina, salvo los que conforman Centroamérica y el Caribe, se mantuvieron inmunes ante los distintos shocks que afectaban a la economía mundial. Según el documento de la CLAAF, en primer lugar se vieron salvados del contagio de la crisis financiera, principalmente por su escaso desarrollo y sofisticación. En segundo lugar, la mayoría de los países de la región evidenciaron una importante mejora en sus términos de intercambio, en parte por la depreciación del dólar estadounidense que canalizó las inversiones hacia las materias primas. Sin embargo, este panorama positivo se comenzó a nublar a partir de mediados de 2007, cuando comenzaron a aparecer las presiones inflacionarias.
Advertencia
Más allá de este razonamiento, el documento advierte que lo más importante de este contexto es que los altos precios en los alimentos afectan principalmente a los sectores de bajos y medianos ingresos, cuyo consumo se centra en este tipo de bienes de primera necesidad. Y la consecuencia directa es un incremento de la pobreza.
Además, las perspectivas son aún peores para las naciones de América latina que importan commodities y que aplican políticas económicas poco recomendables como las que utiliza la Argentina: retenciones a las exportaciones y controles de precios. Por eso, la CLAAF recomienda que «la superación de la pobreza debe ser tratada a través de programas focalizados que consideren explícitamente el presupuesto público y que sean diseñados para maximizar el impacto de las transferencias en los sectores afectados directamente».
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