EE.UU. acelera la liberación del comercio
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Esta propuesta norteamericana -radical por cierto- procura devolver a las conversaciones de Doha el dinamismo perdido, y complementa a la que ya presentaran para el sector de los productos agrícolas, donde la idea es que las tarifas -que hoy son bastante más elevadas que las de los productos industriales (desde que mundialmente están en un promedio de 62%) se reduzcan a 15% en un plazo de cinco años. Mientras, en paralelo, se eliminan los subsidios en un plazo de, también, cinco años.
De tener éxito, los Estados Unidos liberarían unos 18 billones de dólares que hoy sus consumidores pagan en concepto de aranceles de importación de productos industriales, cuyas tarifas promedian 5% (el promedio mundial, recordamos, es del orden de 40%). Aranceles que, no obstante, aumentan en casos específicos -como el de la indumentaria, las valijas o los productos de cuero- hasta niveles de 20%. Estos son los llamados «peaks» arancelarios, especialmente destructivos.
Nada se dice, sin embargo, al menos por ahora, acerca de un capítulo que no puede quedar excluido de las conversaciones. El de los derechos antidumping o compensatorios, a través de los cuales los productores norteamericanos suelen obtener protecciones arancelarias efectivas bastante más altas, desde que trepan hasta 30% en algunos casos.
El nuevo director general de la OMC, Supachi Pnichpakdi, reaccionó de inmediato, señalando que la propuesta comentada luce «poco realista». Porque son precisamente los países menos desarrollados, como el Brasil o la India, los que deberían tener que adaptarse más rápidamente. Porque son ellos los que hoy tienen las barreras tarifarias más altas.
La única forma de lograrlo sería, presumiblemente, que la dinámica de reducción de tarifas incluya, desde el vamos, las que azotan a los exportadores de productos del agro. Sería sólo equitativo. Y, seamos realistas, de no ocurrir esto, las negociaciones de Doha tienen realmente poco margen para el éxito.
• Coincidencia
La ofensiva en pro de liberar el comercio internacional, de la que parece formar parte la nueva propuesta norteamericana, está en línea con la visión que hoy tienen los organismos multilaterales de crédito. Que es pública.
En efecto, el FMI y el Banco Mundial, en sus respectivas recientes asambleas anuales, presentaron un informe conjunto en el que abogaron -sin eufemismos- por que los países ricos permitan rápidamente el acceso a sus mercados a los productos del mundo en desarrollo dejando de lado su dañino proteccionismo cuando de los productos del agro se trata. Proteccionismo que, reconocieron, daña enormemente a los países de menores ingresos.
• Subsidio
Nicholas Stern, economista jefe del Banco Mundial, puntualizó específicamente que los países de la OECD, dedicaron -en 2001- más de 230 billones de dólares a subsidiar a sus sectores agropecuarios. De ellos, más de 93 billones fueron gastados por la Unión Europea, unos 49 billones por los Estados Unidos, 47 billones por Japón y algo más de 16 billones por Corea del Sur.
Cada vaca europea recibe, entonces, por día, unos 2,5 dólares en subsidios. Las vacas japonesas, peor, reciben alrededor de 7 dólares diarios.
Mientras tanto, en el Africa subsahariana, 75% de las personas, incluyendo mujeres y niños, vive con menos de 2 dólares diarios. Escandaloso, por cierto.
Si los subsidios se eliminan, los países en desarrollo ganarían, en muy pocos años, unos 500 billones de dólares anuales de nuevos ingresos. Diez veces más, en consecuencia, que la «asistencia económica» total que hoy reciben de los países industrializados. De allí que el resultado de la Rueda de Doha de la OMC sea vital para el futuro de los países de menores ingresos. Entre ellos, nosotros.
Si la Rueda en curso no incluye (i) el desarme automático de los subsidios al sector agrícola que pagan los países ricos, y (ii) la liberación del comercio de los productos de los sectores textil y de la indumentaria, fracasará. Irremisiblemente.
Porque en ausencia de reciprocidad y a la vista del daño ya acumulado sobre el mundo en desarrollo desde 1964, difícilmente se pueda pensar en alcanzar ningún consenso. Porque sería mantener -hipócritamente- un estado de cosas inaceptable.
(*) Embajador. Ex representante permanente de la República Argentina ante la ONU. Presidente electo de la International Bar Association.




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