28 de agosto 2002 - 00:00

EE.UU. quiere eliminar proteccionismo agrícola

Robert Zoellick, el representante comercial de los Estados Unidos, acaba de dar a conocer oficialmente la posición que su país sostendrá próximamente en la Organización Mundial del Comercio (OMC) respecto del proteccionismo agrícola.

Ella parece haber pasado casi inadvertida en nuestro país. Pese a la enorme trascendencia que tiene esta cuestión que nos ha postergado económica y socialmente por décadas. Desde 1964, en rigor, cuando la Vieja Europa pusiera en marcha su devastadora «política agrícola común», insensible al daño que ella pudiera causar más allá de sus fronteras. Ocurre que estamos -otra vez- sumergidos en una tremenda (aunque explicable) ansiedad por el presente. Lo que parece no dejarnos demasiado espacio para pensar en cuestiones que están más allá de mañana mismo.

Los productos del agro tienen hoy, en promedio, un escandaloso nivel arancelario mundial de 62%. Además, el comercio internacional de esos productos está profundamente distorsionado por todo tipo de subsidios. Lo que efectivamente los sustrae de los flujos normales, absolutamente alterados por el proteccionismo.

Esta realidad ha generado ganadores y perdedores. En el caso particular de la República Argentina, el proteccionismo agrícola ha coadyuvado a la caída que culminó en la catástrofe económico-social que nos conmueve.

• Posición norteamericana

Pese al aumento sustancial de su propio proteccionismo agrícola dispuesto, hace escasas semanas, por el Congreso norteamericano -presumiblemente como parte de una estrategia respecto de Europa y Japón- los Estados Unidos adoptarán en la OMC una posición dura, que apunta a eliminar del mapa el proteccionismo agrícola.

La idea norteamericana es progresar en dos tiempos.

En una primera fase, que duraría cinco años, se reducirían -sustancialmente- todos los aranceles y las medidas distorsivas de efecto equivalente. A partir de 2006. La segunda etapa apuntaría a eliminarlas totalmente, con un calendario más largo a ser acordado en el seno de la OMC.

En materia de aranceles, la idea es disminuirlos progresivamente, comenzando con los más altos. De manera que ellos, en promedio, no excedan 25%. Hoy el promedio norteamericano es de 12%; el surcoreano, de 66%; el japonés, de 51%, y el de la Unión Europea, de 31%. Tremendo. Si la referida propuesta norteamericana prosperara, esos promedios caerían, en cambio, a 5%, 13%, 8%, y 9%, respectivamente.

Respecto de los subsidios a la exportación -instrumento éste predilecto de los europeos que dedican a él unos 2 billones de dólares por año-, la iniciativa sugiere eliminarlos en cinco años. Desaparecerían así -por ejemplo-subsidios que (en Europa) hoy equivalen a 92% de las exportaciones de carne, a 60% de las exportaciones de arroz, y a 75% de las exportaciones de trigo.

En el plano de las medidas proteccionistas de corte doméstico, la propuesta supone eliminar las «azules» (las evidentes en una cadencia (que debiera ser automática) también de cinco años. Hasta alcanzar un «techo» que no debe nunca superar 5% del valor de la producción agrícola de quien subsidia. Los subsidios «verdes» (esto es, los no ostensibles, como podrían ser las «ayudas» a los productores locales frente a emergencias climáticas o caídas de los precios internacionales) serían también eliminados. Esto, a su vez, importaría hacer desaparecer unos 100 billones de dólares de subsidios. La Unión Europea caería de 67 billones de dólares anuales, a sólo 12 billones; los propios Estados, Unidos de unos 19 billones de dólares, a 10 billones; y Japón, de los 30 billones de dólares actuales, a unos 4 billones de dólares. De prosperar lo propuesto, el nivel distorsivo sería fundamentalmente distinto.

• «Paquete»

La iniciativa norteamericana propone negociar los aludidos tres capítulos centrales del proteccionismo en conjunto. Como todo o nada.

Y anuncia que si ella no prospera, no habrá avances en ningún plano en la OMC. O se avanza entonces simultáneamente en los tres frentes y se desarma el proteccionismo que ha lastimado a la producción agropecuaria del mundo en desarrollo (que es quien ha venido de algún modo pagando el «bienestar» de los agricultores europeos) o la «rueda del desarrollo» termina en el fracaso.

La identidad de la propuesta con los países que (como el nuestro) pertenecen al Grupo de Cairns es significativa. Y no debería pasarse por alto ni mantenerse en el silencio.

Porque así parecieran sugerirlo fuertes razones estratégicas. Es probable que la fuerza negociadora del mundo en desarrollo en la OMC se potencie si se apoya lo sustancial de la iniciativa norteamericana. Más allá de las diferencias que seguramente existirán en algunos capítulos del universo del comercio internacional de los productos del campo. Porque «el Diablo» está siempre en los «detalles». Esto es, sin perjuicio de las disposiciones que la táctica aconseje en cada caso particular, a medida que se active el diálogo multilateral.

Es obvio que quienes -en definitiva- son los causantes directos del desastre provocado «extramuros» por el proteccionismo doméstico que edificaron sin reparar en los daños que causarían a terceros tienen -cuanto menos- esa responsabilidad común.

(*) Embajador. Ex representante permanente de la República Argentina ante la ONU.

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