El gobierno del día después
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El deterioro al que han expuesto al país nuestros actuales dirigentes es terrible; han multiplicado la pobreza, el delito, la inseguridad y el hambre. Han triplicado el número de cartoneros, han duplicado el número de desocupados, han retrotraído el PBI a niveles de hace 10 años y han hecho crecer fuertemente la violencia y el caos social.
¿Cuanto tiempo más pensó el gobierno que podrían realizarse cortes de rutas y de calles, manifestaciones de gente armada con palos, bombas molotov, martillos y hasta con armas de fuego, arremetiendo contra todo lo que encontraban a su paso, incendiando, saqueando y destrozando todo, y enfrentándose violentamente con las fuerzas de seguridad sin que hubiera finalmente heridos o muertos entre los manifestantes? ¿Qué hizo para evitar que el conflicto se agravara?
¿Cuánto tiempo más piensa el gobierno que puede sostenerse la instalación de puestos de peaje clandestinos en rutas nacionales y provinciales donde los bloqueadores cobran a los ciudadanos por cruzar las barreras, bajo apercibimiento de detenerlos, golpearlos, destrozar sus autos o privarlos de sus bienes, sin que ocurra una nueva tragedia?
¿Cuánto cree el gobierno que puede negociar de buena fe con violentos que ocultan sus caras detrás de máscaras y pasamontañas para destrozar, agredir, golpear, saquear y realizar sus actos detrás de mujeres y niños -y ahora estudiantes- a los que exponen como escudos humanos en sus actos de violencia?
¿Cuánto tiempo más pensó el gobierno que podría convivir con la muerte diaria de policías baleados y ejecutados a mansalva sin que los mejores integrantes de la fuerza se sintieran desalentados y abandonados, dejando el lugar protagónico a aquellos efectivos violentos que se manejan con las actitudes de los delincuentes, y constituyen lo peor de la institución? ¿Qué medidas preventivas tomó para bajar el nivel de indignación por la impunidad, para tranquilizar y respaldar a los efectivos honestos, o para depurar y seleccionar a los que están en mejores condiciones de enfrentar este tipo de acciones extremas de alto riesgo sin perder el control, y expulsar de la fuerza a los violentos y corruptos?
¿Qué creyó el gobierno que iba a ocurrir cuando entregó a organizaciones rebeldes que han declarado públicamente que no creen en la democracia, que no votan hace más de cinco años, y que no respetarán la voluntad popular, el manejo de una porción sustancial de los planes asistenciales para que con ellos financiaran sus crecientes protestas y actos de insurrección? ¿Cómo puede el gobierno utilizar sistemas de ayuda social para aumentar la violencia?
¿Cómo creyó el gobierno que iba a reaccionar la economía y el sistema financiero cuando dispuso una irresponsable devaluación con pesificación asimétrica, y destruyó el crédito, privilegiando los negocios e intereses de unos pocos, y destrozando el aparato productivo nacional, y pulverizando el empleo? ¿Qué pensó que ocurriría con el sistema financiero al generar y promover un enfrentamiento salvaje entre ahorristas y bancos?
¿Cuánto tiempo pensó el Presidente que podía perpetuarse en el poder y construir una salida electoral para su esposa en la provincia de Buenos Aires sin tener que verse forzado por su fracaso a llamar abruptamente a elecciones, mientras el país se le caía a pedazos?
¿Qué consecuencias piensa el gobierno que va generar la designación de un ministro de Seguridad en la provincia más importante del país con el objeto principal de «... garantizar el derecho a la protesta... y a manifestar...», cuando los ciudadanos que trabajan y no manifiestan ni protestan no pueden siquiera salir a la calle para ir a trabajar por falta de la más mínima seguridad?
¿Qué creía el gobierno que nos respondería el FMI frente al pedido de asistencia crediticia cuando después de seis meses de estar en el poder no se tiene plan económico ni plan monetario, y se burlaron todas las recomendaciones del ente?
Crisis, en el ideograma chino, se representa por un signo que es una combinación de «peligro» y «oportunidad». Para el gobierno, lamentablemente, «crisis» parece sólo representar «peligro»; y no ha hecho, hasta hoy, nada por mitigarlo, ni para agregarle el otro concepto (oportunidad). Se actúa sobre el pasado intentando borrar las consecuencias de un irresponsable accionar, y se obstruye toda posibilidad para la anidación de un cambio económico y social. En cierta forma, ello confirma que estamos frente a un «gobierno del día después».
(*) Especialista en crisis y coautor de la Ley de Quiebras 24.522.




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