El impacto de la salida de Palocci sobre la política

Economía

La salida de Antonio Palocci del Ministerio de Hacienda de Brasil tiene una repercusión sobre la política de ese país que no debería suponerse en el reemplazo de otro integrante del gabinete de Luiz Inácio Lula da Silva. No sólo porque este desplazamiento se produce cuando ya la vida pública del país está totalmente dominada por el factor electoral. También porque Palocci fue, en los últimos meses, gestor principal de la trama específicamente política del gobierno Lula.

Conviene, entonces, considerar algunos rasgos de esta salida no sólo para comprender su impacto sobre la vida económica, sino también sobre el juego de poder que hoy está abierto en Brasil:

• A diferencia de otros ministros de su área (el caso de Pedro Malan, por ejemplo), Palocci fue durante su paso por el gabinete brasileño un operador político de relieve. Con su renuncia, Lula pierde un puente importante con la oposición y, sobre todo, un gestor parlamentario. No son carencias insignificantes, sobre todo si se recuerda que ya el mandatario perdió otro gerente clave en ese campo cuando debió dimitir, también en medio de un escándalo de corrupción, el jefe de la Casa Civil José Dirceu. A tal punto fueron brazos políticos del presidente, que ambos se insinuaron en su apogeo como eventuales candidatos a la presidencia del país. Palocci y Dirceu exageraron en su momento que pensaban distinto para disimular que querían lo mismo. A los dos les tocó despertar de ese sueño de mala manera.

• La asociación del ministro que dejó su cargo ayer con Dirceu está estimulada no sólo en esta similitud. También ambos dirigentes se convertirán en el sinónimo de alboroto y corruptela. El caso de Palocci es el menos propicio: estalla cuando el PT fantaseaba con una campaña electoral más equilibrada, aunque nunca pudiera olvidarse del todo la crisis del «mensalão», es decir, de los sobornos distribuidos en el Congreso para alcanzar más rápidamente la formación de una mayoría.

• La salida del ministro impidió ayer a las cabezas coronadas del oficialismo festejar el escándalo que también envuelve a Geraldo Alckmin, el gobernador del estado de San Pablo. A Alckmin también se lo acusa de un « mensalão» repartido en su caso entre periodistas y titulares de medios de comunicación ligados al gobierno de Fernando Henrique Cardoso. Por eso renunció su secretario de Comunicaciones, Roger Ferreira. El gobernador paulista pertenece al partido de Cardoso, que lo ha postulado como candidato a presidente para enfrentar a Lula en octubre. Es el principal desafiante del actual mandatario.

• No hay que esperar que Guido Mantega herede aquellas funciones de operador político que caracterizaron a su antecesor de Riberao Preto. Su perfil será mucho más modesto y, en todo caso, deberá ser Jaques Wagner, el ministro de Trabajo, quien asuma ese rol que deja vacante Palocci. Claro, lo hará por poco tiempo: Wagner debe dejar el cargo para competir como candidato a gobernador de Bahia. Tampoco está claro quién sucederá a Mantega: si fuera por la secuencia natural, debería hacerlo el presidente de la Caixa Federal, Jorge Matoso. Pero él también vuelve a su casa: está involucrado en los mismos chanchullos que el ministro de Hacienda renunciante.

• Mantega, el sucesor de Palocci, no promete el giro hacia el desarrollismo (« desenvolvimentismo») que podría hacer suponer su militancia en el ala más intervencionista del PT. Pero sí permite pensar que, si Lula alcanza un segundo mandato, se habrá agotado en Brasil el ciclo de altas tasas de interés que hoy festeja el sector financiero, para amargura del empresariado de San Pablo y de buena parte de los dirigentes del partido oficial. Palocci fue sinónimo de «fiscalismo». Su salida, a la corta o a la larga, abrirá un ciclo de inquietud en el mercado. Salvo que Mantega demuestre que no es un heredero tardío de Celso Furtado -por ubicarlo en la línea de algún intelectual famoso- y que está dispuesto a olvidar las ideas que intentaba inculcar en Lula cuando éste era sólo un candidato opositor a los «ajustes neoliberales» de Cardoso. Es posible que el paso por el Ministerio de Planificación y el BNDES hayan atenuado mucho esas ínfulas. Tal vez la voluntad de poder y el deseo de evitar un conflicto financiero hagan el resto en este inmigrante que, en sus ataques al fiscalismo, desafió las propensiones de su sangre genovesa.

Dejá tu comentario