Por Abel Bomrad, presidente de ACARA Por ejemplo, aquel que ha ahorrado en dólares y los cambia al valor no oficial, seguramente hará una diferencia en el valor del auto, que se cotiza en pesos. En estos últimos tiempos, esto produce una euforia de ventas en algunas semanas, pero también hay otras en que se frenan las operaciones, porque si hay expectativas de que continúe aumentando el valor de dólar, esos clientes esperan más para comprar el vehículo y así hacer una diferencia mayor.
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Es decir, si alguien considera que el "blue" seguirá subiendo tal vez demore su decisión de compra. En cambio, si cree que llegó a un techo, quizás corra a vender sus dólares para ir a una concesionaria. Es una timba que influye en todos los segmentos pero sólo en un porcentaje muy chico de compradores: aquellos que tienen dólares en el bolsillo y está dispuesto a desprenderse de ellos.
Más allá de este tipo de cliente, el mercado automotor se sigue comportando de forma madura, en torno a los 850.000 autos comercializados por años. Y en este sentido, el tema del dólar puede influir pero no de manera significativa.
La mayor parte de las operaciones se realizan con un comprador que da en parte de pago su coche usado y pone la diferencia al contado o con financiación. También es importante la cantidad de personas que optan por planes de ahorro. Sí es cierto que en la Argentina el auto fue históricamente una fuente de retención de valor y de ahorro. Por los procesos inflacionarios de los últimos 50 años, el vehículo es considerado más un bien que un gasto.
Pero si el cliente creyera que estuviéramos frente a un colapso habría una mayor demanda de créditos. El mercado automotor en el mundo funciona con un 80% de ventas con créditos. Aquí estamos en el 35%. Si la sensación fuera que la inflación se escapa, estarían todos volcándose al crédito, y en la actualidad no observamos un aumento en la toma de préstamos.
Nosotros tenemos en las concesionarias líneas accesibles con entidades bancarias para quienes tienen ingresos demostrables. Hubo épocas en que no parábamos de hacer prendas, como en los noventa. Hoy no se ve esa avalancha.
En suma, las ventas siguen su ritmo normal en un mercado maduro. Siempre hay un margen de especulación que influye, pero se trata de un 2% o 3% que no mueve mucho el dial.
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