7 de junio 2002 - 00:00

El país es gobernado por una provincia que colapsó

Históricamente, Buenos Aires ha sido el centro y la base del poder nacional en la República Argentina.

Su poder económico, político y militar fue el centro de atracción que durante las primeras décadas del siglo XIX impidió que provincias del Oeste se unieran a Chile; que otras del Norte se sumaran a Bolivia; que provincias del Litoral formaran un estado independiente o fueran parte de Brasil o Paraguay, y que la Patagonia quedara fuera del territorio nacional argentino.

Buenos Aires poseía la pampa húmeda y controlaba el puerto y la Aduana.

Definido en 1880 el conflicto entre Buenos Aires y el interior con la federalización de la capital provincial, el territorio bonaerense se constituyó en la base del poder nacional.

Pero al comenzar el siglo XXI, este poder ha colapsado en términos económicos y financieros. Buenos Aires, que históricamente era la provincia más rica, y que derramaba recursos hacia las más pobres, está quebrada. Hoy tiene 60% del total de las emisiones de bonos provinciales y 52% del déficit de las provincias.

Quizá no sea casual que el extremo debilitamiento del liderazgo presidencial que ha tenido lugar con De la Rúa y Duhalde, haya sucedido cuando la base del poder nacional ha entrado en quiebra, cuando el país sufre simultáneamente la mayor crisis de su historia en términos de recesión, caída de la actividad económica, hambre, desempleo y crisis de credibilidad en la política.

Esta situación está generando, por primera vez desde el siglo XIX, que varias provincias se encuentren mejor que la Nación, al estar en superiores condiciones económico-financieras que la provincia de Buenos Aires, con la que en gran medida ha estado identificado el poder nacional desde el inicio del proceso emancipador.

• Planteo reiterado

El gobernador de Neuquén ha planteado reiteradamente en las últimas semanas que las provincias patagónicas deberían asumir directamente el cobro de sus impuestos, abandonando el sistema de coparticipación. Ha reclamado también que el sistema jubilatorio (ANSeS) y la obra social de los jubilados (PAMI) sean administrados directamente por las provincias patagónicas, proponiendo crear un gobierno regional para esta tarea. En los hechos, la propuesta implica en términos político-institucionales crear una región, pero también avanzar hacia una confederación.

Desde la provincia de Santa Fe se ha planteado que la misma está aportando al Tesoro nacional aproximadamente 5.000 millones de dólares por las retenciones a las exportaciones agropecuarias, recibiendo como contrapartida fondos de coparticipación en bonos LECOP.

Salta es una provincia que tiene bonos «investment grade» en momentos en que el país está en default y sin credibilidad económica alguna. La razón es simple: los garantiza con las regalías petrolíferas.

En el caso de Santa Cruz, ésta tiene depositados en bancos europeos más de 500 millones de dólares, contando con una fuerte solvencia económica cuando el país está absolutamente desfinanciado y la provincia de Buenos Aires colapsada como mencionamos.

Respecto de San Luis, sus reservas en dólares están atrapadas en el «corralito», planteando esto un conflicto jurídico, político e institucional con el gobierno nacional.

Mientras la Nación y Buenos Aires profundizan sus crisis, varias provincias comienzan a verificar cómo ellas están hoy financiando el déficit nacional y el bonaerense.

Sobre esta situación de crisis, Duhalde es el primer ex gobernador de Buenos Aires que llega a la Presidencia desde Bartolomé Mitre, y su gabinete es el más bonaerense que registre nuestra historia.

Pareciera que al colapsar en términos económicos y financieros, la provincia de Buenos Aires se ha apoderado del gobierno nacional, como una forma de subsistencia.

Pero lo concreto es que Duhalde gobierna con una base de poder minada por el colapso bonaerense y que ello constituye su primera limitación para ordenar la crisis y acordar con el FMI en la coyuntura.

Esta situación plantea una paradójica debilidad en presidentes como De la Rúa y Duhalde, en lo que hace al ejercicio del poder presidencial.

Históricamente, la provincia de Buenos Aires fue intervenida en repetidas oportunidades. Lo hizo Yrigoyen y después de él lo efectuaron sucesivamente Justo y Ortiz. Frondizi la intervino en su final, y Perón, en su tercera y breve presidencia, si bien no la intervino, desplazó al gobernador Bidegain, promoviendo la gobernación de Calabró.

El liderazgo presidencial desde 1880 siempre se impuso sobre la provincia de Buenos Aires, la que a su vez daba al Presidente una base de poder político y económico para sustentar el poder nacional.

Este sistema de poder, que funcionó desde 1880 hasta comienzos del siglo XXI, es el que hoy está en crisis.

Resolver la crisis de la provincia de Buenos Aires resulta fundamental para reconstituir un poder nacional fuerte, sin lo cual no será posible solucionar la crisis más grave de la historia argentina.

Si esto no se hace, cada provincia comenzará a buscar sus propias soluciones a la crisis como ya lo comienzan a insinuar. Por esta razón, resulta lógico en términos políticos el creciente protagonismo de los gobernadores, el cual deriva del colapso bonaerense y el consecuente debilitamiento del liderazgo presidencial.

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