La última rueda terminó con cierta calma, cuando los inversores vieron al Dow trepar 0,55% quedando en 7.986,02 puntos, y al S&P subir 0,25%. El problema es que siendo "día de brujas" (vencían futuros y opciones sobre índices y acciones) la actividad estuvo lejos de ser normal, y no permitió extrapolar nada significativo para los próximos días. Lo concreto es que a pesar del repunte, con la caída de las últimas cinco ruedas, el Promedio Industrial (-3,93%), el NASDAQ (-5,44%), el S&P 500 (-4,99), el Russell 2000 (-5,82%) y el índice de semiconductores de la Bolsa de Filadelfia (-11,28) marcaron el peor viernes del año, o lo que es lo mismo, el peor desde 1999. Setiembre prometía ser un pésimo mes para la inversión bursátil, y hasta ahora no ha desilusionado a los más pesimistas. Aunque todavía falta una semana, con la cantidad impresionante de índices macroeconómicos que se difundirán en los próximos días (confianza del consumidor, reunión del FOMC, etc.) y la creciente tensión internacional, lo único seguro parece ser que la desconfianza y la confusión seguirán reinando. Por otro lado, la realidad de las empresas sigue demostrando que el pesimismo de los inversores ha tenido hasta ahora una asidero real, de 874 firmas que efectuaron preanuncios de ganancias en estos días, 457 tuvieron perspectivas negativas, 208 estuvieron en línea con lo que esperaba el mercado y 209 superaron los números de los analistas. Con algo más de dos desilusiones por cada alegría, es claro que no hay mucho para festejar. Con este escenario por detrás, es poco probable que veamos un vuelco masivo de inversores hacia las acciones en las próximas horas y que cualquier suba, más que como suba, sea definida como rebote.
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