Pocas veces se ha visto más envilecida la campaña electoral en la Unión Industrial que en esta oportunidad. Y la causa de este fenómeno decadente debe atribuirse al microbio de la política. Empresarios que disponían de una idea política individual, aunque podían defender orientaciones comunes, ahora se han visto envueltos en una batalla que la mayoría nunca había imaginado. Nadie ignora el contacto -y las influencias- de Federico Poli con Roberto Lavagna, más interesado que nunca en auspiciar la lista disidente en la UIA pero oficialista con el gobierno de Eduardo Duhalde.
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Pero ese tipo de enlaces y vínculos en una organización como la UIA hasta parecen comprensibles. Lo que ha empezado a enardecer a los empresarios es la presión del secretario General de la Presidencia, José Pampuro, quien telefonea y entrevista a dirigentes de cámaras reclamando el voto para la lista que promueve el grupo Techint. Se justifica aduciendo que no se le debe dar el voto a un menemista (se refiere, claro, a Alberto Alvarez Gaiani) y, en cambio, como oposición, ofrece a Guillermo Gotelli (quien, tal vez, no sea tan antimenemista como lo desearía el duhaldismo). Al margen de estas confusiones, lo lamentable es la forma en que el gobierno intenta politizar esta elección empresaria. Informate más
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