14 de noviembre 2000 - 00:00

El PJ y el Gobierno se dedicaron a una pelea de documentos

El Poder Ejecutivo y los gobernadores peronistas tensaron ayer la cuerda al máximo, en la exploración de un pacto cuya lógica es la que se describió en la última edición de este diario: el PJ concederá al gobierno instrumentos de previsibilidad fiscal (básicamente el congelamiento de la coparticipación en $ 1.350 millones mensuales) a cambio de que la Alianza comparta con las provincias los recursos de aplicación social que administra la Nación. El último round de esta conciliación se negoció anoche en una comida de los gobernadores del PJ con el jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, que se celebró en la Casa de La Rioja.

Los mandatarios del PJ propusieron el acuerdo en un texto que, por diversos motivos, ofendió al gobierno, como lo hizo notar «el Vikingo» Colombo, quien decidió no concurrir al encuentro al que lo habían invitado para una negociación, a las 18, en el Consejo Federal de Inversiones.

El «papel» que irritó a Colombo tenía un título ya de por sí provocativo, por lo largo y pretencioso: «Pacto federal, social, educativo, para la infraestructura, el presupuesto, la gobernabilidad, la refinanciación de los pasivos provinciales, el crecimiento económico y la coparticipación de impuestos». Si le hubieran puesto «vamos por todo» no hubieran irritado menos al gobierno y hubieran conseguido un encabezamiento más logrado desde el punto de vista literario. Al menos es lo que observó un hombre de letras, el senador entrerriano Héctor Maya.

En esa proclama, no sólo se enumeraron las distintas concesiones que debería hacer el gobierno para conseguir la firma del peronismo en un pacto fiscal. También se fijó que ese pacto, basado en el congelamiento de los recursos coparticipables, tendría término en el año 2003 y no en el 2005, como exigen los organismos financieros internacionales. Los gobernadores pusieron esa fecha por escrito, con lo que corregirla se volvería más dificultoso en la mesa de transacciones.

Colombo se enteró de la proclama peronista cuando Juan José Ciácera, el secretario del Consejo Federal de Inversiones, le llevó un ejemplar. Claro, antes de que llegara Ciácera asistió a la conferencia de prensa que los gobernadores brindaban por TV. Carlos Ruckauf le leyó el texto a Fernando de la Rúa por teléfono. El Presidente se pronunció con la ambigüedad de un oráculo: «Hay muchas cosas con las que estoy de acuerdo». Pero cuando se analizaron minuciosamente las pretensiones del PJ los funcionarios nacionales estallaron de ira: «Piden todo para hacer lo que deben, que es no gastar más», se quejó Colombo delante del Presidente. Decidió no ir al CFI y lo hizo saber a través de un fax. «Duros somos todos», se le escapó.

Además de no conceder el congelamiento de los fondos coparticipables más allá del 2003, los mandatarios de la oposición reclamaron compartir los fondos de los planes de empleo ($ 200 millones por año), los programas alimentarios (otros $ 200 millones), crear un seguro de desempleo con parte de los fondos del crédito contingente que otorguen el Fondo y el Banco Mundial y suscribir un nuevo pacto federal educativo con reparto de recursos para esa actividad.

Si el gobierno pretende extender el compromiso hasta el 2005 es para envolver también a los gobernadores que sueñan con presidir el país a partir del 2003: evitarían campañas demagógicas porque el costo los afectaría también a ellos. A su vez, los mandatarios temen que si se le concede a la Alianza una eventual mejora de recursos el año próximo, el gobierno podría disponer de una rebaja de impuestos hacia julio, capaz de tener un impacto electoral hoy no previsto.

El jefe de Gabinete contestó a los mandatarios con una especie de «memo», sorprendente por lo austero en materia de cordialidad, que comenzó así: «Con el objeto de evitar seguir nuestra comunicación por los medios de prensa, quiero manifestarles lo siguiente...» A continuación, «el Vikingo» enumeró las razones por las cuales le parecía inadmisible la propuesta «que me hicieron llegar y comunicaron a los medios de prensa». Dijo que se mantenía la posición del gobierno nacional y reprochó que en la propuesta sobre gasto social no se respetaran reglas de transparencia (ver texto aparte).

Conocido el fax de Colombo, los gobernadores comenzaron a competir en dureza. Ruckauf abandonó el recinto del CFI y explicó la indignación en que «están gobernando para Wall Street y se olvidan de los argentinos, de los problemas sociales que tenemos». Néstor Kirchner también siguió sus pasos dejando la reunión y, tras de él, José Manuel de la Sota, quien explicó: «Si no se garantiza la paz social no habrá crecimiento económico porque nadie invertirá en un país con violencia en la calle».

El principal argumento de los mandatarios del PJ era la acusación al gobierno de insensibilidad social. En cambio, en Olivos, De la Rúa, Colombo, José Luis Machinea y Adalberto Rodríguez Giavarini interpretaron los hechos políticamente: «El PJ nos quiere dejar sin ningún instrumento para hacer política social, por temor al efecto electoral», explicó un ministro a este diario.

Mientras Ruckauf, De la Sota y Kirchner abandonaban la reunión y prometían dejar también la Ciudad, el teléfono del misionero Carlos Rovira comenzó a sonar: era Colombo, invitando a un grupo de mandatarios a concurrir a Olivos a un encuentro con De la Rúa, él y Machinea. La apuesta del gobierno era aprovechar la vocación acuerdista de varias provincias que, angustiadas por el déficit fiscal y el endeudamiento, estarían dispuestas a firmar antes que las más holgadas. A tal punto que un ministro comenzó a pensar anoche en un acuerdo que registre diferencias regionales.

Dejá tu comentario

Te puede interesar