28 de enero 2002 - 00:00

Emitirán un bono en pesos para devolver plazos fijos

El gobierno tiene decidido introducir en 15 días importantes cambios en el «corralito» bancario. La intención oficial es que los ahorristas puedan disponer de un título de deuda por el dinero que mantienen retenido. Será un bono en pesos el que se entregará a quienes poseían un plazo fijo o a los que, con fondos en caja de ahorro o cuenta corriente, se les fijó un cronograma de devolución hasta 2005. La medida está en elaboración aún, pero apuntará a dar a los afectados por el «corralito» un medio de pago que al mismo tiempo otorgue algo de movimiento a una economía hoy paralizada. Funcionarios de Economía confirmaron esta iniciativa pero aún subsisten dudas. Una de ellas es si serán los mismos bancos los que emitan este título de deuda con su propia garantía o si además habrá un aval del Estado. La diferencia no es leve. Si los bancos lo emitieran sólo con su promesa de pago, las entidades extranjeras serían las más beneficiadas frente a las oficiales y las de capital local. Habría una importante diferencia en la cotización y aceptación de cada uno de los títulos de deuda según quién lo haya emitido. Para evitar esa diferencia en los nuevos papeles, el Estado podría garantizarlos. Tras el cacerolazo del viernes, el gobierno guarda la esperanza de que cedan las tensiones con estos anuncios.

Eduardo Duhalde
Eduardo Duhalde
En 15 días el gobierno va a lanzar la bonificación de los depósitos que quedaron en el «corralito». No se ha definido el detalle fino, pero el rumbo es el que se viene hablando desde hace semanas: la emisión de títulos de baja denominación contra los depósitos de los bancos. Se discute el respaldo porque presenta dos problemas: 1) si los emiten directamente los bancos, el valor de los emitidos por bancos extranjeros producirán el «flight to quality», es decir que el público los preferirá frente a los que emitan bancos nacionales; 2) evitar esa perturbación con un aval indiscriminado del Estado porque se estaría ante un nuevo BONEX. Los técnicos le están buscando la vuelta para evitar la distorsión que nace de que un mismo bien tenga distinto valor en el mercado (ver nota aparte). La idea está en sintonía con la de los economistas Meltzer y Lerrick de permitir que los bancos emitan moneda avalada en depósitos bajo ciertas condiciones.

Esta semana el gobierno va a anunciar también la fórmula por la cual se indexarán los depósitos del «corralito» y los créditos. Hoy los técnicos de Economía le llevan a Remes Lenicov los detalles de la fórmula que, como se adelantó, tomará como pará-metro principal la inflación. Con estas dos decisiones sobre el dinero encerrado en los bancos para enfrentar la corrida, el gobierno espera no sólo distender el clima social. También, que haya algún atisbo de actividad económica que permita alentar soluciones que no pasen sólo por la autorización que el Congreso le dio al Central para emitir pesos.

Igualmente importante es que el gobierno iniciará esta semana formalmente el diálogo para cerrar un acuerdo de auxilio financiero internacional que le permita salir de la agudísima crisis que soporta el país. El miércoles llegarán a Buenos Aires los dos principales negociadores del FMI, Thomas Reichmann y Claudio Loser, para comenzar las conversaciones con el equipo de Jorge Remes Lenicov para lograr en febrero ese acuerdo que las dos partes descartan que se cerrará sí o sí.

El plan consiste en dejar flotar el dólar, pero para eso, el gobierno reclama un auxilio externo que -dice-no puede ser menor a los $ 10 mil millones. La flotación sin esa red de seguridad llevaría a un «overshooting» inflacionario que el gobierno dice que va a evitar de cualquier manera.

Las conversaciones con el FMI buscan cerrar el debate que el gobierno percibe hoy en el mundo acerca del país entre quienes dicen que hay que ayudarlo frente a los que dicen que hay que usar a la Argentina como escarmiento. Los primeros dicen que hay que respaldar a nuestro país porque es viable pese a la mala administración. Los segundos advierten que la Argentina ha enga-ñado siempre a sus acreedores con promesas nunca cumplidas y con interminables pedidos de créditos.

• Discusiones


El clima de la última semana cambió, según la óptica del gobierno, a favor de este acuerdo con la Argentina. Nadie lo confirma, pero se sabe que hubo el jueves muy duras discusiones entre gente de Economía y los técnicos del FMI, pero que se superaron el viernes. Perjudicó mucho el clima la detención del banquero Rohm, que movilizó al embajador de los EE.UU. a una ronda con varios ministros para explicar que esa señal --dadas las razones por las que se realizó- era negativa para cualquier conversación serena con los Estados Unidos.

Parte de ese acuerdo es la visita esta semana de Ruckauf a los Estados Unidos, donde se entrevistará con
Paul O'Neill y Colin Powell (ver página 8). Tiene prohibido hablar de economía y la obligación de sobreactuar la alineación con los Estados Unidos. Aunque «Rucucu» busca fotos para reconstruir su imagen, va a traer los gestos de apoyo político de los EE.UU. que el gobierno sabe son imprescindibles para que haya acuerdo. El viaje que importa más que el de Ruckauf es otro, más discreto, que emprendió Hugo Anzorreguy hacia Washington. Le encargó Duhalde que recorra la agenda que recogió cuando era jefe de la SIDE de Menem -FBI, CIA, especialmente-para que le dé seguridades a Washington de que hay apoyo en la lucha contra el terrorismo islámico. Anzorreguy, además, es valedor de la relación con empresas españolas y con el gobierno de José María Aznar, temas sobre lo que quieren saber también en el gobierno de George W. Bush.

La Argentina dice que no hay plan sin auxilio externo, y el Fondo dice que no hay auxilio externo sin presupuesto racional ni programa monetario. El gobierno contesta que la ayuda es necesaria para cumplir el proyecto de dejar flotar el dólar (eso no se discute), pero que termine fijándose en algún valor plausible como poder confeccionar el presupuesto.

Parte de este rumbo que quiere poner el gobierno en el centro de la atención es un operativo de mordaza sobre
José Ignacio de Mendiguren.

Su prédica en favor de una economía cerrada la consideran en Economía como muy dañina a cualquier conversación. Por eso en el libreto de Ruckauf frente a los secretarios que verá esta semana en Washington figura la frase:
«Miren lo que hacemos, no lo que decimos». De Mendiguren halaga al sector populista del gobierno porque dice lo que expresan las encuestas, pero eso termina siendo un cóctel explosivo por sus contradicciones «caceroleras» (cobrar en dólares pero pagar en pesos; aplaudir default y llorar porque no se puede ir de viaje al extranjero, etc.). Eso gusta a los Duhalde, pero daña hacia afuera. Más cuando se cree cada día más que De Mendiguren habla sin control y amenaza con ir, a lo Cavallo, a denunciar a los diarios a quienes lo critican dentro del gobierno.

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