7 de marzo 2001 - 00:00

Empresarios apoyaron al ministro pero reiteraron viejos reclamos

La reunión había sido programada desde antes del reemplazo ministerial, y la cita se respetó: ayer Fernando de la Rúa recibió a una tercera tanda de empresarios (los dos encuentros anteriores habían sido en enero y la semana pasada), delegación organizada y encabezada por Jorge Aguado, vicepresidente del grupo SOCMA (Sociedad Macri).

La ocasión, sin embargo, era especial: se trataba de la primera vez que el flamante ministro de Economía Ricardo López Murphy se enfrentaría en su carácter de tal con representantes del empresariado argentino.

Estuvieron Mauricio Wior (Movicom), Juan Carlos Masjoan (Telecom), Luis Ureta Sáenz Peña (Peugeot), José Rovira (Edesur), Fernando del Solar (Nestlé), Christian Nadal (Edenor) Sergio Cirigliano (Grupo Plaza), Edgardo Lijtmaer (Xerox), José Testa (Dupont), Sebastián Bagó, Emilio Cárdenas (HSBC), Steven Darch (ING), William Adams (MetroGas) y Mark Godden (Nobleza Piccardo).

Apelaciones

Hubo apoyo explícito al nombramiento del ministro, pero se reclamó del gobierno que se preste «el más amplio apoyo político» a su gestión y a las duras medidas que deberá tomar para reencarrilar la economía. Pero hubo fuertes apelaciones a que se respete la «seguridad jurídica para las inversiones» y medidas concretas para reactivar.

El encuentro con el nuevo funcionario fue breve: empezó a las 10 y quince minutos después López Murphy se retiró «a seguir trabajando en la conformación de mi equipo y en la elaboración de las primeras medidas», dijo. Antes tuvo tiempo de confirmarle a su ávido auditorio que su gestión se basará en una dura disciplina fiscal y el cumplimiento de las metas. El resto se quedó hasta casi el mediodía, tomando el insípido «café público» con el que el Estado agasajó a los privados. «La próxima vez me llevo un termo con el café de mi maquinita», se quejó uno de los participantes.

En general los empresarios le hicieron saber a De la Rúa y al jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, que la designación de López Murphy había sido bien recibida, a pesar -esto lo dijeron a la salida y «off the record»- de saber que el jefe del Palacio de Hacienda no es un hombre que vaya a aplicar políticas activas para fomentar la reactivación de la economía.

Los concurrentes a la reunión volvieron a quejarse por la dura presión impositiva que sufren y que dificulta el desarrollo de sus actividades. A pesar de no ser un área sobre la cual el Presidente pueda hacer mucho (más allá de tratar de convencer)
se multiplicaron los reclamos por la «inventiva» que exhiben muchos municipios para crear nuevos impuestos o poner trabas a la inversión. Algunas, se indignó Aguado, «incluso están imponiendo tasas para participar de licitaciones públicas».

Así, el CEO de Bayer, Helmuth Flechtner, planteó el caso de la municipalidad de Pilar, la que por razones más que conocidas queda cerca del corazón del Presidente. La química alemana acaba de inaugurar una planta de elaboración de medicamentos en el parque industrial de esa ciudad, la que requiere condiciones ambientales impecables.

Pero alambrado de por medio el municipio instalará una planta de asfalto, una de las industrias más contaminantes. La gente del parque industrial ofreció incluso comprar otras tierras para trasladar el proyecto, pero el intendente insiste en hacerla allí. De la Rúa tomó nota, como en varios pasajes del encuentro.
Sobre todo cuando Flechtner aseguró que, de concretarse el proyecto, podrían dejar de invertir en el país.

Por su parte Wior -luego de plantear que el crecimiento de la telefonía celular en el país estaba siendo retrasado por los gravámenes que padece-dijo que la presión impositiva era «un freno al crecimiento» y reclamó «apoyo político pleno para la gestión de López Murphy, porque el país no sólo sufre problemas económicos».

Testa, que es proveedor de la industria textil y de la indumentaria, volvió sobre una recurrente queja del sector: que se impida el contrabando de prendas «truchas» que están destruyendo la actividad. «El error, creo, es que la Aduana cuando confisca mercadería luego la remata, y esa mercadería vuelve al mismo circuito informal que se trata de combatir», adujo el ejecutivo. Otros empresarios revelaron que al país llegan containers completos de ropa «trucha», con la etiqueta «original» de la marca o -peor aún-con el rótulo que dice «Industria Argentina».

El reclamo por mayores controles al ingreso de bienes desde el exterior se generalizó (a esa altura ya no sólo se hablaba de contrabando...). Hacia el final de la reunión se sumó el canciller Adalberto Rodríguez Giavarini, que no intervino (tenía pautado un encuentro con el presidente para después), pero escuchó esa parte del reclamo.

Uno de los presentes, que se escudó en el «off the record», resumió el espíritu del cónclave:
«Todos expresamos el apoyo a López Murphy porque creemos que -al revés de lo que sucedía con José Luis Machinea-a él no lo condena su pasado. Pero ahora llegó el momento de la verdad, y habrá que ver si lleva a la práctica todos los planteos teóricos que hizo desde FIEL cuando no estaba en el gobierno. De todos modos, creemos que es un ortodoxo pragmático, y hará lo que tenga que hacer con mano firme. De lo contrario, seguiremos en problemas...».

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