8 de octubre 2002 - 00:00

En la Argentina, el campo teme que Lula trabe compras

Los empresarios industriales, pero sobre todo el sector agropecuario, no ocultaron una gran dosis de preocupación por lo que parece inevitable: el ascenso a la presidencia en Brasil de Luiz Inácio Lula Da Silva. Los hombres de negocios no son ajenos a la duda hoy generalizada: si Lula será como Felipe González, Tony Blair o Ricardo Lagos, o si en cambio resulta un extremista de izquierda. En el campo se teme que su victoria impacte negativamente porque hay amenazas de que incentive la producción brasileña de cereales con subsidios, lo que implicará menos compras de trigo a la Argentina. También habría problemas en áreas estratégicas, como carne y aceite. En cambio, los industriales y los banqueros muestran su inquietud pero a la vez se esperanzan en que el hombre del PT reactive la economía brasileña y que evite seguir el camino de la Argentina. Sí esperan una política económica expansiva, lo que hace surgir temores de un recalentamiento de dos variables cruciales: la inflación y el tipo de cambio. También preocupa que Brasil caiga en el aislacionismo o el proteccionismo más crudo, miedo en que coinciden industriales y agropecuarios.

En la Argentina, el campo teme que Lula trabe compras
El encumbramiento de Luiz Inácio Lula Da Silva al máximo poder político de Brasil agita al sector agropecuario argentino, que mira con recelo al controvertido político brasileño.

Los empresarios y dirigentes del campo coinciden en que el triunfo de Lula en Brasil podría impactar negativamente en la rentabilidad agrícola-ganadera de la Argentina. De hecho, el aumento en las encuestas de las últimas semanas y, ayer mismo luego del triunfo en esta primera vuelta electoral generó una suba en el valor del dólar contra el real (R$ 3,74) que afecta la competitividad de los exportadores argentinos.

Cabe recordar que las exportaciones agroalimentarias a Brasil cayeron 11% en lo que va del año con un país vecino que sólo absorbió 13% del total de exportaciones argentinas cuando durante los últimos años dicha participación alcanzaba casi a 30%.

Brasil, con 150 millones de consumidores -aunque gran porcentaje ubicado por debajo de la línea de pobreza-, es un mercado atractivo para los principales exportadores del mundo y Lula ya insinuó que volcará su política comercial hacia el proteccionismo.

De hecho, la semana pasada, sobre el final de una agitada carrera hacia la presidencia, anunció que no aplicará retenciones a las exportaciones y que impondrá una política de aranceles a las importaciones con el fin de evitar un deterioro de la renta local con el ingreso de productos que produce o puede producir Brasil. Precisamente en este punto podría perjudicarse la Argentina: Lula incentivaría la producción de trigo con subsidios y buscaría reducir el volumen de cereal que los molineros brasileños compran en el país. Se cree también una intención de ayudar a la industria para la fabricación de subproductos. De esta forma se desvirtuaría un negocio que rondó u$s 145 millones el año pasado por exportaciones argentinas de productos de molinería y ventas que rondan en 7/ 8 millones de toneladas anuales de trigo.

Brasil ya aventaja a la Argentina en la prefinanciación de exportaciones, con líneas de crédito que no se cortaron desde el lanzamiento del real en el '94. Esto permitió a los vecinos afirmarse en el mercado de exportaciones con plazos y facilidades de pago que consolidaron a productos como, por caso, la carne.

En efecto, Brasil logró ubicarse en lo más alto del ranking de exportadores mundiales de carne y superó ampliamente a la Argentina
en dicho rubro totalizando ventas superiores a las 740 mil toneladas el año pasado contra 280 mil que lograba colocar en el '96.

La Argentina, por su parte, hizo el camino inverso y pasó de exportar casi 500 mil toneladas anuales a apenas superar las 300.000 toneladas el año pasado.
Si mantiene la financiación a sus exportaciones y otorga algún apoyo impositivo no sería difícil un nuevo paso alcista en los mercados internacionales de la carne pese a que la calidad del producto argentino es mucho mejor.

A los exportadores aceiteros se les podría plantear también una situación similar a la generada el año pasado con China cuando el gobierno de dicho país decidió restringir las compras de aceite y apoyó el establecimiento de industrias que obligaban a comprar la materia prima en lugar del producto con valor agregado. Si Brasil, con una fuerte producción sojera que este año habría llegado a 48 millones de toneladas, se vuelca de lleno al procesamiento y desacelera su participación en el comercio de poroto,
perjudicaría a la Argentina como competidor del mercado aceitero, aunque permitiría un sostenimiento de precios del grano.

Las medidas arancelarias y paraarancelarias así como la evolución de las relaciones comerciales entre la Argentina y Brasil serían también determinantes, con el nuevo escenario, en el comercio de
pollos, cerdos, frutas y lácteos. De hecho, la casi paridad entre el peso y el real, volvió a perjudicar a la producción porcina de la Argentina que durante los últimos meses sufrió la competencia de mayores ingresos de carne de cerdo subsidiada. Lo mismo podría ocurrir con los restantes productos, cuyos sectores atravesaron etapas conflictivas durante los últimos años.

En tanto, los analistas son más cautelosos: «Toda mejora vía subsidio o apoyo financiero a los productores brasileños será un punto negativo para los ruralistas argentinos», admitía
Ricardo Baccarín, de Panagrícola.

Otra visión genera el aparente apoyo de Lula Da Silva al mantenimiento y fortalecimiento del Mercosur, aunque su simpatía se focaliza en Europa en contra de Estados Unidos. Para
Juan Martín Rebolini, de Agropuerto, «la postura de Lula es positiva, por su visión sobre reforzar el Mercosur y con una firme posición de no negociar cualquier cosa frente al ALCA. Ahora es indudable que tendrá una política de negociación con la Argentina que tenderá a eliminar las asimetrías. Si queremos mantener el mercado de trigo y también el de otros productos como lácteos, vamos a tener que levantar las protecciones que se mantienen para azúcar y cueros, y coordinar por un lado no arancelario los problemas de modificaciones de tipo de cambio o de políticas antidumping».

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