E l fracaso de las políticas urdidas bajo el paraguas conceptual de la desregulación, el Estado mínimo y la apertura económica indiscriminada dejaron algunas enseñanzas para el conjunto de la sociedad y para los sectores empresarios en particular. La generación de riqueza, trabajo y ocupación requieren el compromiso mancomunado del Estado, los empresarios y los trabajadores. El Estado debe establecer las guías directrices que garanticen la certeza y previsibilidad de las relaciones económicas, asegurando un horizonte de rentabilidad para los sectores productivos y un marco de equidad distributiva como requisito de estricta Justicia y como elemento ineludible para la construcción de un mercado interno con capacidad de consumo. Así, el Estado debe recuperar su capacidad de articular y expresar las demandas de los distintos sectores del quehacer nacional y dejar en el pasado el ominoso rol de gerenciador de los intereses de los grupos más concentrados. El discurso presidencial de Monterrey, en ocasión de la Cumbre Extraordinaria de las Américas, tiene el valor de clarificar y explicitar un nuevo paradigma destinado a obrar como marco del proceso de recuperación de la Argentina. La economía estructurada sobre la valorización financiera del capital desarticuló el aparato productivo de la Nación, privó de empleo a millones de compatriotas y facilitó el proceso de fuga de capitales.
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La deuda externa fue el elixir que retroalimentó perversamente ese esquema. Como toda ficción no pudo durar eternamente: la burbuja explotó dejando un doloroso legado expresado en indicadores sociales que dan cuenta de una Argentina desigual, profundamente dual y heterogénea. El valiente abordaje que el Poder Ejecutivo realiza del problema del endeudamiento representa la madre de todas las batallas. Necesitamos desterrar la lógica fiscalista que impregnó la política de los últimos decenios y poner fin a los ajustes sucesivos que, lejos de sanear las cuentas públicas, contribuyeron a profundizar la regresividad en la distribución del ingreso y contraer el mercado interno.
•Riesgo
La propuesta de quita efectuada en Dubai expresa el principio de la responsabilidad compartida en razón de préstamos facilitados a tasas desmesuradas. La rentabilidad exagerada del capital financiero no resulta sustentable en el tiempo, y los actores que urdieron un esquema de especulación deben asumir el riesgo correspondiente. Entendemos que la generación de dinero disociada de todo esfuerzo productivo resulta falaz e insostenible. Las finanzas deben estar al servicio de la economía verdadera, es decir, de la producción y el trabajo. Desde la CGE asumimos que la seriedad que pregonan algunos sectores de interés no se expresa mediante la repetición de las políticas ya fracasadas. La recreación de un mercado de consumo, requisito necesario para la reconstrucción del empresariado argentino, sólo será posible merced a la defensa del ahorro nacional y la aplicación de reformas que avancen hacia una distribución del ingreso más equitativa.
Las pymes están recuperando su capacidad instalada y se erigen en factor determinante de la recuperación del empleo que se avizora. Además, contribuyen a la democratización de las relaciones económicas y de poder, en razón de tratarse de unidades productivas diseminadas en toda la geografía nacional. Así, la generación de riqueza se vincula a la estructura económica de cada región, coadyuvando a la construcción de un país integrado y verdaderamente federal. Como agentes promotores de un tiempo de cambio, queremos hacer oír nuestra voz y participar del debate que todos los actores socioeconómicos deben afrontar de cara a recuperar la economía y fortalecer las instituciones democráticas. El presidente de la Nación desgranó en Monterrey el fracaso de la teoría del derrame para expresar que no hay crecimiento sustentable sin equidad. Los verdaderos empresarios argentinos apostamos a la producción y el trabajo, en el marco del proceso de reconstrucción en marcha.
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