30 de julio 2003 - 00:00

Es perfectible el sistema previsional

Durante la década del '90, la Argentina llevó adelante reformas estructurales fundacionales importantes. Hubo un cambio de régimen que puso más orden macroeconómico respecto del caos anterior.

No es ésta la ocasión para revisar las causas que desencadenaron la crisis de 2001 y 2002, de la que recién estamos levantando cabeza desde muy abajo. Llevará años recuperar el terreno perdido. Volver en 2007 a los estándares pre-crisis de 1998 (que no eran ideales), requiere fuerte reactivación al principio y crecimiento sostenido después.

Para encarar este enorme esfuerzo, lo fundamental como sociedad es no caer en movimientos pendulares y en antinomias tan afines a los argentinos. La nueva hoja de ruta no debe ser ni un revival tozudo de los '90 ni una «cacería» antinoventista de destrucción masiva. Es hora de parar la pelota y depurar la experiencia: ni errores noventistas ni retrocesos setentistas.

Una reforma fundacional emblemática de los '90 fue la previsional. Por trascender el presente y avanzar sobre las próximas generaciones es una cuestión de alta sensibilidad. Porque está en juego el ahorro y el bienestar futuro de los actuales trabajadores. Y porque cambió el panorama fiscal del sector público en el tiempo: restó ingresos presentes a cambio de dejar de contraer deuda pública (y aumentar el gasto) en el futuro.

• Diálogo

Cuando se revisa el modelo de los '90, se habla de la solvencia fiscal y se renegocia la deuda pública, el tema previsional vuelve a la escena.

El 25 de julio
Ambito Financiero reprodujo un diálogo donde el ministro de Economía habría planteado al Fondo que para que la Argentina alcance los niveles de superávit fiscal primario de Brasil, tendría que eliminar a las AFJP y así recuperar toda la recaudación previsional.

En estos momentos de revisionismo ideológico y de presión sobre los recursos públicos, es donde más hace falta mantener la cabeza fría: ni statu-quo noventista ni retroceso al pasado. Es adecuado mejorar la reforma del '94 en serio y adaptar el sistema de capitalización a las nuevas circunstancias macroeconómicas. El objetivo final tiene que apuntar a darle mayor seguridad institucional, resolver fallas de arrastre y atenuar algunas filtraciones para mejorar el ingreso de los futuros jubilados.

No hay que ir ni a posturas extremas ni a cambios inconducentes. El sistema previsional actual es piedra angular de la economía moderna y puede ser mejorado. Es perfectible y vale la pena encarar los cambios que sean necesarios para mejorar el funcionamiento del régimen.

Es cierto que reasignando la recaudación previsional hacia las arcas públicas, sería posible mejorar las cuentas fiscales con contabilidad de corto plazo. Pero sería pan para hoy y hambre para mañana. Ocultaría la basura debajo de la alfombra y se volvería a acumular deuda con los jubilados presentes y meter en la «olla popular» los aportes de los jubilados futuros, com ocurría en los ochenta.

• Bomba desactivada

Complementariamente, el FMI tiene que reconocer que la reforma previsional implementada por la Argentina fue hecha justamente con vistas a enfrentar el problema de solvencia fiscal intertemporal, que muchos otros países aún no han siquiera encarado. En este sentido, no se puede tratar de igual a igual fiscalmente a la Argentina y Brasil (y «corrernos» con los 4 puntos de superávit primario de Lula en 2003). Nosotros desactivamos la bomba de tiempo previsional a futuro y ellos la siguen teniendo conectada. Lula está bregando actualmente por sacarle al Congreso una reforma no tan ambiciosa que, además, va a salir seguramente licuada del Parlamento.

Mientras tanto, a corto plazo manda la caja. El sector público argentino enfrenta necesidades de financiamiento elevadas en los próximos años, aun descontando una quita más que razonable en el valor presente neto de la deuda que está en default, y obteniendo varios años de gracia para pagar capital. Por otra parte, tiene cortado el acceso al mercado de capitales. De algún lado hay que conseguir los recursos para pagar los intereses y el capital que empieza a vencer de la deuda que está al día.

En este contexto, cobra relevancia crucial encarar una lucha efectiva contra la evasión y mantener bajo control el gasto. Hoy estamos con récord de recaudación porque se recauda una proporción récord del PBI y esto es una buena noticia: hay superávit primario que alcanza para cumplir la meta con el Fondo y simultáneamente para que el gobierno libre cheques sociales.

A la vez, estamos con récord de distorsión (una porción relevante de los ingresos proviene de las retenciones, el no ajuste por inflación y el impuesto a los débitos bancarios), récord de evasión del IVA y récord de aumento del gasto. Como corolario, el superávit primario de este año es equivalente a lo recaudado por retenciones. El «ahorro» de gasto, producto de pisar los salarios públicos y las jubilaciones financió el plan Jefas y Jefes, los subsidios al transporte (colectivos, trenes y peajes) y las viviendas FONAVI que estaban paradas.

(*) Directores de M&S Consultores

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