Escasany, duro: si el Estado no cumple su rol, hay anarquía
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• Nuestra Nación viene de tres años de recesión, lo que ha deprimido el ánimo colectivo.
• A pesar de todo lo que se habla sobre la necesidad de combatir la evasión, no se advierte ningún logro relevante en tal sentido, no obstante los enormes recursos que maneja la AFIP. Siempre se grava a los que ya pagan, llevando a aquél al desánimo.
• Los objetivos del plan de competitividad lo compartimos plenamente. Para reforzarlo es necesario encarar con seriedad una reforma del Estado.
• No creemos conveniente transferir recursos del sector privado al público, ni que éste tenga un rol relevante en la asignación de éstos, ya que la experiencia histórica del siglo XX demuestra que esto lleva al despilfarro.
• La vigencia de la ley es un requisito central para una convivencia civilizada. Vivimos inmersos en un clima de violencia cotidiana por el auge del delito y por el hecho de que cualquier reclamo se expresa vulnerando el derecho de los demás: cortes de rutas, aeropuertos, de calles, etc. Si no se asegura la vigencia de la ley, el Estado desaparece, ya que la razón de ser de éste es precisamente evitar que la sociedad se transforme en una lucha de todos contra todos.
• Si el Estado desaparece porque las autoridades abdican de su obligación básica, se entroniza la anarquía; y con ésta reinando no hay ninguna posibilidad de ir resolviendo los problemas económicos y sociales que afligen a nuestra sociedad.
• No es sólo la violencia cotidiana la que perturba al país. Asistimos a una ola de denuncias que abarca a jueces, legisladores, miembros del Poder Ejecutivo, instituciones, personas, etc. Denuncias que parecen estar motivadas en muchos casos políticamente. Esto contribuye a crear en la sociedad un clima de sospecha, temor y desconfianza.
• A esto hay que agregar también recientes brotes de xenofobia que nada tienen que ver con la mejor tradición argentina.
• Este ambiente de intrigas en nada ayuda a la salud de la República y a la recuperación del país. Es hora de que dejemos de lado estos recelos y rencores.
Aníbal Ibarra:
• El equilibrio fiscal y la baja del gasto público no pueden convertirse en una causa nacional. La economía argentina no será competitiva con sólo alcanzar el equilibrio fiscal.
• Lo que estamos aprendiendo de un modo doloroso en estos meses, en estos años de crisis, es que la integración territorial y social no es sólo una demanda moral, sino un complemento ético de la modernidad capitalista.
• Yo sé que el déficit fiscal y la dimensión del gasto público argentino son problemas fundamentales. Pero la modernidad argentina exige agregar algunas ideas, además de la batalla por el equilibrio fiscal y la reducción del gasto público.
• Algunos de ustedes me dirán que sin reducción del gasto público y sin equilibrio fiscal no habrá competitividad. Es posible. Estoy de acuerdo. Pero yo les respondo que la economía argentina, o mejor dicho, la sociedad argentina, no será competitiva ni logrará integrase al mundo sólo por alcanzar el equilibrio fiscal. Y mucho menos a través de una brusca, brutal y frontal reducción del gasto público.
• Estoy apelando a ustedes, líderes del sector financiero, para que comprometan su respaldo a las políticas de reactivación. Porque cuando se habla de la «confianza de los mercados» se está haciendo referencia a las expectativas que despierta una medida económica. Sin duda los bancos forman parte sustancial en la generación de confianza, tanto interna como internacional.




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