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Según el ex secretario de Energía Daniel Montamat, esos datos demuestran que «es falso plantear una disyuntiva entre alimentos y energía, porque los biocombustibles no pueden solucionar el problema energético, de lo que se trata es de diversificar y no de sustituir a la nafta y al gasoil».
Agregó que «es mejor hablar de un proyecto más abarcador que revalorice la energía nuclear y las iniciativas de energía renovables como la solar y la eólica, y un poco de producción de biocombustibles apuntando al mercado internacional».
Montamat también dijo que «tendríamos que avanzar en esto con Brasil porque lo que se firmó la semana pasada entre Bush y su par brasileño Lula da Silva implica la fijación de estándares internacionales para los productos y la Argentina tiene que anotarse».
El experto agrícola Jorge Ingaramo también cree que la fabricación de biocombustibles será oportuna. «Es un uso más que aumenta la renta del suelo y por eso hay más razones para cuidarlo: hay que sustentar la tierra para que sirva de aquí a 20 años para producir cultivos para alimentos, ganados y combustibles».
Añadió que «lo aconsejable son rotaciones adecuadas de los cultivos» y que «la alternativa maíz sobre soja rinde más que soja sobre soja, pero en la Argentina hemos tendido al monocultivo en los últimos 6 o 7 años».
De todas formas, opinó que «no se puede destinar toda la producción para energía y sólo 4 o 5% de la demanda de combustibles podría cubrirse con los de origen vegetal, porque en caso contrario, ¿qué comeríamos?».
Ingaramo dijo que «con políticas de subsidios para aumentar la producción es posible que surjan otros cultivos aptos para biocombustibles como la remolacha y el aceite de colza».
Expertos internacionales también coinciden en que el biodiésel en lugar del gasoil y el etanol en vez de la nafta, sólo pueden pensarse en una pequeña proporción. Siguiendo el ejemplo dado por Chávez, parece cierto que para producir un millón de barriles de etanol, que reemplazarían 8% del consumo actual de naftas en EE.UU., se necesitarían sembrar 20 millones de hectáreas con maíz o caña de azúcar (para poder comparar: en nuestro país se siembran con soja este año unos 16 millones de hectáreas).
Organizaciones no gubernamentales y especialistas agrícolas sostienen que los monocultivos de gran escala para producir biocombustibles «van a promover mayor destrucción ambiental, porque se estimula la deforestación y esos cultivos consumen intensamente pesticidas y fertilizantes».
«Más conflictos por la tierra, más desempleo y migración de la población rural y aumento de los precios de los alimentos» se advertirían si aumenta la importación de biodiesel por parte de Europa, según un estudio sobre la biodiversidad en Latinoamérica. El documento añadió que «las discusiones en la UE deberían concentrarse en los objetivos para reducir el consumo de energía y promover fuentes genuinas de energía sustentable».
También se observa consenso entre especialistas con respecto a que los biocombustibles son sólo un momento de transición hasta que mejoren tecnologías que por ahora son muy costosas como el hidrógeno porque como el motor de los vehículos funcionará a vapor de agua, no se generará ningún tipo de emisión.
En nuestro país, la Ley 26.093 sancionada en abril de 2006 establece que a partir de 2010 será obligatorio mezclar naftas y gasoil con 5% de biocombustible, pero todavía se están esperando definiciones. Se afirma que si los precios internos de referencia para el producto se ubicaran en los actuales valores para combustibles derivados del petróleo en el mercado interno, no sería rentable elaborar biodiésel o etanol.




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