8 de noviembre 2021 - 00:00

Wall Street sube (y con certificado de vacunación)

Jerome Powell, titular de la Fed. 

Jerome Powell, titular de la Fed. 

La Bolsa escala a nuevas alturas. Sin fisuras. El Dow Jones en 36 mil puntos es una realidad (17 años más tarde que la predicción de Glassman y Hassett). Y no lideran las Big Tech sino las small caps del modesto Russell 2000. No son las ínfulas de la tecnología -ni el metaverso-, es el empuje hormiga de las compañías pequeñas que tienen negocios y proyectos aunque no la mano de obra para llevarlos todos a cabo. La estanflación, el mal de referencia en septiembre y octubre, se borró. Replegada la ola delta, EE.UU. sumó 531 mil empleos netos el mes pasado (más otros 235 mil surgidos en las revisiones), la tasa de desocupación mermó a 4,6% y la dolencia no es el estancamiento de la actividad, sí la apatía de una baja tasa de participación. La inflación inquieta -cualquier promedio duplica (o más) la meta de 2%-, pero las tasas largas se relajan. Con el anuncio del taper, la Fed inicia una campaña preventiva de vacunación que planea extender hasta junio 2022. ¿Cuán grave es la inflación si se arregla con una política que consiste en recortar la creación mensual de liquidez por compra de bonos -actualmente en 120 mil millones de dólares- a razón de 15 mil millones por mes hasta llegar a cero? ¿Y qué hay de la suba de tasas cortas? Es tiempo de taper, dijo Jay Powell, y de nada más. Es como si el Dr. Fauci dijera que primero va a administrar únicamente placebo o una solución muy diluida. Busca sedar las expectativas y que no molesten. La vacuna probada y eficaz -ajustar las tasas cortas- vendrá más tarde y sólo si se cruza otro umbral de exigencias. La obsesión de la Fed es la recuperación plena del mercado de trabajo. La inflación le merece consideración, no es todavía un problema pero puede serlo. Si se la ataca con saña ahora será el mismo drama de la última década. Después del choque ni con un guinche se la podrá elevar a 2%. Entretanto se viene otro taper. El que cuenta. No es monetario sino fiscal. El impulso extraordinario de 2021 no se repetirá el año próximo.

Habemus taper. No habemus tantrum (berrinche). La Bolsa se expande, ahora sin culpa. No ocurre a pesar del taper sino gracias al anuncio, con la libreta de vacunación en la mano a modo de talismán contra la inflación. ¿Le alcanza? El mercado bull nació el 23 de marzo de 2020 con el mundo estrenando la cuarentena. Trepó 30% el mes siguiente cuando EE.UU. destruyó 14% del empleo total. La fe mueve montañas. Y la evidencia urbaniza a su alrededor. Los balances certifican hoy un aumento de 40% en las ganancias por acción (en las compañías del S&P 500). La valuación burbujeante es el talón de Aquiles (hace una veintena de años, podría acotarse), pero la amenaza principal, que se encabriten las tasas largas, disminuye con un taper en curso. La tasa de diez años, que superó 1,70% el 21 de octubre, se hundió el viernes a 1,46%. Conviene entender el contexto. La curva de rendimientos no descansa, bulle de frenesí, pero el último mes se aplacó el tramo más largo y se empinó la zona de los 2 años. Es un twist que beneficia a las acciones y a los activos de mayor duración. La revolución de la parte corta de la curva presiona, eso sí, por introducir la suba de tasas antes de lo previsto por la banca central. Sin embargo, Powell le cortó el rostro. Después de lo acontecido en Australia y Canadá podían esperarse represalias. Nadie lo toreó. Y el Banco de Inglaterra, el jueves, sumó un baldazo de agua fría. El consenso descontaba un retoque de 15 puntos base, y la votación fue contundente - 7 a 2 - a favor de dejar todo como está. ¿El aumento quedará para diciembre? Muy probablemente. Sin embargo, una respuesta tan pacífica de un banco central perfilado a priori como agresivo, y dispuesto a sopesar todas las cartas -y a combinarlas como la propia Fed no lo haría (por ejemplo, taper más aumento de tasas)- desarmó la embestida alcista. La tasa de 2 años se desplomó: cayó 21 bps, y mostró los peligros de intentar imponerle el juego a la banca central. En posición de alerta no será sencillo arrinconarla. Ni apostando en contra de su forward guidance ni, como en este caso, irónicamente, a favor. ¿Se cobró venganza Londres de la humillación de Canberra? Ya lo dice el refrán: no te pelees con la Fed. Y, por las dudas, tampoco irrites a la corporación.

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