Fin de una novela que nunca existió: la estadounidense Whirlpool deja de fabricar sus productos en la Argentina. A pesar de versiones lanzadas tanto desde el gobierno nacional como desde la administración puntana, Whirlpool emitió ayer un comunicado en el que indica su «decisión irrevocable» de trasladar todas las operaciones fabriles de su planta de San Luis a la brasileña Joinville, estado de Santa Catarina.
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Curiosamente, el comunicado lleva el título «Whirlpool mantiene sus operaciones en la Argentina», para luego admitir que se van a Brasil. La «continuidad» a la que se refiere el comunicado -que no lleva firma alguna-es la admisión de que, a partir de ahora, las actividades de la empresa en el país se limitarán a (tratar de) vender los productos que se fabricarán en otra parte. Con Whirlpool se va también una marca histórica en artículos para el hogar fabricados en la Argentina: Eslabón de Lujo. La misma había sido adquirida por los estadounidenses hace algunos años, y estaba siendo utilizada para los productos de segundo precio y menores innovaciones tecnológicas.
Ayer por la tarde, según trascendió, hubo un último intento del secretario de Industria, Dante Sica, por convencer a los empresarios de mantener sus opera-ciones industriales en el país, que hasta ahora se habían favorecido por las exenciones impositivas de que disfrutaban en territorio puntano. Sin embargo, la reunión de Carlos Poggi (ministro de Economía de San Luis) con Sica -que apuntaba a ajustar el tema de la promoción industrial-fue casi como discutir el sexo de los ángeles, habida cuenta de que para entonces ya estaba el comunicado de la empresa en la calle.
También trascendió que el ministro de la Producción, Aníbal Fernández, estaría por enviarle una carta a la gobernadora puntana Alicia Lemme, en la que (palabra más, palabra menos) le sugeriría que «no permitamos que las empresas utilicen el argumento de la promoción industrial como excusa para cerrar fábricas». La misiva también indicaría que, en conversaciones mantenidas con la empresa esta semana, «los empresarios identificaron como causa para el cierre de la fábrica la caída en la demanda de heladeras y la enorme suba de costos en pesos». Esto constituiría poco menos que una admisión por parte de Fernández de que el «dólar recontraalto» no sirve para agregar competitividad a todas las industrias: se sabe, por caso, que la chapa que se utiliza para la línea blanca es un commodity con precios en dólares.
Así fue que la gente de Whirlpool actuó con el bolsillo: la envergadura de la opera-ción argentina y los vaivenes políticos de la economía no justificaban mantener abierta la fábrica en la que -hasta el 31 de diciembre-trabajaban 220 personas.
El comunicado justifica la medida en que la misma fue tomada «como parte de una estrategia global» y que la empresa «ha decidido optimizar la utilización de sus activos y concentrar la producción de refrigeradores de la Región Latinoamericana en su fábrica de la ciudad de Joinville».
Whirlpool Argentina SA comenzó sus operaciones en 1988, para posteriormente adquirir la línea blanca de la holandesa Philips. Dentro de esa línea, fabrica (a partir de ahora, en realidad, tratará de vender) productos de refrigeración, lavarropas, secarropas y cocinas, con tres marcas: las mencionadas Whirlpool y Eslabón de Lujo, y Cónsul. S.D.
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