28 de junio 2022 - 00:00

Confía el Gobierno en aval del FMI a las medidas por importaciones

El organismo ya sabía en marzo que de no incrementarse las reservas netas, se avanzaría en las trabas.

Kristalina Georgieva
Kristalina Georgieva

En principio, y en líneas generales, el Gobierno sabe que las restricciones a las importaciones anunciadas ayer tienen el aval del Fondo Monetario Internacional (FMI). Si bien no se ingresó en detalles -no hubiera sido posible en ese momento-, los técnicos del organismo que fiscalizaron de manera virtual las cuentas argentinas durante el mes pasado en el marco de los controles pactados por el acuerdo de Facilidades Extendidas; ya sabían que el Ejecutivo podría avanzar en restricciones a las importaciones.

Se les avisó a los fiscalizadores que el problema estaba latente, que era verdad que los resultados entre ingresos y salidas de divisas no eran los esperados y que, evidentemente, habría que avanzar en más trabas. Desde el otro lado de las computadoras hubo comprensión. Y que la sangría general de divisas era inaceptable para la secuencia de exámenes que el país debe aprobar hasta fin de año para que el FMI coloque un final de aprobado para las metas del 2022. Al menos eso se entendió en Buenos Aires.

Sólo hubo desde los hombres y mujeres de Washington, una especie de reproche ante el hecho de haberse comprobado la predicción del organismo financiero, sobre que el país debió haber presupuestado un piso de u$s2.000 millones más en importaciones de energía por el incremento de los precios internacionales fruto de la invasión de Rusia a Ucrania. Incluso, afirman, ese número quedaría corto, y la cifra final superaría los u$s4.000 millones por arriba de lo esperado.

Fuera de ese reproche, la comprensión del FMI durante las jornadas de fiscalizaciones de mayo pasaron por otro capítulo: la necesidad de garantizar una de las tres metas innegociables que el país debe cumplir este año. Argentina, para aprobar el 2022, deberá llegar a un nivel de reservas de u$s5.800 millones en azul en las cuentas del BCRA, y todo lo que apunte a este objetivo podría ser justificado como mal menor. Incluso hubo en la reunión del board del Fondo del viernes pasado, donde se aprobaron las metas del primer trimestre, la certeza de que la medición del aval o no de los compromisos de 2022, se medirían cuando termine el año. Esto es, durante el primer trimestre del 2023; y no en la secuencia trimestral. Pero donde no habrá novedades es en la alteración de las metas. Dicho de otra manera, Argentina deberá cumplir sí o sí con el volumen de reservas de u$s5.800 millones; aunque la medición final se realice el año próximo y no durante el 2022. Esto no quita que los técnicos del organismo que conduce Kristalina Georgieva hagan marca personal trimestral en cada misión donde se analicen las cuentas locales. De hecho, se dejó en claro en la audiencia del viernes, que se considera la cuenta final que el país deberá pagar este año para proveerse del gas necesario para garantizar el uso doméstico y, fundamentalmente, los requerimientos de la industria.

Para el FMI el número será muy alto, superior a los u$s4.000 millones extras a lo presupuestado; dinero que Argentina no estaría en condiciones de generar. En consecuencia, tendrá que conseguir ese dinero por fuera de lo que se calculó entre el Fondo y los negociadores locales que discutieron entre diciembre y febrero con los enviados del organismo los términos finales del Facilidades Extendidas.

Contexto

Ya el FMI no les creía a los argentinos los números de dólares disponibles para garantizar la provisión de insumos para la industria local en 2022; un dato clave para luego conseguir la meta de crecimiento. Luego, con la invasión de Vladímir Putin a Ucrania, consideran en Washington que las divisas que podría conseguir el país son aún más flacas, lo que aquella promesa de entre 3,5 y 4,5% de crecimiento del PBI es hoy aún más lejana que en enero.

Desde el Ejecutivo hay otra proyección. Se asume que habrá un cheque aún más caro que habrá que pagar para la importación de gas necesario para el invierno 2022 y la provisión de insumos para la producción. Pero aún se hacen sumas y restas, y se afirma que el incremento de los precios para los commodities que exporta el país también estará por encima de lo presupuestado y negociado, y reducirá largamente la cuenta en rojo del gas y la importación de combustibles. Y que, en todo caso, será a fines del año cuando se pueda y deba evaluar con precisión el saldo final entre ingresos y gastos extras fruto del conflicto ucraniano.

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