El Financial Times se ocupó del pedido de suspensión de los sobrerecargos que aplica el FMI en sus créditos

Economía

El economista de la Universidad de Boston Kevin Gallagher publicó una columna donde pide suspender los sobrecargos a los costos de intereses de la deuda que el FMI aplica en sus préstamos.

El economista y profesor de la Universidad de Boston Kevin Gallagher planteó en un reciente artículo publicado por el Financial Times la necesidad de suspender los sobrecargos a los costos de intereses de la deuda que el FMI aplica en sus préstamos.

Con la intención de contribuir a que la economía mundial se recupere, Gallagher, que también se desempeña como copresidente del Grupo de Trabajo Think 20 sobre Finanzas Internacionales del G20 presidido por Italia para este 2021, replicó la iniciativa propuesta esta semana por Martín Guzmán ante los ministros de Economía y presidentes de los bancos centrales del Grupo.

Guzmán pidió ante el G20 que el Fondo Monetario Internacional (FMI) revise y modifique los recargos que aplica en los créditos que otorga sobre la tasa de interés básica, ya que crean inequidades que perjudican de forma desproporcionada a los países de ingresos medios y dañan la estabilidad financiera global.

En esa misma línea se expresó ahora Gallagher. Según su artículo, la función más importante del FMI es proporcionar financiamiento de emergencia a países en una situación económica desesperada que no pueden pagar a sus acreedores. En ese marco, recordó que como respuesta a la pandemia del COVID-19, el FMI ya aprobó 119 programas para 85 países a un costo de más de u$s100.000 millones.

Sin embargo, aclaró que esos países tendrán que pagar más de u$s4.000 millones en sobrecargos adicionales, además de los pagos de intereses y tasas desde el comienzo de la crisis hasta fines de 2022, y subrayó que hoy los sobrecargos son la mayor fuente de ingresos del Fondo, representando casi la mitad de los ingresos durante este período.

El director del Centro de Políticas de Desarrollo Global de la Facultad de Estudios Globales Pardee, de la Universidad de Boston, explicó cómo funcionan los sobrecargos y alertó que el 30% de los países que cuentan con financiación del FMI enfrentan sobrecargos en medio de la crisis, incluidos Angola, Argentina y Georgia.

“Estos sobrecargos han sido un tema de tenso debate desde sus orígenes, cuando se aplicaron por primera vez después de la crisis financiera del sudeste asiático de finales de la década de 1990. Su razón de ser fundamental es limitar la demanda de programas del FMI, alentar a los prestatarios a pagar antes de lo previsto y generar ingresos para el FMI”, detalló, y comentó las consecuencias no deseadas.

“Es importante que los países miembros no dependan demasiado del FMI para obtener liquidez, pero los sobrecargos regresivos y procíclicos no son la forma de crear tales incentivos en medio de una crisis económica mundial”, resaltó.

“El FMI debería suspender inmediatamente estos sobrecargos para ayudar a los países a recuperarse del virus y dar al FMI el incentivo para repensar su modelo de negocio deficiente”, enfatizó.

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Kevin Gallagher es el director del Centro de Políticas de Desarrollo Global de la Facultad de Estudios Globales Pardee, de la Universidad de Boston y copresidente del Grupo de Trabajo Think 20 sobre Finanzas Internacionales del G20 presidido por Italia para este 2021.

Kevin Gallagher es el director del Centro de Políticas de Desarrollo Global de la Facultad de Estudios Globales Pardee, de la Universidad de Boston y copresidente del Grupo de Trabajo Think 20 sobre Finanzas Internacionales del G20 presidido por Italia para este 2021.

A continuación se reproduce la columna completa de Kevin Gallagher en el Financial Times.

Es hora de repensar las cosas

La función más importante del FMI es proporcionar financiamiento de emergencia a países en una situación económica desesperada que no pueden pagar a sus acreedores. Como respuesta a la pandemia del COVID-19, el FMI ya aprobó 119 programas para 85 países a un costo de más de $100 mil millones de dólares.

Sin embargo, resulta que los países que más necesitan del FMI tendrán que pagar más de $ 4mil millones en sobrecargos adicionales, además de los pagos de intereses y tasas desde el comienzo de la crisis hasta fines de 2022. Además, el FMI estima que los sobrecargos se han convertido en la mayor fuente de ingresos del Fondo, representando casi la mitad de los ingresos durante este período. Exactamente al mismo tiempo, los países en desarrollo necesitan cada centavo que puedan juntar para combatir el virus, proteger a los vulnerables y construir una recuperación inclusiva y ecológica. Algo ha salido tremendamente mal con la política.

La pandemia de Covid desencadenó la peor recesión económica desde la Gran Depresión. El Banco Mundial estima que más de 124 millones de personas se vieron empujadas a la pobreza extrema en 2020, y que 8 de cada 10 de los nuevos pobres viven en países de ingresos medios. La deuda federal es un problema que en estos países se agudiza todavía más. Por ejemplo, en Nigeria, más del 50% de los ingresos del gobierno se utiliza para pagar las deudas externa en lugar de combatir el virus.

La región de América Latina y el Caribe ha sido una de las más afectadas, con más de 500.000 muertes y una recesión económica del 7,7% en 2020. En términos per cápita, la región ha retrocedido a los niveles de 2010, lo que ha provocado otra década perdida más. Las Naciones Unidas estiman que muchos países de la región están destinando del 30 al 70 por ciento de los pobres ingresos del gobierno para pagar a los acreedores.

Aunque los países de ingresos medios se encuentran entre los más afectados, la nueva arquitectura del G20 para ayudar a los países a aliviar el sobreendeudamiento (la Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda y el Marco Común) solo proporciona suspensión y alivio de la deuda a los países de bajos ingresos. Además, los esquemas del G20 solo se aplican a los acreedores oficiales bilaterales, como los miembros del Club de París y China, a pesar de que dos tercios de la deuda de los países de ingresos medios son con instituciones financieras internacionales, como el FMI.

Los sobrecargos funcionan de dos formas. Uno es relativo al tamaño del préstamo de emergencia (basado en el nivel) y el otro es en la duración del préstamo (basado en el tiempo). Los sobrecargos por niveles se establecen en 200 puntos básicos sobre el crédito pendiente de pago por encima del 187,5% de la cuota del FMI asignada a cada país. Los sobrecargos basados en el tiempo son 100 puntos básicos adicionales cuando el crédito del FMI ha estado pendiente de pago durante más de 36 a 51 meses, según la estructura del programa. Estos recargos a menudo pueden llevar a que los costos de la deuda se tripliquen.

Actualmente, el 30% de los países que cuentan con financiación del FMI enfrentan sobrecargos en medio de la crisis, incluidos Angola, Argentina y Georgia y hay más que deben comenzar a pagar. Esto está sucediendo en un momento en el cual muchos países de ingresos medianos todavía no tienen acceso a las vacunas y seguirán sufriendo el dolor económico, financiero y sanitario de la crisis.

Estos sobrecargos han sido un tema de tenso debate desde sus orígenes, cuando se aplicaron por primera vez después de la crisis financiera del sudeste asiático de finales de la década de 1990. Su razón de ser fundamental es limitar la demanda de programas del FMI, alentar a los prestatarios a pagar antes de lo previsto y generar ingresos para el FMI.

De más está decir que es importante que los países miembros no dependan demasiado del FMI para obtener liquidez, pero los sobrecargos regresivos y procíclicos no son la forma de crear tales incentivos en medio de una crisis económica mundial.

Las consecuencias no deseadas se dan por partida doble. En primer lugar, los recargos afectan de manera desproporcionada a los países de ingresos medios con cuotas más bajas que, por definición, necesitan tanto un amplio financiamiento del FMI para reembolsar como períodos de reembolso más prolongados para recuperarse de las crisis. En segundo lugar, exigen que los miembros prestatarios paguen más justo en el momento en que más se ven distanciados del acceso al mercado de cualquier otra forma.

Una mejor manera de garantizar que los países no acudan al FMI en busca de préstamos más grandes y a más largo plazo es mejorar el diseño de los programas y el asesoramiento para que los países puedan recuperarse de las crisis más rápidamente. Además, se necesita una nueva asignación de cuotas que sea debidamente distribuida.

Más allá de todo esto, el FMI debería suspender inmediatamente estos sobrecargos para ayudar a los países a recuperarse del virus y dar al FMI el incentivo para repensar su modelo de negocio deficiente.

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