Comienza esta semana la reunión anual de primavera conjunta del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), en la que, nuevamente, Argentina será protagonista.
Martín Guzmán llega a Estados Unidos con la misión de convencer a Goldfajn
Será el primer contacto con el organismo luego de la aprobación del Facilidades Extendidas. El board mira de reojo el cumplimiento de las metas pactadas.
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Por primera vez el país deberá plantear ante todos los que quieran consultar (dentro y fuera de ambos organismos financieros) los planes y estrategias para cumplir con las metas y objetivos del Facilidades Extendidas aprobado el 25 de marzo pasado por el directorio del Fondo. Y donde muchos de los representantes de los países miembros aprobaron la propuesta, pero para darle la derecha a los técnicos del FMI que trabajaron en su negociación y confección; pero, si hubiera sido por ellos y sus gobiernos, le hubieran dado un no a la Argentina. Entre ellos, Estados Unidos, Japón y, quizá, Alemania. Será entonces esta semana la oportunidad para explicarle al mundo que no estuvo equivocado al apoyar el acuerdo, y que las metas pactadas se cumplirán.
Para esto viajó a Washington Martín Guzmán, el jefe de la delegación argentina, con la misión de convencer al mundo que Argentina tiene posibilidades de cumplir el Facilidades Extendidas aprobado el 25 de marzo; algo de lo que el board duda. Y los técnicos del organismo también.
El ministro de Economía, ahora empoderado por Alberto Fernández para la nueva etapa de su gestión (que comienza, se supone, esta misma semana), tendrá encuentros particulares con la conducción máxima del FMI y muchos de los funcionarios colegas visitantes que participarán de la reunión. Pero la cumbre más importante será la que protagonizará con Ilan Goldfajn, el principal responsable de fiscalizar, controlar y, eventualmente, aprobar (o no), las metas comprometidas por la Argentina en el Facilidades Extendidas.
El board del Fondo Monetario Internacional le dio este mandato a Goldfajn el 25 de marzo, en la complicada sesión por la cual el máximo nivel del organismo que maneja Kristalina Georgieva aprobó por unanimidad el acuerdo con Argentina, donde varios países puntuales fueron muy duros en sus referencias sobre la realidad de la economía local; y le exigieron a los técnicos del FMI máxima tensión y análisis para el cumplimiento de las metas fijadas en el acuerdo.
Fue en esa reunión del board donde se dictaminó, además, que haya un adelantamiento de las misiones fiscalizadoras, comenzando en mayo y sumando un viaje más a los 10 programados originalmente (tal como lo adelantó este medio). Fue en el momento en que el FMI habló de “riesgos excepcionalmente altos”, un eufemismo para decir que se lo considera de muy difícil cumplimiento por parte del país.
El de estos días en Washington será el primer cruce donde Guzmán y Goldfjan (que tienen una mirada de la economía mundial absolutamente diferente) concretarán las primeras discusiones sobre la marcha del Facilidades Extendidas; pero ya no sobre su confección, sino sobre su cumplimiento. El que, para el FMI, está seriamente comprometido desde el primer examen de mayo.
En aquella reunión del directorio de marzo, el organismo financiero le había dictado a Golfjan la orden de de ejecutar la aplicación del “Artículo IV” del estatuto, lo que implica que es el principal responsable de controlar que las metas del acuerdo de Facilidades Extendidas se cumplan.
El brasileño- israelí es el encargado de organizar las misiones a Buenos Aires, que estarán encabezadas por la directora adjunta, Julie Kozack, y el encargado del caso local, Luis Cubeddu. Y si bien no está escrito, tendrá que mostrar mano dura, siguiendo el mandato del board, donde los ánimos con la Argentina no están en su mejor momento. De hecho, Guzmán probablemente tenga que responder ante los miembros del FMI el porqué de la relación que se hizo en Buenos Aires durante los días previos a la aprobación del acuerdo por parte del directorio, entre el organismo y la última dictadura militar; algo que molestó, y mucho, en Washington.
La presencia plenipotenciaria de Goldfajn en el caso argentino es un dato clave. Se trata de un firme y extenso conocedor de la situación fiscal, económica y comercial de la Argentina. El sucesor del mexicano-argentino Alejandro Werner quería evitar a toda costa su intervención directa en el cierre del acuerdo e intervenir durante los 12 años de vigencia del contrato el acuerdo firmado. Sabe el destino que tuvieron sus antecesores que debieron atender el caso argentino (el destierro o la expulsión del Fondo), y no quería manchar su carrera en un acuerdo en el que muy pocos creen. Él seguramente tampoco.
Goldfajn es un hombre de buen trato, amiguero, muy conocedor de la Argentina y sus problemas políticos crónicos pero amante de la prudencia fiscal, la solvencia monetaria y los planes de largo plazo. Fue elegido por la propia Kristalina Georgieva en septiembre de 2021 a partir de un largo listado de concursantes en uno de los puestos más importantes del FMI. Nunca se hizo público pero en Buenos Aires se sabe que la directora gerente del organismo optó por el brasileño, dado que conoce las vicisitudes argentinas.
Es un defensor de la utilización de instrumentos como tasas de interés o restricciones monetarias para cumplir metas, junto con una transparencia total al público y mercados en la comunicación de los planes, objetivos y resoluciones de las autoridades monetarias. Considera además a los bancos centrales como los responsables máximos de cumplir las metas monetarias; con lo que le otorga a la entidad que maneja Miguel Pesce un poder importante dentro de la política económica. Es también un defensor de la política de tipo de cambio flotante, lo que le daría al Gobierno una mayor flexibilidad para manejar el dólar oficial.
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