El Gobierno sabe que deberá acelerar los tiempos y preparar los argumentos necesarios para convencer a los enviados del Fondo Monetario Internacional (FMI) que una inflación cercana al 48% es difícil de lograr. Desde el primer momento sabían desde el Ejecutivo que la primera misión del organismo fiscalizadora del Facilidades Extendidas detectaría la imposibilidad de conseguir para este año la meta de un alza máxima de los precios del 48%. Sin embargo se esperaba que la visita llegara para agosto o septiembre, cuando la esperanza local indicaba que el Indice de Precios al Consumidor se ubicaría más cerca del 40% que el 55% actual. Y que, en consecuencia, sería más defendible la meta inalcanzable del 48%.
Suba de precios será un eje central en la misión anticipada del Fondo
Desde el primer momento sabían desde el Ejecutivo que la primera misión del organismo detectaría la imposibilidad de conseguir para este año la meta de un alza máxima de los precios del 48%. Sin embargo se esperaba que la visita llegara para agosto o septiembre, cuando la esperanza local indicaba que el Indice de Precios al Consumidor se ubicaría más cerca del 40% que el 55% actual.
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La directora adjunta del FMI, Julie Kozack, junto al ministro de Economía, Martín Guzmán, durante una reunión en Argentina.
Sin embargo la aceleración a mayo de la primera misión del FMI para fiscalizar números argentinos complicó el panorama; y es probable que los funcionarios locales tengan que mostrar (y explicar y defender) datos anualizados de inflación superiores al 50%. Incluso potencialmente cercanos al 55%; algo que desde Washington se vería como más que preocupante. Ni hablar si la batalla del oficialismo no da los resultados esperados, y el porcentaje se acercara al 60%, algo que se teme pueda ocurrir con la comparación interanualizada de marzo. Será habilidad de los argentinos que reciban al FMI de convencer a los visitantes que lo que sucede con la inflación en el período febrero-abril es sólo circunstancial e irrepetible.
Por ahora el gobierno confía en que habrá comprensión y que un eventual pedido de waiver anual no implicará una crítica ácida, directa o terminal en el Facilidades Extendidas. Sigue confiando el gobierno que para todo el año es defendible un alza final del 50%, sólo dos puntos por arriba del 48%, lo que sería aceptable. Lo fundamental en este caso es que se observe desde el Fondo la situación actual como algo excepcional. Y con responsabilidades compartidas dada el alza de las tarifas y algunos servicios y combustibles, coordinados con el propio organismo.
Expectativas
Se confía en Buenos Aires que esto no implicará la caída del acuerdo, que Washington aceptará el incumplimiento y que se podrá renegociar la variable a un porcentaje más real. Siempre y cuando los dos principales compromisos no se alteren. El déficit fiscal de 2,5% de tope y las reservas aumentando u$s5.800 millones este ejercicio (con una actualización real del tipo de cambio y una reducción de la brecha entre los dólares legales e ilegales), innegociables para el FMI. Suponen en el Ejecutivo que para aquella primera misión estas dos metas serán relativamente fácil de demostrar que se está en el buen camino, con lo que hay optimismo ya en que, para el segundo semestre y pese al alza de los precios, el acuerdo que esta semana tendrá blanqueo desde Washington podría seguir con vida.
Ambas partes ya saben que la inflación es la primera variable del acuerdo aprobado en Washington hace una semana que no se cumplirá. El debate es que tan lejos o cerca estará el IPC de lo negociado originalmente, y si es posible hacia delante mostrar una reducción del índice. Será fiscalizado trimestralmente durante las 11 misiones que entre mayo y diciembre del 2024 están comprometidas con el FMI, y de las que la actual gestión de Alberto Fernández tendrá que responder en al menos 7 de los viajes.
Un Facilidades Extendidas exige siempre aceptar las misiones, otorgándole a los enviados de Washington la obligación de controlar si el país cumplió las metas fiscales, monetarias, financieras y cambiarias; y, si no lo hacen, enviarle estos datos a la sede central para que allí se definan los pasos a seguir. En una primera misión con variables no cumplidas, podría haber correctivos simples y la promesa de revisar el rojo en la próxima misión trimestral. Si el desequilibrio continuara durante un semestre, se debería requerir un waiver al Fondo, lo que habitualmente se otorga, siempre que no haya una distancia profunda entre la meta fijada y el número o porcentaje final logrado.
Cada misión trimestral que visite Buenos Aires, se reuniría además con los principales funcionarios económicos del país, que deberían desplegar los números locales y explicare detenidamente la marcha la economía argentina. Y, los enviados del FMI tendrán el poder de consultar y repreguntar, y eventualmente de cuestionar y discutir los datos que se les muestren. Y de regreso en Washington, podrán recomendar cambios de políticas. Así, los fiscalizadores del Fondo podrán tomar examen a los funcionarios de Economía y de otras carteras, además del Banco Central.




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