Fondos soberanos, ¿serán los aguateros de la crisis?

Economía

Aun con el rescate de u$s 700.000 millones aprobado por el Capitolio, los mercados de Wall St. y Europa seguirán esperando cualquier aporte de liquidez que sacie su sed de crédito. Ese maná existe: está en los fondos de deuda soberana o SWF ( Sovereign Wealth Funds).

Sin embargo, los fondos, posibles salvadores de un match que se viene perdiendo por goleada, encuentran varios obstáculos en la cancha. En primer lugar, el origen de los «equipos». Los SWF se constituyen con el exceso de reservas estatales ingresadas mayormente por ventas de petróleo o commodities. Así, los fondos más gordos juegan por ahora su partido fuera de límite, en la periferia del huracán financiero. Pertenecen a los países árabes y tigres asiáticos, a los que, en mayor o menor medida, la crisis también ya sacude sus propios tableros. De ahora en más, si los fondos se mueven hacia Occidente, lo harán con pies de plomo. Es probable que algunos de ellos, como el GIC de Singapur, el Abu Dhabi Investment y el KIA (Kuwait Investment Authority), estén curados de espanto: son los que aportaron en el último año al Citi y a Merrill Lynch.

Hace pocos días, en China, durante una reunión del World Economic Forum, Peter Mandelson -todavía era el comisario europeo de Comercio; acaba de asumir como ministro de Economía británico-, en un arranque de seducción llamó a los SWF «fondos soberanos de riqueza salvadora-». Un piropo insuficiente, parece. Por eso Mandelson reforzó la invitación: «La única esperanza de liquidez para las compañías occidentales está en los SWF», y «serán las compañías y no lo gobiernos las que presionen» para que ellos aporten.

  • Interrogante

    Esa frase pateó con puntería al nudo gordiano que traba el juego: a las restricciones impuestas por los gobiernos de Europa y el de George W. Bush, recelosos -hasta hoy-de que los SWF extranjeros se utilicen como instrumentos de control sobre sus industrias estratégicas. La pregunta que queda picando, ahora, es cuánto de ese temor perdieron los gobiernos frente a una Wall St. sepultada en iliquidez y pavura. Además, tan rápida va la crisis, que el código de 24 principios «morales y de buen comportamiento» acordado entre los mayores SWF en Santiago de Chile a comienzos de setiembre, pareciera pertenecer al Paleolítico y probablemente sea replanteado, como indican varios consultores.

    Lo mismo que algunas estimaciones. En julio, State Street (mánager en activos para inversores institucionales) calculó que entre todos los SWF se manejaban u$s 3.000 billones (esto es, el rescate del Congreso por cuatro) y que de acuerdo con proyecciones del precio de los hidrocarburos, éstos triplicarían sus inversiones en los próximos cinco años. Una predicción que en la actualidad también es reliquia fosilizada.

    Mientras tanto, varios de los fondos soberanos entraron a moverse. Aunque para jugar, prudentes, desde la defensiva. GIC de Singapur (maneja u$s 300.000 millones) dijo que se expondría sólo a las economías emergentes asiáticas (de su portfolio, 35% está en EE.UU., 34% en Europa y 23% en Asia). KIA de Kuwait anunció que serán selectivos y que apostarán a la Bolsa local, a «gangas» asiáticas primero, y a inversiones inmobiliarias en EE.UU. y Europa después. Pero, no serán -dijo su director-aguateros de los bancos occidentales en problemas.

    Dubai, con cuatro fondos (Dubai International Capital, Istithmar, Dubai World y DIFC Investments) se lame las heridas causadas por los activos que tiene en Europa y EE.UU. Por eso, hace siete días, Dubai World ofertó u$s 5.300 millones para controlar OGK-1, la central eléctrica más grande de Rusia. El gobierno de Mijail Medvedev dejaría sus pruritos anticapital extranjero y estaría por aceptar. (Rusia tiene constituidos dos SWF por un total de u$s 180.000 millones, que Standard & Poor's teme hayan sido expoliados para inyectar cerca de u$s 150.000 millones en el rescate de los mercados moscovitas.)

    En la última semana, el CIC de China se dedicó a comprar acciones de los tres bancos líderes de Pekín.

    Tiene puesta ahora la mirada sólo en su media cancha (en diciembre pasado, CIC adquirió 9,9% de Morgan Stanley, el ex banco de inversióndesbarrancado en setiembre). Aunque ayer hubo fuertes rumores de que el SWF de China invertiría u$s 300.000 millones en bonos del Tesoro norteamericano. La semana pasada, el gobierno de Taiwán anunció que armaría un SWF de u$s 15.000 millones (tiene reservas por u$s 282.000 millones). Lo opuesto al de Japón, donde el flamante ministro de Finanzas, Shoichi Nakagawa, mandó el proyecto para un SWF al banco de suplentes. Con reservas que en agosto llegaban a u$s 996.000 millones, la de Japón es una jugada de pizarra ultraconservadora. Como la estrategia que, frente a la crisis, vienen adoptando los fondos soberanos.
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