28 de febrero 2008 - 00:00

Gatopardismo en precios: guerra Lousteau-Moreno

Guillermo Moreno y Martín Lousteau.
Guillermo Moreno y Martín Lousteau.
Como si fuera un cronista especializado, desde que es ministro, Martín Lousteau le acercó a la presidente Kirchner distintos informes sobre el funcionamiento del INDEC, mes a mes, tan críticos como los que han aparecido en los diarios, aunque con peor pluma. Curioso: para la mandataria, lo que aparece en los medios siempre es opositor, pero lo que lee de sus colaboradores -ya que, con seguridad, debe leer esos escritos-, es observado con menor prevención, aunque diga lo mismo que los diarios. Y, sin duda, esos trabajos puntuales contribuyeron, más bien tarde que temprano, a que el gobierno decidiera modificar por fin el sistema. Aunque, en apariencia, bajo la responsabilidad de quien lo tergiversó: Guillermo Moreno.

Por lo tanto, Lousteau podrá congraciarse con el resto del gremio de los economistas, por la alteración del instituto medidor y su producto, pero no podrá siquiera decir que ganó la batalla. Más bien parece cerca de una derrota final. Tampoco le corresponde el triunfo: son numerosos los técnicos privados que se le anticiparon, se diría que él simplemente los copió, mientras jugaba al doble standard de decir en público que el índice de inflación era correcto y, hacia adentro, le remitía a su mandataria información contraria a sus propias palabras, pero acertada.

Por otra parte, su siembra humorística sobre Moreno (menor, claro, que la de los diarios que lo convirtieron en una «bête noire» de la economía) destilaba en los informes más intriga que versación. Aun así, demolió lo que divulgaba el INDEC de Moreno, casi burlándose: la sobrestimación a la baja de los combustibles, la disminución del rubro turismo o transporte, comparando cifras con la realidad de mercados y supermercados o, simplemente, confrontando comportamientos entre un año y otro. O apeló, en ocasiones, a la conducta de precios en países vecinos para determinadas canastas básicas, explicando que era imposible que en la Argentina hubiera registros de 6% de suba en ciertos sectores mientras los vecinos confesaban crecimientos del doble o el triple. Para él, en su discrepancia, dicen que a enero le computó un alza de 2% (Moreno y el gobierno que no es de Lousteau, aparentemente, determinaron en cambio 0,9%).

Lo más doloroso de sus informes, para Cristina al menos (cuestiones en las que abundó este diario, por ejemplo, y con holgada anticipación), fue confirmarle que la deliberada devaluación de precios ejercida por Moreno supone, en consecuencia, una sobrevaluación de lo que el gobierno estima como crecimiento del PBI, convirtiéndolo tambien en falso (es decir que, al 8,7% revelado por el gobierno habría que descontarle más de 1%). Con lo cual, obviamente, le explica a Cristina que paga un regalo superior a 100 millones de dólares a los bonistas ajustados por PBI (claro, se olvida de lo que el Estado no les pagó honradamente a los tenedores de bonos con ajuste de inflación). Nada nuevo todo esto para lectores de diarios, ni para los economistas repudiables del liberalismo -esa vaga imputación de Néstor Kirchner a los profesionales, avalado por su esposa- que reiteraron previamente esos datos y con los que, naturalmente, debe coincidir Lousteau.

Bajo este clima incierto de antagonismos y conceptos, Lousteau conversó ayer con la señora de Kirchner y Alberto Fernández. Primero con uno, luego con otro. Se supone que mantendrá lo que ha escrito. Pero esa insistencia, si no es satisfactorio el nuevo INDEC que propondrá Moreno, lo acerca a la puerta de salida. O, caso contrario, la puerta será para Moreno. Destinos de funcionarios que, para seguir con los números, se determinan -para fantasear con un reparto probable- 50% por ciento en la Casa Rosada y otro tanto en Puerto Madero. Ya que la pelea no es solamente entre los que compiten por la línea media. A ver si alguien piensa que Moreno y Lousteau son los protagónicos de la novela santacruceña.

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