El presidente Néstor Kirchner dialoga con los periodistas durante el vuelo que lo trajo de regreso luego de su gira por Alemania.
«El Fondo Monetario Internacional quiere un superávit fiscal cercano a 5%, una revaluación del peso para que la divisa norteamericana se ubique en torno de $ 2,20 y reformas estructurales. Estas exigencias no son negociables para la Argentina», señaló una alta fuente del gobierno que pronosticó, frente a ese escenario, una «dura pelea» con el organismo financiero.
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De lo que sí está convencido Kirchner -dicen en su entorno más cercano-es de mantener el superávit fiscal (requisito que siempre reclamó el FMI), ser un país confiable y, por lo tanto, cumplir con los compromisos asumidos por su gestión. De allí la insistencia sobre que la prioridad de pago la tienen los bonistas que ingresaron al canje. Oficialmente, la Argentina mantiene su posición de negociar un acuerdo a tres años con refinanciación de capital y pago de intereses. A cambio, se le pide al organismo que cumpla su palabra. Esto es que cuando se negoció en su momento con el anterior titular del FMI, Horst Köhler, la exigencia era lograr el más alto nivel de aceptación a la propuesta de reestructuración de la deuda y «nunca se habló respecto de los acreedores que no entrasen en el canje».
En el gobierno creen que el actual presidente del Fondo, Rodrigo de Rato, no puede manejar el staff del organismo, que es el que no perdona que la Argentina, a través de la recuperación económica, demuestre que sus recomendaciones y políticas no son la única solución posible. Y explican que, justamente, porque Rato no está pudiendo controlar a la línea, Anne Krueger vuelve a cobrar protagonismo y «ella es una clara defensora de las ideas imperantes en los '90", comentaban allegados al Presidente.
• Desautorización
«Hay vida después del Fondo, y es una buena vida», dijo Kirchner, lo que para el staff del organismo significa una desautorización de su trabajo.
El problema que enfrentan los funcionarios del FMI, según comentan en Washington, es que existe un cuestionamiento en los Estados Unidos acerca del rol de la entidad. Más aún, la experiencia argentina ya se convirtió en un leading case que está siendo analizado por numerosos países. Por ejemplo, en Alemania, en sólo dos semanas (una de ellas coincidió con la gira del presidente Kirchner) se llevaron a cabo dos conferencias organizadas por Inwent, dependiente del Ministerio de Economía y Cooperación de ese país, donde se discutieron las políticas de condicionamientos a los préstamos de los organismos multilaterales. Liliana Franco
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