24 de mayo 2006 - 00:00

Grave: se reblandece restricción salarial de Kirchner

La restricción salarial que, sin estridencias pero con bastante firmeza, había establecido Néstor Kirchner durante el primer cuatrimestre del año, comenzó a reblandecerse en las paritarias «de segunda generación» que se están suscribiendo en estos días. Héctor Méndez, el presidente de la UIA, no pudo firmar todavía lo que acordó con el sindicato del plástico, su sector: una suma fija de $ 150 hace que el aumento total concedido supere en mucho el tope de 19% fijado tácitamente por el gobierno. Pero también en el sector automotor las pretensiones sindicales no ceden por debajo de 30%. Y en el de los químicos hay compañías que amenazan con su cierre si deben soportar algunos arreglos por empresa que rondan 50% de aumento salarial. Un panorama que ensombrece el trabajo de férreos precios fijos del secretario Guillermo Moreno.

Héctor Méndez
Héctor Méndez
Para presenciar la escena que se produjo, mejor no hubieran ido a la Casa Rosada los empresarios Héctor Massuh y Horacio Martínez.

Ambos dirigentes, igual que Hugo Moyano, el jefe de la CGT, fueron testigos involuntarios de la sencilla ceremonia en la que el presidente de la UIA y directivo de la cámara de industriales del plástico, Héctor Méndez, suscribiría el convenio salarial de su sector con el gremialista Vicente Mastrocola.

En medio de la reunión, Néstor Kirchner comenzó a montar en cólera. «Las cosas que se dicen en público hay que sostenerlas con la conducta, en privado, y sobre todo, frente a la prensa. Porque no es una conducta digna estar alabando al gobierno acá y después quejándose delante del periodismo». «Cola de paja», Mastrocola, pensó que el sayo estaba confeccionado para su augusta medida. Su cara reflejaba lo que pasaba por su cerebro: «Milité en el menemismo, soy 'los 90', formé parte del MOP, ésta me la como yo». Por suerte Kirchner aclaró de inmediato que se refería a los empresarios y, sobre todo, a Méndez, que estaba ubicado al lado del gremialista. El Presidente está enojado con las notas que, una y otra vez, aparecenen los diarios contando anécdotas más o menos verosímiles de Guillermo Moreno, su secretario de Comercio, «Lassie» según su definición, un duro que no muerde demasiado si se tienen en cuenta las expectativas presidenciales.

  • Reproches

  • Los tres industriales, es decir, Méndez, Massuh y Martínez, pensaron que la visita a la Casa Rosada les depararía el elogio santacruceño: venían de publicar una solicitada de adhesión al gobierno en vísperas del cumpleaños número 3 y de «la plaza». Pero se fueron con las espaldas cargadas de reproches. En el caso del plástico Méndez, más que irse, huyó desagradado. Nadie le pudo seguir la pista de tan rápido que abandonó el palacio. Encima tiene que justificarse ante otros industriales por haber firmado esa serenata para la que no hubo tiempo -acaso tampoco ganas-de consultar a nadie. Lo mismo le pasa a Moyano en la CGT, por suscribir un documento empresarial redactado por Julio De Vido.

    La mortificación del presidentede la UIA se justificó plenamente. No sólo debió asimilar el sermón presidencial. Tampoco pudo firmar su paritaria. Como obliga el ritual oficial, los plásticos no tendrían un aumento superior a 19%, igual que camioneros, colectiveros, mercantiles, encargados de edificio y otras expresiones del oficialismo gremial. Sin embargo, en el caso de Méndez y Mastrocola, habían combinado una recomposición superior gracias a una suma no remunerativa de $ 150 que se haría figurar como preexistente.

    Claro, para esa picardía no necesitaban un abogado laboralista tanto como un literato que supiera cifrar en la redacción del artículo correspondiente el audaz pase de magia. Ese Borges no apareció. Pedirle el servicio al estoico Pablo Hernández, letrado de los plásticos, sería un exceso que ni el desdén habitual que los sindicalistas sienten por sus abogados podría justificar.

    Dicen que la primera en advertir el defecto fue Noemí Rial, la viceministra de Trabajo, acaso una de las expertas en Derecho del Trabajo más aguda del país. Fue ella quien mandó para atrás los papeles. Carlos Tomada, el jefe de Rial, dice que el gobierno no estableció topes salariales. Pero nadie se anima abiertamente a reclamar más que 19%. Ordenes de Kirchner. Méndez y Mastrocola deberían hacer de nuevo los deberes. Prometieron tenerlos listos para hoy, después de justificar que no se firmó el acuerdo porque se perdieron las lapiceras.

  • Inquietante

    El caso de los plásticos es representativo de una onda que atraviesa hoy a las relaciones laborales, reblandeciendolos límites más o menosimaginarios que se fijaron a las paritarias de la primera mitad del año. No sólo SMATA no quiere ceder, mirando a las grandes terminales automotrices, por debajo de 30% en sus reivindicaciones. Hay casos en los que los aumentos resultan inquietantes, como en algunas petroquímicas (una de Zárate es tal vez la más llamativa) en las que las comisiones internas arrancaron a los patrones acuerdos por empresa con alzas que rondan 50%.Un panorama que debería inquietar a quienes creen, como muchos funcionarios, que con la actual política de precios « taponados» ya se quebraron las expectativas de inflación. Acaso si se miran estos fenómenos haya que revisar el papel de Moreno: apenas cumplió parte de su trabajo, apenas muerde.
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