Historia íntima de la ruptura en UIA
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Desde el principio de esas discusiones quedó claro que la COPAL (alimentarias) estaba dispuesta a asumir la conducción de la central fabril, a caballo de su creciente fuerza: el sector representa 30% del Producto Bruto Industrial de la Argentina, y nuclea a gigantes como Arcor, Molinos Río de la Plata, Kraft/Philip Morris, Quilmes; a empresas medianas como Quickfood y a PyMEs. El hombre elegido era, casi naturalmente, su presidente, Alberto Alvarez Gaiani.
Cuando su candidatura fue aprobada en el MIA por unanimidad, algún allegado al Grupo Techint le sugirió acercarse a Paolo Rocca para gestionar su aprobación, pero habría respondido que el trámite no correspondía: él ya contaba con todo el respaldo que necesitaba de su propio sector, y el MIN (al que adscribe Techint) sólo debía aprobar su designación. La actitud habría disgustado profundamente a Rocca, dado que casi «desde siempre» los presidentes de la UIA contaban con la «bendición» de su holding. Además, era ésta la primera elección en la que Paolo Rocca debía tomar un rol protagónico y no estaba en buenos términos con Sergio Einaudi, «histórico» representante del grupo ante la UIA.
Hubo un último intento de unidad: Carlos Pedro Blacquier convocó a su campo La Torcaza a Pagani, Rocca y a Javier Madanes Quintanilla (Aluar), para tratar de limar diferencias. Según se dice, se le preguntó a Rocca por qué su encono con Alvarez Gaiani, y la respuesta habría pasado más por una cuestión personal que por temas políticos o sectoriales. «No tuvo la cortesía de llamarme...», habría dicho. La reunión terminó con Madanes anunciando que no intervendría en la disputa y Pagani reafirmando la candidatura de Alvarez Gaiani.
• Intento
Techint, a través de Luis Betnaza, intentó bloquear esa candidatura desde el terreno que le resulta más propicio: la interna del MIN. Hubo una votación en el comité ejecutivo del movimiento, que arrojó un empate a ocho; Federico Nicholson, de Ledesma, presidente del MIN, desempató con su «voto de oro» a favor de Alvarez Gaiani. Betnaza contraatacó pidiendo una asamblea de socios del MIN, a pesar de que por estatutos quien decidía sobre candidaturas era el Ejecutivo. La asamblea se fijó para un jueves a las 10; pero la noche anterior sonó el celular de Betnaza: «Luis: ¿por qué no nos juntamos mañana las 8.30, para conversar?». Era Nicholson. Los empresarios se reunieron en el Alvear Palace Hotel, desayunaron y acordaron levantar la asamblea y dejar en libertad de acción a los socios del MIN para votar a quien quisieran. Fue, de hecho, el fin de la unidad. El resto es historia conocida: la apuesta de la lista Industriales fue «dar vuelta» al menos 50 votos de la Consenso. No tuvieron éxito, a pesar de que altos funcionarios del gobierno nacional, gobernadores y legisladores apelaron casi a cualquier recurso para cerrarle el paso de la conducción de la UIA a un sector empresario que identifican con su némesis, Carlos Menem.
Nobleza obliga, Betnaza abrazó a Alvarez Gaiani luego de su victoria por 67% a 33%, y le dijo: «Ahora vas a invitarlo a almorzar a Paolo, ¿no?». Alvarez Gaiani respondió: «Por supuesto».




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