24 de abril 2003 - 00:00

Historia íntima de la ruptura en UIA

-Luis, ésta es mi oferta; lo bajás a Alberto a vice primero, designás al presidente que quieras (puede ser Juan Forn, de Molinos) y se acaba el lío.

-Paolo, yo no podría, aunque quisiera, bajarlo a Alvarez Gaiani; pero además él es el candidato de nuestro sector, elegido por unanimidad... Te pido que ya no hablemos más de este asunto, y si no querés la unidad hacé lo que te parezca más conveniente.

El diálogo entre Luis Pagani, CEO de Arcor con Paolo Rocca, su par del Grupo Techint -que lo llamó por teléfono desde Milán- terminó con cualquier posibilidad de negociación entre los dos sectores que se enfrentaron el martes por la presidencia de la Unión Industrial Argentina. Lo que siguió fue una pelea en la que hubo mucho dinero (la tesorería de la UIA recaudó cerca de $ 500.000 en cuotas atrasadas que habilitaban a votar, cuyo origen nadie preguntó), un gobierno nacional y administraciones provinciales actuando fuertemente en favor de una de las listas, y un durísimo golpe a Techint, que por primera vez en su historia quedará fuera de la conducción de la UIA.

• Interrogante

Lo que siguen preguntándose los industriales es por qué Techint entró en una batalla que hasta los más legos sabían perdida de antemano. O como decía un hombre del sector ganador: «Se metieron en una ciénaga de la que sólo podían salir ahogados».

Los primeros días del año, uno de los dos sectores en que se dividía la UIA, el MIA (Movimiento Industrial Argentino) discutía quién sucedería en la presidencia a Héctor Massuh. Por el acuerdo de alternancia firmado una década atrás con el otro sector, el MIN (Movimiento Industrial Nacional), le tocaba al MIA designar presidente, que sería ungido sin elecciones.

Desde el principio de esas discusiones quedó claro que la
COPAL (alimentarias) estaba dispuesta a asumir la conducción de la central fabril, a caballo de su creciente fuerza: el sector representa 30% del Producto Bruto Industrial de la Argentina, y nuclea a gigantes como Arcor, Molinos Río de la Plata, Kraft/Philip Morris, Quilmes; a empresas medianas como Quickfood y a PyMEs. El hombre elegido era, casi naturalmente, su presidente, Alberto Alvarez Gaiani.

Cuando su candidatura fue aprobada en el MIA por unanimidad, algún allegado al Grupo Techint le sugirió acercarse a
Paolo Rocca para gestionar su aprobación, pero habría respondido que el trámite no correspondía: él ya contaba con todo el respaldo que necesitaba de su propio sector, y el MIN (al que adscribe Techint) sólo debía aprobar su designación. La actitud habría disgustado profundamente a Rocca, dado que casi «desde siempre» los presidentes de la UIA contaban con la «bendición» de su holding. Además, era ésta la primera elección en la que Paolo Rocca debía tomar un rol protagónico y no estaba en buenos términos con Sergio Einaudi, «histórico» representante del grupo ante la UIA.

Hubo un último intento de unidad:
Carlos Pedro Blacquier convocó a su campo La Torcaza a Pagani, Rocca y a Javier Madanes Quintanilla (Aluar), para tratar de limar diferencias. Según se dice, se le preguntó a Rocca por qué su encono con Alvarez Gaiani, y la respuesta habría pasado más por una cuestión personal que por temas políticos o sectoriales. «No tuvo la cortesía de llamarme...», habría dicho. La reunión terminó con Madanes anunciando que no intervendría en la disputa y Pagani reafirmando la candidatura de Alvarez Gaiani.

• Intento

Techint, a través de Luis Betnaza, intentó bloquear esa candidatura desde el terreno que le resulta más propicio: la interna del MIN. Hubo una votación en el comité ejecutivo del movimiento, que arrojó un empate a ocho; Federico Nicholson, de Ledesma, presidente del MIN, desempató con su «voto de oro» a favor de Alvarez Gaiani. Betnaza contraatacó pidiendo una asamblea de socios del MIN, a pesar de que por estatutos quien decidía sobre candidaturas era el Ejecutivo. La asamblea se fijó para un jueves a las 10; pero la noche anterior sonó el celular de Betnaza: «Luis: ¿por qué no nos juntamos mañana las 8.30, para conversar?». Era Nicholson. Los empresarios se reunieron en el Alvear Palace Hotel, desayunaron y acordaron levantar la asamblea y dejar en libertad de acción a los socios del MIN para votar a quien quisieran. Fue, de hecho, el fin de la unidad. El resto es historia conocida: la apuesta de la lista Industriales fue «dar vuelta» al menos 50 votos de la Consenso. No tuvieron éxito, a pesar de que altos funcionarios del gobierno nacional, gobernadores y legisladores apelaron casi a cualquier recurso para cerrarle el paso de la conducción de la UIA a un sector empresario que identifican con su némesis, Carlos Menem.

Nobleza obliga, Betnaza abrazó a Alvarez Gaiani luego de su victoria por 67% a 33%, y le dijo:
«Ahora vas a invitarlo a almorzar a Paolo, ¿no?». Alvarez Gaiani respondió: «Por supuesto».

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