Mientras desde Estados Unidos se vertían al mundo datos sumamente preocupantes sobre el déficit con récord histórico que deberán afrontar, y esto traía la imagen de una nueva etapa recesiva en los países rectores, los mercados de riesgo pivoteaban sobre el hecho económico de alta graduación, como sobre la inminencia del temido inicio de una nueva guerra. Y lo que se corrió por los recintos y las pantallas de grandes y menores fue una sensación de incertidumbres mayúsculas que atan a la demanda y ponen cada vez más nerviosa a la oferta. Febrero se abre de tal modo con bastante problemática global y que, al pasar a nuestro escenario interno, se hace más comprometida en virtud de fallos trascendentes que deberían salir a la luz una vez terminado el período de «feria». Mucho, para un día...
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Los índices porteños tendieron a «matar» buenas plazas, como Cresud, que entró en onda gana-dora, con las que estaban debilitadas. Por sobre esto, aparecía la delgadez de un volumen que por todo concepto no hacía más de $ 26 millones efectivos, uniendo a acciones y certificados. Una primera jornada de apenas «mantener», como máxima meta, que reprodujo el cuadro de las últimas ruedas de enero. Demasiado interrogante que flota sobre la cúpula del recinto, lo que dificulta establecer si el riesgo a correr se justifica con la posibilidad de la ganancia. La eterna lucha del temor y la codicia, que jugará otra pulseada y de allí marcar el rumbo de un mes que no es de lo más favorable, desde lo estadístico, al menos de una década a esta parte. Rueda pobre.
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