Washington (EFE) - La inflación que afronta la Argentina ha sido el precio que ha tenido que pagar el gobierno por su «exitosa política económica de crecimiento con inclusión social», afirmó ayer en Washington la ministra Felisa Miceli. «Todas las políticas que se aplican en cualquier lugar del planeta, en cualquier economía, todas tienen costos... Hemos elegido una que tiene algunos costos, que tiene desafíos que debemos superar» como las presiones inflacionarias, reconoció Miceli, durante un foro organizado por el Centro para la Investigación Económica y Política (CEPR) que encabeza el economista Joseph Stiglitz. En su alocución de poco más de una hora, Miceli dio a conocer los puntos salientes de la economía después de superar la crisis de 2002 en la que los argentinos «estaban en la calle y perdieron la autoestima».
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Miceli señaló que la Argentina-apuesta por el desendeudamiento, una mayor inversión en capital y una presencia del Estado en la vida pública sin estar al servicio de intereses sectoriales o individuales». Recordó que las políticas del pasado fomentaban el crecimiento y aumento de la inversión, pero también incrementaban mucho el desempleo, «dejando fuera de todo tipo de posibilidades a millones y millones de compatriotas».
Ahora, el propósito de la Argentina no es tanto lograr «una autopista al primer mundo, sino salir del infierno», observó. En 2006, la Argentina tuvo que echar mano de sus reservas para cancelar una deuda de casi 10.000 millones de dólares con el FMI y así «ganar grados de libertad en la política económica», resumió.
Respecto de la deuda de 6.300 millones de dólares que tiene la Argentina con el Club de París, indicó que, aunque el gobiernoquiere cancelarla, «no vamos a pagar con reservas porque eso significaría hacer más vulnerable la solvencia» del país». Preguntada por la agencia «EFE» sobre si la Argentina está dispuesta a aceptar las recetas del FMI de controlar la inflación, reducir el gasto público y subir las tasas, Miceli dejó claro que el gobierno pretende trazar su propio camino, «sin recetas copiadas ni traídas de otro lado». «De ninguna manera, cuando no compartamos alguna recomendaciónde política económica no la vamos a seguir. Esta es la diferencia entre tener una deuda enorme con el Fondo, aceptar condicionalidades y definir una política económica respecto de nuestros propios criterios y parámetros», enfatizó.Sobre las persistentes insinuaciones de que el gobierno manipula los datos para subestimar la inflación, Miceli observó que siempre ha existido una discusión sobre «si la inflación que mide el INDEC es real. Lo que nosotros hacemos es trabajarpara que la inflación baje realmente, ampliar la oferta de bienes y servicios, mejorar los canales de distribución... y tratar de que el INDEC diga lo que ocurre en la realidad, que es lo que corresponde».
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