Inflación en EE.UU.: los mercados dicen no preocuparse

Economía

¿Hay que preocuparse por la inflación de EE.UU.? Los mercados dicen que no. Todos los demás lo discuten con fervor. Los eternos vigilantes -los bonos- temen más bien que la economía se desinfle y, al final del día, no logre salir de lo que Larry Summers llamaba, antes de la pandemia, el estancamiento secular. Wall Street que hilvanó 13 cierres récords en 16 ruedas, hasta que tropezó el jueves, alberga un pequeño recelo. Pero no es la inflación ¿Será que la caída sostenida del viernes anticipa una corrección? El sell in May pasó leve factura -la merma más incisiva de 2021, 4%- y bien podría existir una cuenta pendiente.

¿Qué decir del oro y los metales preciosos? La inflación no los excita. ¿Y las criptomonedas, el “oro digital”, y su presunta capacidad de brindar cobertura ante los desvaríos de la moneda convencional? Escaldadas desde mayo -el bitcoin cayó a menos de la mitad de su valor récord- no consiguen levantar cabeza. Nada vaticinó más anarquía que su ascenso espectacular pero, ¿cómo tomar la debacle que todavía no los suelta? Y conste que la Fed cantó piedra libre para todos.

En otros tiempos, ante un mínimo desliz, los mercados pegaban el grito en el cielo. Hoy las tasas de interés susurran a ras del suelo. Lo que brilla en el firmamento son los precios de los autos usados. De ahí la pregunta, ¿la inflación en alza será transitoria o permanente? La madera duplicó su valor de enero a mayo, y sin embargo, hoy cotiza 25% por debajo de cómo empezó el año. Una estrella fugaz.

Mercados aparte, la inflación es asunto de debate acalorado. Y la discusión que cobró fuerza a partir de marzo no se salda. Por su culpa se resintió la confianza de los consumidores en junio (aunque las ventas minoristas, de hecho, crecieron más de lo esperado). Warren Buffett, el legendario inversor, comentó meses atrás que dónde miraba veía aumentos de precios. Hugh Johnston, CFO de PepsiCo, avisó que la compañía modificará su estrategia de precio para adecuarse a una mayor exuberancia.

En su visita a las dos Cámaras del Congreso, Jay Powell, fue acribillado a preguntas por los legisladores, y los republicanos hicieron sonar voces de alarma (como los bonos antaño). El hombre al timón de la Fed reconoció que la inflación es más alta que lo que habían previsto (en especial, él mismo). ¿Van a hacer algo? Ya lo hicieron, en la reunión de junio: corrigieron las proyecciones. ¿Y el tapering, reducir la compra de bonos? No, “todavía está lejos”. ¿Suba de tasas? Menos. Aunque una minoría en el banco central piense que sería lo apropiado hacia fines de 2022. ¿Están seguros? No. La incertidumbre del momento es grande, “y somos humildes acerca de lo que podemos entender”. Pero también sí. La prueba es que al plan de acción original -la inacción hasta que sane por completo el mercado de trabajo- no se le tocó una coma.

Los precios minoristas subieron 0,9% mensual en junio. Los autos usados se encarecieron 10,5% y explican más de un tercio del total. En lo que va del año treparon 29%. La buena noticia es que sus precios, a nivel de mayoristas, hicieron un techo de 26% en mayo y bajaron a 24% en junio. Quizás se están quedando sin combustible. La inflación interanual a junio fue de 5,4%, la más alta desde agosto de 2008. ¿Y qué puede decirse del caos inflacionario de 2008? Nada. Así como vino se fue. Sin rastros. ¿Será igual esta vez? En ese entonces, el motor exclusivo fue el petróleo. La inflación núcleo se mantuvo estable. Hoy trepa de la mano: 4,5%. Pero la lógica es similar.

Es un puñado de bienes y servicios afectados por la pandemia los que impulsan el alza. La inflación subyacente -el corazón de la distribución- no se perturbó. Llevamos cuatro meses de fuerte presión y no se contagia. Como se dijo: “la inflación promedio se disparó en todas las mediciones, y sin embargo la inflación mediana no se movió en ninguna”.

¿Alcanza? Sólo si las expectativas de inflación no se rajan. Y toda la curva del Tesoro por debajo de 2% es un monumento a la estabilidad. Pero conviene anclar también las expectativas de la población, aunque se sepa de su sesgo a la sobreestimación. Las visiones equivocadas también cuentan. Si la inflación no las valida pero animan la toma de decisiones tendrán costos reales. Y esa es buena razón para amansarlas. El tapering es el gesto a la medida de tal propósito. Por eso en agosto, en Jackson Hole, la Fed se dedicará a explicarlo.

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