Inflación: en la región ya empezaron a normalizar la política monetaria

Economía

No se vislumbra un escenario inflacionario como el de los setenta, pero todos se preparan para más inflación y menos crecimiento. Los bancos centrales actúan.

En los últimos dos meses el panorama mundial mudó. Si bien, más allá del debate académico y profesional sobre la transitoriedad o no del actual proceso inflacionario global, todo el mundo parece muy convencido de que lo que viene es más inflación, por un largo tiempo, y como si fuera poco, menos crecimiento.

Así lo reflejan las estimaciones del consenso y la actuación de los bancos centrales, sobre todo de los mercados emergentes y en particular de la región, sin duda una señal para la Argentina. Porque ante los altos registros inflacionarios en la mayoría de los países de la región, sus banqueros centrales ya han comenzado a transitar el camino de la normalización de sus políticas monetarias, en aras de recuperar tasas de interés reales positivas, algo en lo que en el mundo desarrollado parecen tomarse su tiempo.

Hasta hace dos meses atrás, el consenso del mercado - según el JP Morgan Global Economics- espera una tasa de crecimiento para el III trimestre del año del 8,3% y ahora la bajó al 4,5%. Por ejemplo, en el caso de los desarrollados era del 9,6% y la bajaron al 5,4%; la de los emergentes pasó del 6,2% al 3,1% (sobre todo por China), y la de Europa emergente del 4% al 2,6%. Otro tanto pasó con las estimaciones del IV trimestre del 2021. Por lo que fue revisada a la baja la proyección de crecimiento mundial para el segundo semestre del año, con fuertes correcciones para EE.UU. y China. Por algo, ya en EE.UU. y en la UE se han planteado dudas sobre la esperanzadora tradicional temporada de ventas de Navidad.

Entre los principales factores que explican la revisión de las tasas de crecimiento global se destacan la fuerte moderación del consumo vinculada con la pérdida de poder adquisitivo ante el salto inflacionario, lo que se potencia con el deterioro de la confianza de los consumidores que se traduce en menor gasto familiar. Por otro lado, quizás el más destacado a nivel global, son los problemas en las cadenas de suministros asociados a los cuellos de botella en la producción con epicentro en Asia y principalmente vinculados con la fabricación de semiconductores y otros insumos tecnológicos, insumos claves para varias industrias. A esto se suman los inconvenientes en el transporte y la logística, donde no solo siguen los atascamientos en varios puertos internacionales sino la fuerte suba en las tarifas portuarias y de transporte de containers. Por si faltaba algo, sobrevino la crisis energética, también con epicentro en China y en el resto de Asia y en Europa.

Estanflación

De esta forma el combo del aumento en la demanda mundial de bienes y servicios (que ya comenzó a moderarse) y los cuellos de botella en la producción más el aumento de los costos de transporte y ahora de los precios mundiales de la energía, llevó la tasa de inflación a niveles máximos en décadas. A esto se suman los aumentos de los salarios y de los alquileres.

Es insoslayable que la inflación se aceleró. Por ejemplo, el mundo pasó de una tasa de inflación del 1% interanual en el IV trimestre del 2020 a una del 3,1% en el II trimestre del 2021 y se espera una del 3,8% en el III trimestre y del 4,1% en el IV trimestre. Esto es a nivel global. Ya que en los desarrollados se pasó de una inflación anual del 0,5% en el IV ‘20 a una del 3,1% en el II ‘21 y se esperan del 3,6% y 4,2% para el III y IV trimestre, mientras que en los emergentes el camino fue del 1,9% en IV ’20 al 3,2% en II ’21 y se proyecta 3,8% y 4% para III y IV del 2021. Por lo tanto el mundo se desacelera mientras la inflación mundial retoma su impulso.

O sea, un mundo menos amigable para Argentina será el 2022. Pero amén de la reciente aceleración de la inflación lo que está aumentando son los temores de que ésta no sea tan transitoria. Una inflación más alta y persistente presiona más a los bancos centrales.

De ahí que estos han variado la respuesta a los persistentes desbordes de la inflación, con un proceso de normalización de las tasas ya en marcha en el mundo emergente y cierto rezagado en el desarrollado. En la región, el fuerte aumento de la inflación (por un mix de precios de los alimentos y de la energía más shocks de oferta locales) está llevando a los bancos centrales a subir más las tasas de interés.

Por ejemplo, en Brasil, que viene de tasas del 2% ya están en el 5,25% y para fin de año y comienzos del próximo se estiman en el orden del 9%.

Otro tanto en México que ya la tiene en 4,5% y se perfila al 5%, en Colombia del 1,75% al 3%, Chile del 1,5% al 3,75%, Perú del 1% al 2,25%.

Todos están ajustando las tasas de interés al alza. Esta normalización de las tasas es, salvo en Turquía y China, muy probable que se extienda al resto de los emergentes en los próximos meses. Ya en Rusia están en niveles de 6,5% y se estiman en 7,25%, Hungría del 1,65% al 1,95%, Corea del 0,75% al 1,25% mientras que Polonia y Rumania pasan del 0,10% y 1,25% al 0,5% y 2,5% respectivamente entre fines del 2021 y principios del 2022.

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