Todos los sondeos de opinión, sea cual fuere su objetividad ideológica, muestran que la economía es la primera preocupación de la gente, teniendo a la inflación como el principal estandarte, incluso por sobre la pandemia y la vacuna. Sin embargo, pese a los esfuerzos oficiales, la inflación navega, desde hace tiempo, a una velocidad cercana al 50% interanual. Le llevó poco más de un semestre pasar de una tasa anual del 35% a la actual.
La inflación también tiene grieta: ganadores y perdedores
Como en todo en la vida, en la inflación unos ganan y otros pierden. Pero la mescolanza de precios que se ha acumulado en los últimos años impondrá una realidad muy distinta de la deseada.
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Es que la lluvia de pesos del 2020 en una economía en recesión y pandemia, tarde o temprano, iba a terminar impactando en la tasa de inflación, y así fue. En mayo hubo una mejora (3,3%) respecto del 4,1% de abril y en junio las estimaciones privadas muestran un nuevo descenso en torno al 3%. Lo que viene será un cóctel de tira y afloje entre las presiones salariales, los traslados a precios, los vaivenes de la brecha cambiaria y su impacto en expectativas y precios, el menor ritmo de devaluación y demás medidas oficiales tendientes a aminorar el devenir inflacionario electoral.
Pero el marco de situación, quizás, quién mejor lo ilustró meses atrás fue el economista Rodolfo Santángelo al calificar al proceso inflacionario argentino como una carrera del NASCAR donde no se sabe bien quién va adelante y quién atrás. Porque al ver la evolución del set de precios relativos lo que hoy hay en la economía criolla es una mescolanza de precios, que ya viene de años atrás, producto de los desequilibrios macroeconómicos.
Podría decirse que el punto de inflexión fue la fatídica conferencia de prensa, del 28 de diciembre de 2017, en la que la Jefatura de Gabinete en manos de Marcos Peña, y el Palacio de Hacienda de Dujovne y Caputo, firmaron el acta de defunción del “inflation targeting” (metas de inflación) de Sturzenegger.
A partir de ahí el proceso inflacionario entró en otro estadio que tuvo su clímax en mayo 2019 con una inflación que viajaba por encima del 55% anual. El problema de esta mescolanza de precios, donde al estilo NASCAR algunos suben más rápido y se adelantan, otros suben menos y se atrasan y están los pisados por el gobierno marca la tónica de lo que vendrá en un futuro mediato. Porque la experiencia histórica muestra que los precios atrasados siempre terminan alcanzando a los adelantados y no al revés. Tarde o temprano la inflación macro subyacente termina emparejando al resto.
Un buen ejemplo de esta situación es una foto armada por Macroview con la inflación acumulada en los últimos cuatro años (2018-mayo 2020) donde se muestra claramente la ensalada de precios que hay y que en algún momento se reacomodará. El termómetro general marca una inflación acumulada en ese periodo del 275%. Pero hay precios que subieron más de 500%, por ejemplo, los autos, contra otros que aumentaron menos de 200% como alquileres, tarifas, prepagas, educación o comunicaciones. Entre ambos extremos, están los que subieron más de 300%, por ejemplos medicamentos y alimentos, versus los que lo hicieron más de 200% como restaurantes y recreación.
Claro que como señalan los economistas de Macroview, es una ensalada condimentada por los controles y regulaciones oficiales. Vale señalar que en dicho período de análisis el dólar oficial subió poco más de 400% y el blue casi 790%. Además el peso relativo de cada bien o servicio es muy distinto dentro del IPC. Dado que por ejemplo los autos apenas representan un 2,7% del índice general y los medicamentos un 4,2%. En cambio, los alimentos pesan un 27% y la indumentaria casi un 10%. Mientras los más retrasados pesan entre poco más de 2 y 3,5%. Esto para tener una medida de lo que puede venir cuando sobrevenga algún ajuste de precios relativos.
Así están las cosas. Sin duda los autos son amplios ganadores como los medicamentos. Incluso los textiles y electrodomésticos. Y bien atrás las tarifas públicas, excepto combustibles, los alquileres y prepagas, hoy en el ojo de la tormenta. Ni que hablar de los salarios privados formales, salvo alguna excepción como pertenecer a un sindicato fuerte como camioneros o bancarios.
El resto arrastra un fuerte deterioro y rezago. La estrategia antiinflacionaria oficial, de retraso cambiario (gracias a la competitividad acumulada)y semicongelamiento tarifario más los otros condimentos señalados pueden tener éxito con miras a las elecciones, llevando la tasa de inflación mensual al 2 o 3%, pero estacionada allí no quedará. Porque es muy distinto el resultado de esta estrategia antiinflacionaria con una inflación viajando al 25% que al 50% anual.




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