Brasil Agro, la empresa agropecuaria con la que el grupo IRSA aspira a repetir en ese país el esquema de negocios de su controlada Cresud, recaudó u$s 280 millones en su salida a la oferta pública en la Bolsa de San Pablo y en el exterior.
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Además, el papel subió 20% en las dos primeras jornadas de cotización, lo que obligó a incrementar la oferta original (de valor nominal u$s 200 millones) a través de dos mecanismos:
el «hot issue», que permite lanzar 20% más cuando la demanda supera largamente la oferta inicial;
el «green shoe», que le permite al banco que realiza el lanzamiento -en este caso, el Credit Suisse/First Boston- colocar en el mercado 15% adicional por la misma causa que el «hot issue».
Habrá que remontarse a los días del «boom» de las tecnológicas para encontrar un antecedente similar en lo que hace al lanzamiento bursátil de una «start up». Es obvio que en este caso las bases parecen más sólidas respecto de la protección de los inversores que compraron: el negocio de los «commodities» agroindustriales no parece tener techo por estos días, aún con Brasil sufriendo en sus exportaciones pecuarias por causa de la aftosa. De hecho, según datos oficiales, 42% de las exportaciones brasileñas y 37% de los empleos en ese país corresponden al negocio agropecuario.
La nueva empresa, según el prospecto presentado a los posibles inversores, tendrá básicamente cuatro áreas de negocios: el cultivo de caña de azúcar, los granos, la forestación y la cría de ganado. El listado es muy similar a lo que hace Cresud en la Argentina: ganadería, oleaginosas, granos y tambos (tienen uno de los más modernos del país en La Pampa). Sin embargo, en el largo plazo Brasil Agro replicará en ese país lo que es Cresud aquí: un fondo inmobiliario concentrado en propiedades agropecuarias, o sea un fondo que compra, agrega valor y vende esas propiedades con utilidades.
Inversores calificados
Según trascendió, la colocación se realizó entre « inversores minoristas calificados» (la suscripción mínima debía ser de u$s 100.000); en ese segmento se colocó 10% de la emisión. En sentido inverso, en los mercados globales apuntaron básicamente a inversores institucionales. En esta oportunidad Elsztain volvió a asociarse con el magnate brasileño Eli Horne, con quien habían compartido el emprendimiento Brasil Realty, un fondo inmobiliario que tenía desde shopping centers hasta desarrollos residenciales. Horne es dueño del grupo Cirella, que según su cotización en el mercado vale hoy unos u$s 2.500 millones. El grupo que encabeza Elsztain vendió su participación en Brasil Realty en febrero de 2002, o sea en pleno «incendio» y necesitado de hacerse de efectivo para mantener sus negocios en la Argentina.
La primera compra del flamante fondo sería en el estado de Piauí (noroeste de Brasil): allí Brasil Realty tiene una opción de compra para un campo en el que desarrollarán al menos dos de sus anunciados negocios principales.
El presidente de la flamantecorporación será -con sede en Buenos Aires- Alejandro Elsztain, hermano de Eduardo y uno de sus más estrechos colaboradores. En cambio, el CEO estará en San Pablo y será Ivo Alves Da Cunha. Tanto Horne como Eduardo Elsztain, más su socio Saúl Zang, serán miembros del directorio, lo mismo que otros tres independientes en nombre de los accionistas individuales y corporativos.
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