En un escenario totalmente distinto del de la tribuna política (que lo empuja a discursos de corte populistas), Néstor Kirchner mostró claros signos de moderación en la reunión que mantuvo ante seis de los empresarios más influyentes de la Argentina: «No vamos a dar saltos al vacío», les explicó refiriéndose a la renegociación de la deuda que se avecina, aunque reconoció que «habrá mucho ruido e intereses en juego». Kirchner, que los recibió el viernes al mediodía en la Casa Rosada, evitó en todo momento dar detalles respectode cómo sería la oferta-final a los acreedores y mostró especial cautela para no referirse al nivel de quita. «Tampoco le preguntamos detalles porque no era el tema central de esta reunión», explicó a la salida uno de los ejecutivos convocados.
•Interpretación
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El encuentro fue solicitado por el propio Presidente y las invitaciones se cursaron a último momento, el jueves por la tarde. «Fui malinterpretado», respondió Kirchner cuando le consultaron respecto de la posibilidad de caer en default con el FMI el 9 de marzo, cuando vencen u$s 3.100 millones. «En realidad, queremos pagar. Lo único que pedimos es una señal por parte de ellos», señaló el Presidente para que no queden dudas respecto de cuál será la actitud del gobierno de cara a la revisión con el Fondo que se inicia hoy.
Los que asistieron a la reunión fueron Luis Pagani (Arcor), Gerardo Werthein (Telecom),Aldo Roggio, José Cartellone (ambos titulares de constructoras), Luis Betnazza (Techint) y Alejandro Vivanco (Coto). Se trata de los grupos empresarios que liderarían, al menos de acuerdo con el mapa oficial, la « burguesía nacional». Todos integran, además, la poderosa Asociación Empresaria Argentina (AEA), pero fueron invitados de manera individual.
Los ejecutivos coincidieron en el diagnóstico: «2004 viene bien y así lo demuestran los principales datos de la economía, desde producción industrial hasta consumo». Pero también reconocieron que la renegociación de la deuda será un proceso clave para sostener esta mejora: «Es indudable que la recuperación de la economía dependerá de cómo se avance en este proceso», aseguró.
Fue sugestiva la ausencia de otros ejecutivos: no fueron invitados banqueros ni titulares de otras cámaras empresarias. Tampoco ejecutivos de infaltables grupos mediáticos (caso «Clarín»), hoy más cercanos que nunca a Kirchner y que siempre quieren mostrarse próximos al poder en este tipo de eventos.
Lo que no pasaron por alto los ejecutivos fue la ausencia del ministro de Economía, Roberto Lavagna, ya que Kirchner los recibió rodeado del ala política: Alberto y Aníbal Fernández y el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido. Sin embargo, en dos oportunidades el Presidente aseguró que «con Roberto (por Lavagna) estamos trabajando en sintonía», evitando así que continuaran los rumores que crecieron durante la semana respecto de un mayor distanciamiento entre el Presidente y el ministro de Economía.
No hubo pedidos para que se diera un comunicado oficial de apoyo por parte de los empresarios, como sí se había solicitado en otras oportunidades. Es otra señal de mayor moderación del gobierno, que fue eliminando una a una otras ideas por el estilo, como un plebiscito para que la gente se expida sobre la quita de la deuda necesaria, un acto en Plaza de Mayo o una manifestación conjunta de todos los gobernadores peronistas apoyando la posición presidencial de dureza.
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