Kirchner viaja en enero a España. A EE.UU., en febrero

Economía

Néstor Kirchner comenzó a programar dos viajes importantes para este verano. Piensa visitar Madrid en enero y Washington en febrero. La primera excursión tiene un cometido demorado: la firma con el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero de un Tratado de Asociación Estratégica con España. Ese acuerdo se iba a suscribir en octubre, cuando el Presidente estuvo en Salamanca para asistir a la Cumbre Iberoamericana. Se adujeron razones burocráticas para eludir ese compromiso, pero es un secreto a voces que la administración socialista pretende llegar a esa instancia de la relación bilateral una vez que estén despejados todos los motivos de tensión, sobre todo el aumento de tarifas para los servicios públicos. En las últimas 48 horas, a raíz de la discusión con el equipo de Economía de Rodríguez Zapatero, del pago adelantado de la deuda con el Fondo, esta visita cobra un significado más relevante. La que se realizará a Washington, aunque con otro registro, también es clave: pretende reforzar la que ya hizo a Nueva York Julio De Vido para seducir inversiones de ese país y, sobre todo, recomponer el vínculo con el gobierno de George W. Bush, dañado desde la Cumbre de las Américas de comienzos de noviembre.

La decisión de saldar la deuda que la Argentina mantiene con el Fondo Monetario Internacional comenzó a gestarse en Madrid al mismo tiempo que en Buenos Aires. Fue en la tarde del martes, cuando se conoció la noticia de que el gobierno de Brasil pagaría sus compromisos con ese organismo de una sola vez: Néstor Kirchner se comunicó esa noche con Alberto Fernández para que inicie consultas en el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y analice la posibilidad de una salida semejante para su administración, eventualmente con la colaboración española.

¿Gravitó tanto la decisión de Lula da Silva en Kirchner? ¿Este pago adelantado al Fondo de todo lo adeudado fue el resultado de una reacción visceral, comparable con la que desembocó en la expulsión de Roberto Lavagnadel gabinete? Son preguntasinteresantes pero teóricas. Lo que hay que saber es que esa misma noche, en la residencia del embajador en Madrid, Carlos Bettini, Fernández y Felisa Miceli se reunieron a comer con el ministro de Economía y Hacienda de España, Pedro Solbes, quien concurrió acompañado por colaboradores de su equipo. Esta cita se mantuvo rodeada de una gran discreción, tanto que sobre su realización sólo se informó ayer en este diario. El encuentro obligó a suspender la reunión prevista con los empresarios de la Cámara Española de Organizaciones Empresarias, que conduce José María Cuevas. Al mismo tiempo, desde Buenos Aires, Kirchner en persona obligó a clausurar cualquier contacto de sus funcionarios con la prensa.

• Alternativas

Con Solbes, igual que al día siguiente con el director del Departamento de Economía de la presidencia del gobierno, Miguel Sebastián Gascón, se analizaron las alternativas que podría seguir el país delante del Fondo. Se habló de negociar un programa flexible a cambio de una reprogramación de los compromisos y, a instancias de los funcionarios argentinos, también se examinó la receta anunciada ayer por Kirchner, es decir, el pago total de la deuda con Washington.

En la comida con el ministro de Rodríguez Zapatero se comenzó a negociar una ayuda del gobierno español para esta operación argentina. Esto explica el motivo del secreto: la colaboración del socialismo a Kirchner ya induce, tímidamente, a un debate que involucra a la oposición y a algunas empresas en España. Por eso no fue fácil introducir el tema la noche del martes. También porque el Tesoro nacional le debe a Madrid más de 1.000 millones de dólares desde que la administración José María Aznar/Rodrigo de Rato contribuyó con el «blindaje» de la gestión de José Luis Machinea. Ese pasivo pasó a negociarse en el Club de París a instancias de Lavagna, quien también dio los primeros pasos para saldarlo. Es comprensible, entonces, la reticencia de los funcionarios
socialistas. Sin embargo, Solbes y, al día siguiente, Gascón prometieron poner en estudio una nueva contribución equivalente a aquella deuda ya antigua. Otros mil millones de dólares.

Quedan interrogantes que deberán despejarse en el futuro inmediato. Si el pago que se anunció ayer supone que la Argentina no estará atada a requisitos del Fondo, ¿perderán capacidad de presión los que, como tantos empresarios de España, reclaman un reajuste en las tarifas de los servicios públicos? Esta posibilidad habría que ajustarla con la evidencia de que esos precios, discretamente, ya están subiendo en varios sectores (transporte y distribución eléctricos, por ejemplo). Y con otro dato: Kirchner tiene pensado visitar la Península Ibérica en enero, del mismo modo que pretende viajar en marzo a los Estados Unidos. Para esa altura debería firmarse el Tratado de Asociación Estratégica Hispanoargentina que no se suscribió en Salamanca, en octubre pasado. Es difícil pensar que se llegue a esa instancia sin despejar la agenda bilateral de sus renglones de mayor tensión.

El regreso de Fernández y Miceli desde Madrid estuvo cargado de ansiedad. No sólo por las tratativas que se habían iniciado en aquella capital. También por las convocatorias que comenzó a hacer Kirchner ayer, casi desde la madrugada, para que esos ministros comparecieran en la Casa Rosada. Todavía estaban en vuelo; imposible complacer al jefe.

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