12 de noviembre 2003 - 00:00

La economía argentina: lo difícil comienza ahora

Hace dos años, la Argentina estaba al borde del colapso económico. Hace un año, la economía había llegado al punto más bajo, en la peor recesión de la historia reciente del país. Hoy se experimenta la tasa de crecimiento más alta de los últimos seis años, y muchos analistas predicen que puede exceder siete por ciento. La inflación está cayendo gracias a una política monetaria cautelosa; la economía sigue siendo competitiva, luego de la devaluación de 2002; las cuentas externas se muestran sólidas, con un buen nivel de reservas, y las cuentas fiscales se muestran fuertes, gracias a un resultado fiscal primario positivo. Además, todo ello está ocurriendo con el apoyo del FMI, que recientemente aprobó un acuerdo stand-by de u$s 13 mil millones.

La recuperación de la economía es digna de encomio, y hoy las caras de los argentinos se ven mas distendidas, como se observa en el Coloquio de IDEA, que está teniendo lugar en Mar del Plata. Pero, aunque las cosas han mejorado, no puede declararse victoria aún, ya que las condiciones del paciente, la economía del país, siguen bajo observación.

¿Por qué tanta cautela? La respuesta reside, posiblemente, en el hecho de que todavía no se han dado las condiciones para un desarrollo sostenido, y en tanto el resultado depende de las acciones de las autoridades, queda mucho trabajo por hacer. Respecto de esto, surgen también dos preguntas:

1. ¿Puede la Argentina crecer en el contexto del nuevo programa económico apoyado por el FMI? 2. ¿Qué debe hacer el gobierno de Kirchner para que tenga éxito este programa? La respuesta a la primera pregunta es sí, y a la segunda, que hay mucho por hacer. Hay varias razones para ser optimistas acerca de las posibilidades de recuperación:

• El presidente Kirchner ha restaurado en gran medida la confianza en la Presidencia, mostrando honestidad, capacidad ejecutiva y astucia política.

• El gobierno ha negociado un programa con el FMI, que se considera un éxito ya que no se establecieron condiciones importantes adicionales a las que el gobierno consideraba factibles.

• El gobierno ha presentado un plan para la renegociación de la deuda, que supone un corte de 75 por ciento en el valor nominal. Con ello, se busca regularizar eventualmente las relaciones con los acreedores, aunque existe enorme oposición por parte de ellos al respecto. Muchos analistas presentan el programa argentino como «débil». En realidad, si se compara la situación de la Argentina en 2003-'04 con la situación de Brasil de 2000, un año después de la flotación del real, y cuando ese país estaba recuperándose de una crisis financiera importante, existen muchas similitudes, que sugieren las semillas del éxito para la Argentina.

En Brasil, la inflación era moderada, había crecimiento económico, las cuentas externas eran fuertes y el esfuerzo fiscal, medido por el superávit primario, alcanzó 2,5 por ciento en 1999 y 3 por ciento en 2000. Estas magnitudes son sólo ligeramente superiores (en un medio por ciento del PIB) a los valores proyectados para la Argentina para este y el próximo año.

Necesidad

Por cierto, no deben subestimarse los problemas de la Argentina. El país cayó en cesación de pagos respecto de su deuda y el sistema bancario es extremadamente débil después de la crisis de años recientes. Brasil y otros países exitosos en cuanto a sus programas de ajuste se embarcaron en difíciles planes de reformas y trabajaron muy duro para ejecutar sus programas. Si la Argentina quiere tener éxito, debe moverse muy rápidamente para no desaprovechar la oportunidad que tiene dada la popularidad del Presidente y la existencia de un cierto grado de buena voluntad internacional, y que podría perderse debido a un curso de acción poco claro o a luchas políticas intestinas.

¿Qué debe hacer la Argentina para poder consolidar los éxitos económicos ya alcanzados?

• El gobierno debe definir una trayectoria de ajuste fiscal que vaya mas allá de 2004, para poder cubrir el servicio de la deuda después de la renegociación y lograr niveles aceptables de gasto público social. Ya se han hecho avances para mejorar el sistema impositivo, al reducirse el impuesto a las transacciones financieras y buscarse nuevas fuentes de recaudación. Ello debe ser complementado con una reducción y eventual eliminación de las retenciones a las exportaciones, a fin de afianzar las perspectivas de crecimiento del país.

• Debe establecerse un mecanismo permanente de coparticipación, a fin de evitar que muchas provincias regresen a sus viejos hábitos de gasto excesivo, y así preservar la disciplina fiscal global.

• Se debe negociar rápidamente con las compañías de servicios públicos, incluyendo el posible aumento de tarifas y precios. Aun cuando el ajuste lleve algún tiempo, es importante restituir la capacidad financiera de las empresas, y así permitir que inviertan para mantener una calidad de servicio razonable. Todo ello apoyará el crecimiento económico, y además corregirá la impresión de que el gobierno no tiene mayor interés en el rol del sector privado.

• Continuar en forma sostenida el proceso de saneamiento del sistema bancario, tomando decisiones claras acerca de las instituciones que pueden sobrevivir. Se ha hecho progreso en compensar a los bancos por pérdidas que no eran sujetas a su control, pero debe evitarse el uso generalizado de apoyo a los deudores (como en el caso de las deudas hipotecarias), que transfieren el peso del ajuste a los contribuyentes impositivos.

• Encontrar una solución equitativa y rápida con los acreedores internos y externos del Estado. La Argentina está constreñida en su capacidad de pago, y por ello es necesaria una quita importante, pero no puede pensarse que una solución de «lo que se ofrece o nada» pueda sentar las bases para una negociación exitosa. Mientras más se demore la negociación y menos claras sean las señales de voluntad de transar, más demorará en restaurarse un clima favorable de inversión. El gobierno debe sugerir una solución pragmática, que implique un corte menor que el 90 por ciento que efectivamente está proponiendo en este momento. Con crecimiento económico sostenido, el pago puede ser ciertamente mayor que el propuesto en estos momentos.

La lista aquí presentada es larga y requiere de mucho trabajo. Sin embargo, si se completa, la Argentina podrá quebrar el estigma (en parte basado en la experiencia pasada) de que promete pero no cumple, y así tendrá una buena chance de alcanzar una verdadera recuperación a mediano plazo.

(*) Senior Fellow Diálogo Inter Americano, Washington DC. Estados Unidos.

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