25 de noviembre 2014 - 15:45

La estabilidad de los cementerios

Por Iván Weigandi (*)


El martes 18 de noviembre se realizaron en el Alvear Palace Hotel las Jornadas Monetarias y Bancarias 2014. En el esplendor que condecora a este patrimonio histórico de la Ciudad de Buenos Aires, podían cruzarse tanto académicos renombrados de la heterodoxia económica mundial, como banqueros nacionales y hasta presidentes de bancos centrales de países vecinos. Pero más allá del lujo y renombres, lo importante fueron los diagnósticos. Después de tantos años de escuchar las argumentaciones, en el ámbito nacional, que relacionaban el crecimiento de la economía argentina con el viento de cola proveniente de los altos precios de las materias primas en el mercado mundial- como si esto significara, por ejemplo, mayor distribución del ingreso de facto- hoy el estancamiento mundial parece no ser una variable relevante para analizar la coyuntura nacional.

No fue así en estas jornadas, donde los diversos expositores, con diversas temáticas abordadas, coincidieron en el mismo punto. Las economías desarrolladas siguen bajo los efectos de la crisis del 2008, pero ya no por una inestabilidad financiera, sino por una clara crisis de sobreproducción, donde las políticas de austeridad y la búsqueda del equilibrio fiscal solo empeoran la situación, y ante esto poco efecto tienen las políticas monetarias expansivas. A seis años de la peor crisis del capitalismo desde la década del 30, la eurozona no puede bajar el desempleo de dos dígitos, y dentro del mismo continente, donde países de su propia periferia despectivamente llamados PIIGS festejan leves descensos en la desocupación aun teniendo casi un cuarto de su población sin trabajo. En el tercer trimestre de este año el magro crecimiento coquetea entre la recesión y el estancamiento, ya no de la periferia sino de los motores de Europa. La unión de países con moneda única registró un avance del 0,2% en su economía. España (0,5%) y Grecia (0,7%) superaron, sin tener nada que festejar, a Alemania (0,1%) y Francia (0,3%), mientras que Italia deprimió su economía (-0,1%).

En el imaginario conservador, el Banco Central es el guardián del valor de la moneda, mientras los ministros de economía, influenciados por las fuerzas políticas en el poder, son los que llevan a cabo políticas populistas con el riesgo de desatar una espiral inflacionaria. Pero en la historia reciente, las políticas que cualquier economista argentino acusaría de ser de carácter inflacionario, como imprimir sin pudor cantidades de billetes impronunciables, o mantener tasas de interés históricamente bajas, las llevan los bancos centrales sin tener efectos en los precios de estos países. En cambio la política fiscal es la altamente regresiva, ignorando los efectos positivos del consumo y el gasto público sobre el ciclo económico. Mientras que la Comisión Europea obliga a Francia a reducir su presupuesto, Alemania fija arbitrariamente su propio equilibrio fiscal sin importarle los efectos la caída de su demanda sobre las exportaciones de los países vecinos. Hasta el Secretario del Tesoro estadounidense, Jack Lew habla de que Europa debe introducir estímulos fiscales a la demanda domestica si no quiere tener una década perdida en lo que respecta a crecimiento.

Entre 2010 y 2013 pudo sentirse la ausencia del crecimiento de los países desarrollados, tal es así que el 70% del avance de la economía mundial fue contribución de los emergentes. El caso más emblemático es el de China, que en 1995 representaba el 5,6% del Producto Bruto Mundial, y en la actualidad supera el 17%, amenazando el primer puesto de Estados Unidos. Las estériles propuestas presentadas en el G20 para re dinamizar el crecimiento de los desarrollados, solo aluden a facilitar las inversiones privadas flexibilizando aun más los requisitos legales y las condiciones de bienestar de la fuerza laboral mundial. Y en lo que respecta al rol público, se concede al Estado como un facilitador de la infraestructura necesaria para maximizar el margen de ganancia del capital privado. En palabras vulgares, se sigue facilitando las condiciones para la producción de mercancías con mayores utilidades, sin preocuparse en quien va a ser el consumidor de éstas.

La inestabilidad financiera se acabó para Europa, la inflación no es una amenaza, su moneda no sufre presiones cambiarias, y sus tasas de intereses no sufren de volatilidad. Hasta sus niveles de desempleo son estables. Pero estables no significa bajos, ni mucho menos óptimos. Citando las palabras de Alejandro Vanoli en el cierre de las jornadas del último martes, pareciera que "la estabilidad de los cementerios fuera realmente valiosa".

(*) Integrante del Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular (GEENaP)

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