8 de octubre 2002 - 00:00

"La primera etapa de Lula sería errática y traumática"

San Pablo - José Arthur Giannotti es uno de los intelectuales más calificados de Brasil. Filósofo, conduce el Centro Brasileño de Análisis y Planeamiento, que fundó hace décadas con Fernando Henrique Cardoso, de quien es amigo íntimo (fue el invitado a la mesa del presidente cuando éste recibió a Bill Clinton en Brasilia, el año pasado). Politizado y agudo, Giannotti analizó para este diario la perspectiva de un gobierno de Luiz Inácio Lula Da Silva. Lo central de su juicio: el Partido de los Trabajadores atravesará una primera etapa de gobierno errática hasta comprender, después de un trauma, las dificultades que ofrece hoy la economía y el contexto internacional para dar respuesta a las expectativas de mejoras sociales que se crearon en torno de Lula. Giannotti hace también un balance de la gestión de Fernando Henrique y pronostica cómo serán las relaciones exteriores del PT en el gobierno. Lo que sigue es lo más importante de la charla con este enviado especial.

Periodista: ¿Cuál es la discusión principal de este turno electoral en Brasil?


José Arthur Giannotti:
La gran cuestión actual en Brasil, que es la inserción de la sociedad brasileña en el capitalismo, no está a la vista. Está oculta o soslayada.

P.: ¿Por qué?

J.A.G.: Porque se produjo una distorsión en el debate. Esa distorsión tiene que ver con que José Serra no se ha plantado como el candidato del oficialismo. Lo que aquí llamamos el candidato «de la situación». Esto ha permitido que Lula se comporte como el candidato de la conciliación, capaz de contener debajo suyo posiciones encontradas. Este es el principal significado de lo que la prensa llama «Lula amor y paz», es decir, un candidato que ha podido ocultar sus contradicciones. Esto le provee la posibilidad de encolumnar sectores diversos detrás de sí, inclusive una izquierda que tal vez con un rigor mayor en las definiciones no estaría tan conforme con el candidato del PT.

P.: Quiere decir que hoy Lula ocupa, engañosamente, el lugar del oficialismo, de la conciliación, del consenso, que debería ocupar Serra. ¿Qué sucede con Serra?


J.A.G.:
El formó parte del gobierno en todos estos años. Pero mantuvo una política constante de crítica al gobierno. Serra se identifica con Fernando Henrique Cardoso y no con el gobierno. Sus diferencias con Pedro Malan y la política económica han sido ostensibles. Ubicado en esa posición de oficialismo crítico -más crítico que oficialismo- no tuvo la astucia de romper la ambigüedad de Lula.

P.: ¿Qué es lo que esconde Lula con su ambigüedad? ¿Esconde a la izquierda retardataria o esconde un rostro más moderno que no puede mostrar todavía frente a su base electoral más radical?


J.A.G.:
El PT y Lula han tenido una conducta hostil con todo lo que significó modernización en el país durante la última década. No quisieron firmar la nueva Constitución, se opusieron al plan real, se opusieron a la reforma previsional, a cada una de las privatizaciones, recusan el ALCA, es decir, todavía no demostraron constituir una izquierda moderna. El PT no es un partido que haya digerido, como lo hicieron casi todos los partidos de izquierda europeos, la crisis del socialismo. Sigue instalado en consignas de los años '70.

P.: Tiene un juicio cerradamente crítico sobre Lula...

J.A.G.:
A ver. Lula es el mayor líder social de la historia de Brasil, ¿correcto? Representa el fenómeno más eficiente de presión social sobre el Estado que se dio en nuestro país. Además organizó un partido de izquierda, el PT, muy sustentable. Pero le falta una etapa de modernización que sí se verificó en muchos partidos de su tipo en Europa. ¿Un indicio de esta carencia? Lula no puede distinguir entre sus economistas a un profesional que conozca los meandros del capitalismo financiero como Arminio Fraga. No tiene un Fraga. Y esto es delicado en un momento como el actual, en que el país debe buscar una forma de inserción en el capitalismo cuando el capitalismo atraviesa una crisis monumental.

P.: ¿Qué balance hace de la gestión de Fernando Henrique Cardoso?


J.A.G.:
Fue una especie de coito interrumpido (risas). Siempre ahí de gozar y no conseguirlo porque venía una nueva crisis externa. Aun así hubo avances importantísimos. El del «agrobusiness» es impresionante: con la transformación de Mato Grosso y la extensión de área sembrada de soja y maíz, Brasil podría teóricamente alimentar al mundo. En las industrias textil y automotriz hubo avances similares, que abrieron las puertas del mercado internacional. Igual sucede en el sector siderúrgico, a pesar de las limitaciones de los Estados Unidos y de Europa para recibir nuestros productos. A diferencia de lo que sucedió en la Argentina, el parque industrial brasileño no fue afectado en la etapa de reformas.

• Crisis

P.: ¿Y por qué, entonces, el coito era interrumpido?

J.A.G.:
Porque todo el grupo de Fernando Henrique confió en una expansión del capitalismo sin una crisis inminente. Crisis siempre hay en el capitalismo pero no la veían allí nomás. Pensaron que habría más tiempo para aprovechar el capital disponible durante la expansión. A esto hay que sumarle que las reformas fueron viscosas. Hubo una revolución en las telecomunicaciones pero la reforma energética fue dicotómica, con un modelo de privatización y otro estatal, que impidió la inversión. Y hubo una demora enorme en la reforma previsional que es el gran problema de Brasil, que tiene un déficit de 54.000 millones de reales. Agregue la decisión de mantener el tipo de cambio fijo durante bastante tiempo, que el gobierno de Cardoso pagó carísima, igual que les sucedió a ustedes en la Argentina.

P.: No menciona el problema de la deuda, que es el más angustiante para cualquier observador.


J.A.G.:
Creo que todavía es un problema manejable siempre y cuando se tome conciencia de que de cada 100 reales el gobierno sólo puede disponer libremente de 5. Los demás están comprometidos. Esto implica muy poca capacidad de maniobra y la necesidad de un ajuste importante en el área social. Allí es donde Lula creó las mayores expectativas. La inserción internacional es un problema delicado, sobre todo cuando en el gobierno de los Estados Unidos tenemos a un cowboy. No veo cómo insertarnos en el mundo si no se distribuyen los polos de poder y Europa adopta un mayor protagonismo. Aquí es donde vale mi pasión por el Mercosur, que me parece clave para negociar con el mundo en el próximo período. Hay que terminar con el sueño de un país cerrado, como si fuera India o China.

P.: ¿Usted cree que entre los que rodean a Lula existe esa propensión?


J.A.G.:
Sí, creo que está esa fantasía. Y por eso hay empresarios que se vuelcan a él. Observe que son empresarios muy dependientes del mercado interno, que tienen la ilusión de que un gobierno del PT los va a proteger del mundo y de la competencia internacional.

P.: ¿Cómo imagina la transición hacia el nuevo gobierno?


J.A.G.:
Muy racional y moderna. Nunca hubo nada igual en la historia de Brasil, donde un comando pasa el gobierno al otro con tanta cordura. En realidad el presente está lleno de virtualidades. ¿No es una innovación total para América latina que un electorado de más de 110 millones de personas vote como lo hizo ayer el brasileño, con índices de abstención bajísimos?

P.: ¿Usted imagina que en el futuro puede haber algún tipo de cooperación entre el partido de Cardoso, el PSDB, y un gobierno de Lula?

J.A.G.:
La lógica de la campaña por la segunda vuelta aleja esa posibilidad. Pero hay un dato inocultable: la mejor tecnocracia brasileña está en el PSDB. A la larga, Lula no podrá ser ajeno a esto. Claro que tal vez requiera de una primera etapa de experimentación, errática y, tal vez, fracaso traumático. Imagino después colaboraciones puntuales. El PSDB no puede embarcarse ahora en la aventura de una cooperación mayor con el gobierno del PT.

P.: ¿Cómo imagina las relaciones exteriores en un gobierno del PT?


J.A.G.:
En el inicio habrá seguramente un apaciguamiento con los Estados Unidos y una aproximación a Europa y América latina. Si aparecen obstáculos en estas relaciones, es decir, si hay reacciones hostiles, entonces no descartaría una etapa de tipo nacionalista y populista a la (Hugo) Chávez, de quien Lula ya se declaró admirador.

P.: Durante toda esta charla me dejó la sensación de estar haciendo esfuerzos enormes para ser optimista, con poco resultado.


J.A.G.:
Siempre hice esos esfuerzos. Recuerdo a mi profesor Joao Cruz Costa, que en los años '50 contaba esta historia. Había un padre que tenía dos hijos, uno optimista y otro pesimista. En Navidad, a uno de esos hijos le trajeron un caballo. Al otro le regalaron la bosta del caballo. El primero fue a ver al padre y le dijo: «Me regalaron un caballo pero ¿dónde lo voy a guardar?, ¿cómo voy a darle de comer?, voy a tener que gastar en veterinarios...» y así seguía. El otro salió de su cuarto y encontró la bosta del caballo. Fue a su padre y le dijo: «Papá, me regalaron un caballo, voy a ir a buscarlo». Creo que con Lula los brasileños estamos por recibir un caballo.

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