La reforma tributaria apunta a reducir la presión en 1,5 puntos del PBI en cinco años
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Los impuestos en cascada (impuesto a los créditos y débitos bancarios y los provinciales a los ingresos brutos) son una fuente de distorsiones del sistema impositivo, según la opinión tanto del Gobierno como de especialistas en tributos. Se entiende que generan incentivos a la integración vertical, a la concentración geográfica (vía las alícuotas de extraña jurisdicción), a la desintermediación financiera y un considerable sesgo anti-exportador.
Los cálculos del Palacio de Hacienda arrojan que ningún otro país del mundo recauda, como Argentina, 6 puntos del PBI, en esta clase de tributos. En este sentido, la propuesta oficial consiste en aumentar gradualmente hasta 100% el porcentaje del impuesto a los créditos y débitos bancarios que pueda pagarse a cuenta de ganancias. También el gobierno prevé trabajar en acuerdos con las provincias para que reduzcan gradualmente las alícuotas de los impuestos a los ingresos brutos y a los sellos.
• RENTA FINANCIERA
En el Gobierno se considera que la Argentina es un caso raro en América Latina y el mundo al no alcanzar a numerosas rentas dentro de la imposición a los ingresos personales. Para avanzar hacia un sistema tributario más justo y equitativo -afirman desde el oficialismo - la reforma propone gravar la mayor parte de las rentas financieras actualmente exentas, con tasas del 15% para las colocaciones en UVA/CER/moneda extranjera y 5% para las colocaciones en pesos, con un mínimo no imponible para preservar a los pequeños ahorristas.
Si bien en el Palacio de Hacienda reconocen que se puede de alguna manera estar gravando la inflación contenida en los rendimientos, son enfáticos en cuanto a que en todo el mundo se grava a la renta financiera, como se grava a un alquiler o cualquier otra renta. En el caso de la Argentina, como las alternativas financieras para las personas humanas están exentas, se optó por tasas "relativamente bajas" según la estimación oficial. Pero se las considera necesarias para evitar distorsiones como la de empresarios que retiraban dinero de sus compañías y realizaban inversiones a título personal porque las personas humanas hasta ahora están exentas.
Analistas financieros calculan que partiendo de una Lebac que actualmente paga aproximadamente un 27% anual, si se aplicara la renta financiera de 5% el retorno sobre este título se reduciría en 135 puntos básicos, es decir casi lo mismo que subió la tasa de referencia el Banco Central (150 puntos), comentan no sin suspicacia en el sector.
Otra de las propuestas consiste en la eliminación del impuesto a la transferencia de inmuebles y la introducción de un impuesto a la ganancia de capital realizada con la venta de inmuebles no destinados a casa-habitación. En los considerandos de la iniciativa se señala que esta modificación reducirá los costos de acceso a la vivienda y fomentará la formalización de la actividad inmobiliaria.
• IMPUESTOS INTERNOS
En cuanto a los impuestos internos, se propone reducir los que gravan productos electrónicos, que hace tiempo dejaron de ser artículos de lujo y se utilizan en casi todas las actividades productivas. De esta forma, la alícuota actual de 17% para celulares, televisores o monitores se reduciría a cero. Además, apunta a diferenciar la imposición entre vehículos de distinta gama, por lo que se propone reducir los impuestos para los vehículos de gama media y aumentarlos para los de alta gama. Por caso, las motos de gama media (entre $70 mil y 140 mil) tendrían una reducción del 10 al cero por ciento de la alícuota y las motos de gama alta (más de 140 mil pesos) tendrían una suba al 20%.
La iniciativa oficial toma en cuenta que el consumo de productos perjudiciales para la salud tiene costos individuales y costos sociales (daños a terceros, gastos del sistema de salud). Por esta razón se propone desincentivar su consumo (y de paso recaudar) a través del aumento de impuestos a las bebidas alcohólicas y bebidas con azúcar agregado. Así, para la cerveza se propone una suba del 8 al 17% de la alícuota. Los espumantes y el champaña, que estaban exentos, pasarían a pagar 17%, y lo mismo sucedería con los vinos y sidras. En el caso de las gaseosas que actualmente tributan entre 4 y 8%, pasarían a estar exentas las que no tienen azúcar añadido y 17% las que contienen azúcar.
La utilización de servicios digitales pasaría a estar gravada con el 21% IVA (reservas de hoteles, pasajes, Netflix, spotify entre otras). Desde este punto de vista, el Gobierno sigue normativas de la OCDE que proponen cobrar impuestos en los países donde se consumen estos servicios y se contempla que las tarjetas de crédito operen en el futuro como agentes de retención.
Otra de las novedades es la modificación del impuesto a los combustibles para que este dependa de la cantidad de dióxido de carbono emitido. El impuesto afectará al principio a combustibles líquidos y de 2020 en adelante se aplicará también sobre gas natural, GLP y carbón. Se proyecta unificar en uno sólo los impuestos a los combustibles estableciendo una suma fija que se ajustará por inflación. En la actualidad el impuesto a los combustibles varía tanto cuando se modifica el tipo de cambio como cuando fluctúa el precio internacional de los hidrocarburos. Al proponerse una suma fija se evitarían estas oscilaciones dando mayor estabilidad a los precios energéticos.
La reforma implicará una reducción en la presión tributaria nacional de 1,5 puntos del PBI al cabo del quinto año, lo que se sumará a la reducción de 2 puntos del PBI que tuvo lugar desde 2016.
Pero en el Gobierno consideran que gracias a la reforma bajará la evasión y crecerá más rápido la economía (en 0,5% del PIB adicional por año durante al menos 5 años) y con estos impactos la reforma le costará al Tesoro Nacional solamente 0,3% del PBI a la vez que aumentará los recursos coparticipados a las provincias.




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