La Solidaria, con nuevo dueño, quiere ir a las provincias
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Es un hecho que como parte del acuerdo de paz CIRSA le tendió un «puente de plata» a Franco en la Argentina y aceptó quedarse con la mitad (más el manejo) de Gejinsa/La Solidaria a cambio de unos u$s 8 millones, que es la deuda acumulada de la empresa. CIRSA mantendrá la sociedad con Manuel Durán, el ideólogo de la importación del producto al país.
Durán fue directivo de la ONCE (Organización Nacional de Ciegos de España), cuyo único producto es la lotería de ese nombre, idéntica en concepto a La Solidaria: una apuesta chica, empleo para discapacitados y buena parte de las ganancias que se destinan a obras sociales y ayuda médica a los minusválidos.
Como suele suceder en estos casos, la fórmula introducida con manual y todo desde Espa-ña no funcionó aquí: la empresa perdió plata, el plantel de empleados se redujo desde casi mil a sus actuales 450, las disputas con el gremio se llevaron buena parte de los fondos y la energía de sus socios, y los vendedores -sin motivación moral ni económica-estuvieron siempre muy lejos de cumplir los objetivos de mínima planteados por sus empleadores.
Ahora, CIRSA intentaría reflotar el producto; el relanzamiento incluirá la expansión de La Solidaria hacia fuera de la Capital Federal, único territorio en el que -hasta ahora- pueden ofrecerse los billetes, con la idea de que la empresa cumpla con los dos objetivos por las que se creó: ser rentable para sus dueños y cumplir con su rol social.
Los nuevos dueños habrían detectado un bajísimo nivel de motivación en su fuerza de ventas, pero también una percepción negativa en el público del producto: en un trabajo de campo que habrían encargado antes de tomar la empresa se demostraría que la gente en general emparenta a La Solidaria con la limosna o con una dádiva. Ese aspecto del producto será lo primero que intentarán modificar.
De todos modos, deberán enfrentar el hecho de que las loterías «pasivas» (o preimpresas) están perdiendo terreno frente a las «activas» (en las que el jugador elige los números que apuesta, como el Quini, el Loto, etcétera).
Espaldas para «aguantar» no les faltan: según pudo averiguar este diario, el Casino de Buenos Aires cerrará el ejercicio 2000 con una utilidad neta cercana a los u$s 25 millones. La Lotería Nacional -que se queda con 20 por ciento de los ingresos brutos del casino flotante- habrá percibido u$s 28 millones en el mismo período.
En este sentido hay que apuntar que el pasado jueves quedó promulgada la Ley de Juegos votada por la Legislatura porteña, en cuyo capítulo 30° se insta al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires a tomar todas las medidas necesarias tendientes a la clausura del casino flotante.
Esto, mientras Aníbal Ibarra negocia con Lotería Nacional -que el miércoles cambió toda su cúpula- que le ceda 30 por ciento de lo que le ingresa por las apuestas que se hacen en territorio capitalino.
Difícilmente Ibarra -a pesar de las presiones que sufre de sus compañeros del Frepaso-acepte renunciar a semejante fuente de ingresos, sobre todo porque sabe que antes de conseguir el cierre de la sala de juegos deberá enfrentar un prolongado y trabajoso proceso legal de difícil pronóstico.
Mientras, la gente parece votar con los pies en el tema del casino: durante enero -un mes «temporada baja»- el promedio de concurrentes al barco anclado en la Dársena Sur rondó las 4.000 personas diarias, levemente por debajo de los guarismos del resto del año.




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