En realidad no hay nada para celebrar. Con tantos muertos, la primera recesión global desde los '30 a la vuelta de la esquina y un futuro incierto en el frente militar, sólo los muy tontos pueden festejar la suba que tuvieron ayer las acciones (medidas por el S&P 500). En primer lugar porque más que de suba debemos hablar de «rebote» frente a la brutal baja de la semana pasada en la que las acciones norteamericanas perdieron algo así como el equivalente a toda la producción del continente al sur del Río Grande en el último año (México, Brasil y la Argentina combinadas). En segundo término, porque las noticias económicas que se conocieron a lo largo de la jornada fueron en su gran mayoría «negativas» para el mercado, aun cuando éste prefiriese hacerles oídos sordos. El caso más notable fue JDS Uniphase que anunció menores ventas que las que esperaba el consenso del mercado, pero que de todas maneras terminó el día con una suba de 19%. Haciendo gala de su tradicional «oportunismo», Abby Joseph Cohen, recomendó incrementar la proporción de acciones de cartera. La estrategia (seguida también, pero con más mesura por Tom McManus del Bank of America Securities), es algo ya conocido para los operadores más viejos: al ver las operaciones sobre futuros del S&P trepando en un trasfondo firme, más de 2% a las 6 de la mañana y alcanzando a mejorar más de 3% para las 7, la economista se aventuró a lanzar su «predicción». Sin importar demasiado qué pasará mañana, la «gurú» saltó a las primeras planas merced a una prensa afín y desinformada, que la ubicó entre las principales razones de la suba de los títulos. La realidad es que venimos de un mercado sobrevendido, que ante la aparición de los primeros compradores reaccionó con una fuerte suba. A esto se sumó la falta de noticias armadas durante el fin de semana, que da la sensación de que fue bienvenido por el mercado y la decisión del gobierno de hacerse cargo de algunos de los imponderables más importantes del negocio aéreo. Por último redondeándolo todo el derrumbe del precio del petróleo que experimentó retrocediendo a u$s 22,01 por barril la mayor caída en 10 años (desde la guerra del Golfo). Motivo: simplemente recesión global y una apuesta a que la «guerra» no afectará el suministro del fluido. Esto, junto con un dólar que se revalorizó gracias a la intervención del Banco de Japón y un mercado de bonos apático permitieron que el Dow terminara el día en 8.603,3 puntos, con una mejora de 4,46%. Lo malo, el volumen que no acompañó. La mejora de los precios es bienvenida, pero por ahora es sólo un mercado «que se lame las heridas» ...
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