La suba de salarios y de precios inicia el proceso de destrucción

Economía

Los salarios aumentan en la carrera contra la inflación y se han convertido en un motor que la impulsa. Todo mayor costo, de un modo u otro, se traslada a los consumidores, que son el último eslabón del circuito económico. Nunca funcionó y menos ahora el control de los precios como un sistema eficiente para controlar la inflación. Tampoco fueron útiles los pactos o acuerdos marco sobre precios y salarios, si no se atacan las causas de la inflación.

Los controles no son la esencia de la economía de mercado, y si a alguien obligan a producir, vender y cobrar a pérdida, seguramente, por alguna vía buscará el equilibrio y, si fuera posible, rentabilidad. Las empresas sin rentabilidad pelean por su subsistencia o quiebran. Con un índice de inflación falso como el publicado por el INDEC, según emerge de cualquier análisis serio que se realice, se ha perdido el punto de referencia entre el valor nominal y el valor real.

Los efectos de este proceso de autodestrucción son:

a. los aumentos que se persiguen en los acuerdos convencionales entre sindicatos y cámaras empresarias son el resultado de la oposición de fuerzas, que se debaten entre lograr lo máximo posible por parte del gremio y buscar la de menor costo para el sector empresario; no es una búsqueda de equilibrio, sino que se trata de una oposición de fuerzas;

b. los resultados son dispares en lo que hace a los efectos en la economía, pero sin dudas todos son distorsivos, ya que elementos objetivos como evaluar los costos, mejorar la productividad, evitar daños, proyectar un plan de mediano plazo son todas utopías;

c. la sustentabilidad de estos acuerdos será efímera y dependerá de los trascendidos que se tengan del deterioro del signo monetario, de la canasta básica y de los supuestos niveles de pobreza e indigencia, para que los salarios vuelvan a ser corregidos por los signatarios convencionales;

d. las mediciones y sus conclusiones oficiales terminan generando conclusiones falsas en lo que hace a crecimiento, rentabilidad y hasta mejoras en la recaudación, ya que lo que está operando es la inflación -no el crecimiento- como factor que pueda exhibir datos presuntamente positivos;

e. los acuerdos salariales se escriben en forma virtual, porque ya nadie cumple con los plazos, las condiciones, la paz social, los términos al cabo de los cuales cabría una revisión de lo pactado; ni siquiera se cumple con la aplicación efectiva de lo convenido en las cámaras empresarias con los gremios, a la hora de aplicarlo a las mismas empresas que participaron del acuerdo colectivo;

f. en un marco donde el mundo real no coincide con el que se nos quiere hacer reconocer,tenemos un claro conflicto entre la opinión pública y la versión oficial de los datos;

g. todos los parámetros de las organizaciones comienzan a debilitarse, se resquebraja el principio de autoridad, se producen conflictos absurdos que luego quedarán impunes a pesar de los daños causados, se agita el proceso de rebelión y nos convertimos en iconoclastas, y crece el desconcierto en lugar del consenso y la concertación.

En un mundo donde todo se relativiza, nada de lo que se firmó se cumplirá, en los montos, en los porcentajes y en los plazos. Inexorablemente, un proceso que contribuye a la resolución de los problemas a través de la confrontación y la exteriorización de fuerzas conduce al caos y a la autodestrucción. Nada se crea ni se construye o se transforma si no es a través de la custodia del interés de los sectores armonizado con el interés general. La prevalencia del Estado sobre los intereses de los particulares impone el cambio de modelo no bien la democracia conceda en un recambio electoral otras opciones.

En un momento en que todos los esfuerzos deberían concentrarse en la estrategia nacional para obtener el mejor rédito de las exportaciones de commodities agropecuarias, alimentos semielaborados y elaborados, nos estamos desgarrando en luchas internas que demuestran falta de visión del futuro, pérdidas de inversiones de mediano y de largo plazo, violación de las reglas de juego en forma sistemática y, sobre todo, la imprevisibilidad de corto y mediano plazo que en otras épocas se llamaba inseguridad jurídica. Los conflictos debilitan y desangran, generan graves pérdidas, muchas de ellas irrecuperables, y hacen perder de vista, como ahora, qué es lo importante y trascendente para el futuro de los intereses de la Argentina.

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