«En períodos de estabilidad de precios, cerca de 70% de la demanda anual de oro proviene de las joyerías, 8% de la electrónica, y el resto se divide entre la tecnología médica y del uso dental», explicó Rhona O'Connel del Consejo Mundial del Oro a la cadena BBC. En efecto: al margen de las joyas, el oro tiene usos múltiples, como por ejemplo, los contactos oro-plateados usados en computadoras, en aparatos de telecomunicaciones, y en artefactos de uso doméstico tales como televisores, lavarropas, entre otros.
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También el oro se emplea para la decoración (por ejemplo, el mantenimiento de la tumba de Napoleón en París requiere de 12 kilos de oro, y el hilo de rosca utilizado en los saris indios, adonde se destina 20% de todo el oro decorativo). Y también para la medicina (especialmente en los trabajos dentales, debido a su resistencia a la corrosión en la boca, y en las soluciones para el tratamiento de la artritis reumatoide).
Toda esa demanda, que absorbe las 600 toneladas (19,3 millones de onzas) que se producen anualmente, por sí sola, rara vez impulsa un aumento de precios (el principal productor de oro es Sudáfrica). Pero, cuando millones de inversores del mundo deciden comprar oro, los precios pueden escapar a cualquier previsión. Los mercados donde se dirimen los precios son, siguiendo el huso horario, Hong Kong, Londres, Zurich, y Nueva York. Los especialistas coinciden en que el adorador típico del oro es, en 70%, el hombre de entre 35 y 50 años. A la hora de invertir, vale todo: oro en barras (las hay de un 1 gramo, de una onza, y de ahí en más), en monedas (cuyo valor depende del peso en oro y del valor numismático), en contratos de opciones y de futuros (el mercado más celebre esta en Estados Unidos, el Commodity Exchange -COMEX- que es una división de la Bolsa de Nueva York); en fondos de inversión.
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