4 de marzo 2004 - 00:00

Lavagna polémico

Ante Diputados habló de impuesto a los sueldos altos para aumentar jubilaciones

Roberto Lavagna explicó ayer largamente al bloque de diputados justicialistas los proyectos de ley que el Congreso debería aprobar en las sesiones ordinarias.
Roberto Lavagna explicó ayer largamente al bloque de diputados justicialistas los proyectos de ley que el Congreso debería aprobar en las sesiones ordinarias.
A diferencia de Néstor Kirchner ante la Asamblea Legislativa, casi no habló sobre la deuda. Aunque ése era el tema central por el que los diputados peronistas habían convocado ayer a Roberto Lavagna. A la salida, incluso, casi todos los presentes devaluaron la importancia de la reunión. Pero la realidad fue distinta. El ministro tuvo una serie de definiciones ante los miembros del bloque PJ que van desde lo curioso hasta lo electrizante. Por ejemplo, la recreación de una suerte de nueva Junta Nacional de Granos o un impuesto para sueldos altos.

En una previa al encuentro central con algunos miembros de la mesa de conducción, mientras se armaba la platea de Diputados, comenzó el ministro a dar algunas pistas concretas sobre la negociación con el FMI, que luego no repetiría ante la bancada: «Recién se define el 11 de marzo, las metas están sobrecumplidas, pero no es tan fácil la cuestión». Quedó claro que, al menos hoy, el gobierno sabe que deberá enfrentar la decisión de pagar o no el 9 de marzo los u$s 3.100 millones sin tener antes una señal clara del Fondo.

Cuando empezó el encuentro ante la bancada en pleno el lenguaje fue más popular. Como Kirchner el lunes pasado, dijo exactamente lo que los diputados querían escuchar. «Se terminó la época de dar señales al mercado para mantenerlo tranquilo; las únicas señales que vamos a dar serán para la producción.»

Lavagna entró luego en el terreno que más le gusta. Explicó los nuevos paradigmas de la economía argentina, el nivel de consumo, evolución del superávit -«Es el más importante desde 1950», dijo- y el nivel de inflación.

«El gobierno quiere inversiones directas, no estamos interesados en endeudarnos», dijo como si hubiera muchos fondos dispuestos a comprar deuda soberana.

De todas formas, tuvo algunas señales positivas. Le preguntaron los diputados -quien más abundó en esto fue Saúl Ubaldini- por posibles aumentos salariales: «Aún con la inflación que hubo desde la devaluación, los estatales siguen ganando más que los privados», le contestó. Dejó tranquilidad para quienes pensaban que el gobierno puede impulsar más gasto aumentando sueldos públicos o desconfianza por alguna idea de presionar a las empresas a que lo hagan.

Pero no terminó allí. Ubaldini volvió a insistir con una suba de las jubilaciones mínimas. «Yo estoy de acuerdo, pero el problema es de dónde sacar los recursos», fue la respuesta del ministro. «¿Y no hay alguna idea para hacerlo?», repreguntó el sindicalista. «Bueno, redacten ustedes, por ejemplo, un impuesto sobre los sueldos superiores a $ 4.800; yo no me opondría», lanzó copiando, de alguna forma, una idea de María América González.

• Señales negativas

Y hubo otras señales negativas: «En la coparticipación se está trabajando en los borradores de los borradores», adelantó desvirtuando la idea de que el tema está avanzado en el gobierno.

También volvió a insistir con la necesidad de gravar los sueldos de los jueces con el Impuesto a las Ganancias y alabó el acuerdo con las tabacaleras para incrementar la recaudación: «Se instrumentará mediante dos decretos y un acuerdo. La Nación aumentará ingresos por entre $ 1.200 y $ 1.500 millones. Con eso el tabaco aportará $ 6.000 millones al Tesoro».

De la deuda, Lavagna habló muy poco y sólo generalidades, dejando en claro que la estrategia final la guarda para el Ejecutivo: «La negociación se terminará cuando se termine», explicó alargando plazos.

Luego vinieron algunas confirmaciones, como la rebaja del impuesto al cheque en el segundo semestre -sería compensada con el aumento que espera el gobierno en la recaudación-. O la posible existencia de una reforma impositiva: «Los primero es cobrar; en un par de meses va a estar llegando un nuevo paquete antievasión para aclarar la letra chica de las leyes que ya están en vigencia», dijo.

Fue entonces cuando el santafesino Oscar Lamberto metió su primera pregunta: «Hay un hecho preocupante. Si tomamos los precios de cereales en Chicago y les restamos las retenciones a exportadores deberíamos tener el precio que se paga aquí. Pero los productores cobran menos, ¿dónde está la diferencia?», dijo en una crítica velada a la carga impositiva que soporta el campo. «Los productores para defenderse tienen que hacer de nuevo la Junta Nacional de Granos», dijo el ministro en medio del aplauso de los leales a la Casa de Gobierno. Esa junta fue liquidada por Domingo Cavallo en los decretos de desregulación y fijaba precios sostén, regulaba ventas y hasta en algún momento las entregas. Todo un paradigma de la economía regulada. En medio de la euforia, aclaró: «No hay por qué ser Uganda; podemos ser Canadá, que tiene Junta Nacional de Granos».

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