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Pasaron menos de dos meses para que fuera nombrado en un puesto clave: la superintendencia de bancos. La primera prueba fue la venta del Scotiabank, que finalmente se dividieron los bancos Macro y Comafi. Luego tuvo que definir otras operaciones, como la venta del suspendido Banco de Olavarría (fue adquirido por la financiera Columbia) y del Velox, aún sin resolución definitiva.
Quienes lo trataron en los últimos meses lo definen como un funcionario confiable, que no toma decisiones apresuradas y que se apoya en sus líneas técnicas. Sin embargo, al igual que Pignanelli, carece de conocimientos profundos en cuestiones monetarias o financieras, aunque «aprende rápido», según aseguran quienes lo acompañan.
Pignanelli mantuvo desde el viernes un bajo perfil. Concurrió a trabajar ese día, pero sólo se reunió con sus principales colaboradores. El fin de semana mantuvo esporádicos contactos telefónicos, pero hasta ayer a la noche no había recibido una llamada directa de Duhalde.
También habló con su antecesor, Mario Blejer, quien se encuentra en Londres. El ex titular del Central le había aconsejado que no presentara la renuncia, que sería leída como una «venganza» ante la posición combativa de Economía. Sin embargo, terminó haciendo otra cosa.



